El Hombre en el Castillo (Philip K. Dick, 1962)

Carátula de la Edición de Minotauro de “El Hombre en el Castillo”

Dos cosas hay que tener en cuenta previamente a leer esta reseña de la novela de 1962 del gurú de la ciencia-ficción más conspiranoica, Philip K. Dick.

La primera es que esta novela impulsó las obras basadas en ucronías hasta el infinito. Ucronía es un término muy culto para indicar el típico supuesto de… “¿qué hubiera pasado si…?”, es decir, obras que colocan al lector ante entornos sociales resultantes de que hechos históricos importantes o no se han dado o se han dado de forma diferente a lo que realmente ocurrió. Esta novela no fue, por supuesto, la primera de este subgénero, pero sí que llegó en un momento adecuado y describió esta realidad alternativa, la derrota aliada, de una manera tan verosímil que el gran público percibió lo cerca que a veces estamos de desastres totales . La sociedad americana, acostumbrada en esos años cercanos al final del conflicto a elegías sobre los héroes de la II Guerra Mundial, donde se ridiculizaban a los vencidos, se descubrió pensando que quizá habían caminado sobre un filo de navaja mucho más afilado de lo que recordaban.
La segunda es que Philip K. Dick fue, a lo largo de toda su vida, una persona con una salud mental delicada. Eufemismo para no poner directamente que tuvo muchos problemas con su percepción de la realidad, llegando a tener crisis psicóticas empeoradas por un uso de drogas intenso. Esta salud mental complicada le hizo tener una visión múltiple de la realidad, aceptando teorías basadas en culturas orientales a la vez que exploraba las posibilidades de la tecnología más extrema.

Con ambas premisas interiorizadas podemos analizar más de cerca la novela.(Atención Spoilers).

Básicamente esta novela presenta dos  tramas principales. La primera describe un mundo en el que el presidente Roosevelt fue asesinado. Tras esa muerte su sucesor no autorizó políticas de apoyo a los aliados, lo que derivó en la derrota británica y de rebote que los Estados Unidos fuesen incapaces de frenar a los japoneses, que sí hundieron a toda la flota americana en Pearl Harbour. Tampoco los rusos consiguieron cerrar el frente oriental y el general de las SS Heydrich no fue asesinado por británicos y checos cuando era el gobernador alemán de Praga.


En definitiva, nos encontramos en 1958 y los alemanes dominan Europa, la mayor parte de la antigua URSS, África, donde han exterminado a gran parte de la población, Sudamérica y la Costa este de Estados Unidos. Los japoneses por su parte dominan la parte que les toca de Asia, los estados del Pacífico americano y Oceanía. Para Italia es parte de Europa sur y África. Los alemanes han desecado el mar Mediterráneo para crear un cultivo intensivo que alimenta su imperio y se han lanzado a la conquista del espacio exterior, han visitado Marte y Venus y planean colonias estables.

Para los que se lo estén preguntando, Hitler sigue vivo pero está internado porque está como una regadera y le ha sucedido Martín Borman. En la época en que ocurre la acción Borman muere y hay una lucha de poder para sucederle que gana Goebbels. Esta facción que conquista el poder está a favor de una operación denominada Diente de León y que básicamente consiste en lanzar bombas nucleares sobre Japón para arrasarlo y quedarse con sus territorios en los antiguos EEUU. Paradójicamente la facción que no está a favor de eliminar a Japón es la encabezada por Heyndrich, es decir, los más psicópatas de las SS, que sin embargo prefieren dejar al Japón tranquilo y lanzarse a colonizar el espacio exterior.
La otra trama trata de un libro que se está haciendo famoso por los Estados Americanos de las Montañas Rocosas, una serie de estados pseudo libres en el centro de los antiguos EEUU. El libro se llama La Langosta se Posó y su trama argumental describe un mundo en el que las potencias del Eje no ganaron la II Guerra Mundial, sino que fueron aplastados por los aliados, ¿os suena?  El autor de La Langosta se presenta como un personaje casi mítico y que vive en una fortaleza fuertemente armada. Él es el hombre al que se refiere el título.

Así es. Philip K. Dick plantea una enorme idea inicial para su novela. Una serie de muñecas matrioskas unas dentro de otras que desorientan al lector y lo introducen en una alternativa a la realidad pero con los enlaces suficientes con la misma que haga que no sea increíble. Este juego de espejos, sin embargo, no está planteado de forma directa sino indirecta mediante una serie de minitramas que nos dan pistas de todo lo anterior, aunque sus alcances son otros. Estas minitramas describen a un agente secreto alemán de la facción que no apoya el ataque al Japón y cómo viaja a San Francisco a reunirse con altos mandos japoneses para alertarles de la operación. Un judío que es despedido de su fábrica por bocazas y que junto a un compañero funda una pequeña joyería. La ex mujer de este judío que, por casualidades de la vida, entabla una relación con un asesino a sueldo de la Alemania nazi que quiere asesinar al autor de la novela. Un americano que le vende artículos américanos a los jóvenes ricos japoneses que constituyen la alta sociedad en un San Francisco ocupado. Y, finalmente, el cónsul japonés en San Francisco que planea la reunión con el espía alemán. Y como veis, estas minitramas, carecen de la fuerza de la idea inicial.

Hay también un aspecto importante a tener en cuenta. La población bajo el área de influencia japonés han desarrollado una “afición” desmedida a consultar un antiguo libro chino, el I Ching, para la toma de cualquier decisión. El I Ching, como decía, es conocido como el libro de las mutaciones y es un libro oracular. Es decir, a pesar de estar escrito hace unos cuatro o cinco mil años, puede ser consultado  obteniendo unos números dependiendo de las preguntas que se le hagan y estos números enlazan a unos breves poemas que, correctamente interpretados, responden a las preguntas realizadas. Este libro es real y es considerado como principal por el confucionismo.

En definitiva, gran propuesta inicial que no continúa en su desarrollo ya que, como toda historia que utiliza las minitramas como vehículo, no tiene un inicio, nudo y desenlace claro, sino que describe un periodo no necesariamente fundamental de la realidad presentada y no cuenta con un climax concluyente sino que , tras la lectura, se tiene la sensación de que quizá el autor debiera haber dirigido el foco de su relato a otros apartados de lo presentado en vez de las historias que nos ha enseñado.  Esto es, se queda uno con ganas de más sobre los nazis  que pelean en Berlín por el poder o sobre cómo planean conquistar el sistema solar y te sobra gran parte de las historias que se nos presentan con más detalle. En particular hay un pasaje de la historia del cónsul japonés que parece que nos invita a pensar que ha atravesado un puente con nuestra realidad y que , de repente, ambas realidades comparten el mismo tiempo y espacio pero para mí está descrito de una manera tan liosa y extraña que no logra su objetivo. Puede ser por la traducción que he leído pero no me enteré de casi nada de esa parte hasta leerla un par de veces.

Esta novela ganó el Premio Hugo de 1963 y es considerada cumbre en la obra de Dick, que recordemos que se centra más en relatos cortos que en novelas. Los relatos cortos de Dick han servido de base completamente o han inspirado algunas de las películas más taquilleras de la ciencia-ficción: Blade Runner, Desafío Total, Paycheck, Destino Oculto y Minority Report. Casi nada.

Nota Interludio: 7.

PD: Amazon ha realizado una serie con el mismo nombre y basada en la ambientación y tramas de la película en 2015. Aún no la he visto pero habrá que… Os dejo con uno de sus trailers.

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