Footloose (1984, Herbert Ross)

Si me hubieran preguntado hace dos semanas sobre qué me parecía Footloose (1984, Herbert Ross) es muy probable que no hubiera dicho nada bueno.  “No sé, la canción era pegadiza, el resto nada, una peli de esas musicales de los ochenta”. Y es que en mi memoria así estaba almacenada, al lado de Dirty Dancing (1987, Emile Ardolino), Flashdance (1983, Adrian Lyne), … Sin embargo, tras revisitarla he de decir que no podía estar más equivocado. No es desde luego El Padrino (1973, F. F. Coppola), eso está claro, pero se trata de una pequeña película que busca una excusa para hacerse un hueco e ilustrar un tema fundamental. La excusa es la música ochentera y el tema fundamental es el choque intergeneracional y cómo padres e hijos adolescentes se enfrentan desde que el mundo es mundo para tratar los primeros de transmitirles lo que han construido a lo largo de su vida y los segundos de derribarlo para construir su propia identidad.

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Es posible detectar un toque westeriano en su planteamiento con ese Ren (Kevin Bacon), un forastero educado en la gran ciudad, que llega al pueblo remoto de la América Profunda trayendo consigo la fuerza necesaria para que la rebelión triunfe y se subvierta el orden establecido.

Empecemos por comprender que el director de la película, Herbert Ross, era un artesano de la profesión. Un director coreógrafo que había dado el salto de Broadway a Hollywood profundizando en la dirección de actores, varios de cuales ganaron óscares a sus órdenes (Richard Dreyfus por ejemplo) y que dirigió a primeras figuras (el mencionado Dreyfus, Anne Bancroft, Shirley MacLaine, …) antes de enfrentarse a esta comedia juvenil. Así pues, se comprende que el elenco sea de primer nivel a pesar de la poca experiencia que acarreaban algunos de los actores debido a su juventud, y que esté trabajado con esmero por parte del director para lograr un resultado notable.

Kevin Bacon aporta su presencia y su sonrisa irónica al papel de Ren, un joven culto y urbanita apasionado del rock y del baile y con esa forma de andar que ya había hecho famoso Travolta en Grease (1978, Randall Kleiser) y que ejemplifica como nada la rebeldía adolescente de finales de los 70 e inicios de los 80. En este papel se vislumbraba una estrella que finalmente ha sido con sus luces y sus sombras pero con una carrera siempre rayando el notable.

John Lithgow brilla como el pastor que ha impuesto al pueblo la prohibición del baile y de la música rock. Este personaje ejerce como adversario del de Bacon pero, lejos de caer en una mera caricatura, nos muestra a lo largo del filme sus debilidades personales ampliando la profundidad del mismo con varias dimensiones. El reverendo afronta la muerte de su hijo mayor y su duelo haciendo lo único que desde su posición de pastor cree que puede hacer para evitar que otros pasen por lo que él está pasando: ejercer la prohibición preventiva. Sin embargo, este autoritarismo le hace emerger como el padre ideal de la comunidad pero le precipita al fracaso como padre de su otra hija, Ariel (Lori Synger), y dicho fracaso le lleva a dudar  y, finalmente, a conceder que la libertad personal debe estar por encima de la seguridad enfrentándose por ello a aquellos que previamente le jaleaban y permitiendo el baile final.

Es quizá, Lori Synger, el personaje más flojo de todo el reparto, a pesar de su evidente belleza y de que era ya conocida en la época por pertenecer al cast de Fama. No consigue empatizar con Bacon y es difícil contemplarles como una pareja viable.

Tres destacan entre los secundarios. La futura archifamosa Sarah Jessica Parker, en el típico papel secundario de “amiga de la guapa “. Chris Penn, como el palurdo amigo de Ren que finalmente llega a conseguir bailar con esfuerzo y aplicación. Y Dyanne Wiest, como mujer del pastor y su principal apoyo para que este consiga transitar por el desierto del duelo por su hijo mayor y solucionar su situación actual con su otra hija y con la comunidad, recuperando de paso su relación de pareja deteriorada hasta el extremo por la pérdida común.

Es en definitiva una película agradable con una capa superior centrada en la consecución de un objetivo rebelde, el baile de fin de curso, y una capa más profunda centrada en las relaciones entre padres que pueden llegar a reconocer que no lo saben todo e hijos que tratan de demostrarles a sus padres, sin saber muy bien cómo, que están pasando por una parte de la vida por la que sus progenitores ya han pasado y en la que, más o menos, han sentido lo mismo que ellos.

Desde Interludio Creativo le damos un 6 y os dejamos con la escena final del baile y con la pegadiza canción homónima del mítico Kenny Loggins.

Footloose (1984), Dir: Herbert Ross; Int: Kevin Bacon, Lori Synger, John Lithgow, Chris Penn, Sara Jessica Parker, … Guión: Dean Pitchford. Paramount Pictures. 

Nota Interludio: 6.

PD: La nueva versión la sigo teniendo como pendiente…

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