El Aprendiz de Guerrero (Lois Macmaster Bujold, 1986)

Resulta una tarea al menos curiosa enfrentarte con un mínimo de espíritu crítico a una saga literaria con tres premios Hugo y dos Nebula a sus espaldas treinta años después de la publicación de su primer episodio… Pero por muy curioso que pueda parecer tengo que reconocer que llevaba mucho tiempo queriendo lanzarme sobre estos libros y nunca lo había terminado de hacer. Es cierto que la autora, una de las más grandes damas de la literatura fantástica y de ciencia ficción de la historia, ha sido también una de las más criticadas por su estilo casi peliculero de escribir y es que Mrs. Macmaster no malgasta páginas y páginas para trazar la psique de un personaje, pocos párrafos te ponen en situación y las páginas van quemándose en una sucesión de una situación a resolver, la resolución y el planteamiento de la siguiente.

Es curioso también, desde esta tramposa visión “treinta años más tarde”, de las conexiones con el panorama actual que destila tanto la situación de la autora como su personaje principal.

Lois Macmaster Bujold, hija de un profesor universitario de Ingeniería, se enfrentó a una situación económica ajustada, con dos hijos y sin un trabajo donde desempeñar sus estudios de Filología Inglesa, aplicándose a escribir relatos de ciencia ficción, con tal vigor que los tres primeros de la serie fueron publicados al mismo tiempo. Sí, los paralelismos con la posterior J. K. Rowling y su motivación para iniciarse en el mundo de la escritura son palpables.

La segunda similitud se centra en el personaje central de la arquitrama que conforma la serie sobre Miles Vorkosigan. Miles es el hijo de Aral Vorkosigan, primer ministro del Imperio Barrayarano, almirante de sus ejércitos, una leyenda en toda la galaxia por sus dotes como militar. Sin embargo Miles, debido a un atentado contra sus padres y un problema consecuente, tiene una dolencia en los huesos resultando extremadamente frágiles hasta el punto de impedir que se desarrollen como debieran, sumiéndole en una enanez que hace que siempre deba enfrentarse a los demás en posición de desventaja y tenga que sobreesforzarse para cambiar y torcer a su favor cualquier situación por nimia que sea, algo que logra debido a su increible inteligencia y a su poder de convicción. Sí, el paralelismo con el Tyrion Lannister que años después surgiera de la mente de G. R. R. Martin es evidente.

Centrándonos en lo que nos ocupa podemos decir que en el segundo libro de la serie tras Fragmentos de Honor (Lois Macmaster Bujold, 1986) y primero protagonizado por Miles Vorkosigan, la característica fundamental es el dinamismo. No deja respiro.

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El planteamiento global de estos dos primeros capítulos de la serie permite que puedas enfrentarte a este libro sin necesidad de haber leido el anterior e incluso, podríamos decir, que esta es la situación idónea ya que en el anterior se explica cómo se conocen los padres de Miles, algo que él no conoce y por tanto, si no lo has leido, te igualas a la situación del protagonista y puedes disfrutar de este viaje en plena sintonía con él.

El universo por el que transita Miles está ambientado en un futuro hipotético a partir de la actual tierra en el que esta no es más que otro planeta de las varias galaxias habitadas por los humanos. No hay razas excesivamente extrañas al menos en este capítulo, más allá de los hermafroditas Betanos, la trasgresión a este respecto mayor que se permite la autora. La Tecnología está desarrollada y bien presentada, con los viajes espaciales resueltos gracias a la transformación en energía de las naves y la aparición de ingeniería biotécnica en forma de injertos de circuitos integrados en los cerebros de los pilotos interestelares, encargados de realizar esta transformación. Hay trajes espaciales de combate equipados con toda suerte de sensores y cámaras, utilización de hologramas en vez de pantallas pero todo con una sensación de conocimiento que hace que no cante absolutamente nada treinta años después, lo que es bastante meritorio teniendo en cuenta que de inicios de los ochenta hasta aquí todo lo relacionado con sensórica, internet, etc… ha sufrido una transformación exponencial.

En cuanto a la história es un in media res del personaje de Miles al que acompañamos desde su intento de entrada en la academia de oficiales barrayaranos y a través de todas las situaciones que va viviendo, casi de casualidad en casualidad, hasta convertirse en un gran almirante de una flota interestelar pocos meses depués. Todo ello contado desde la perspectiva de un personaje de diecisiete años casi sobrenaturalmente perceptivo e inteligente y, sobre todo, activo. Es quizá esta cualidad, lo activo en cualquier situación que es este personaje, el rasgo fundamental de mismo. No ejerce de sujeto pasivo nunca e incluso cuando pueda parecer que no hay nada que describir busca la forma de activar una nueva línea de trama. Le separa, por tanto, este rasgo de carácter de otros principales imprescindibles de la ciencia ficción como por ejemplo el Ender de Scott Card y lo aproxima más al típico héroe clásico, sobrevolando el ingenio humano arquetípico representado por el Ulises clásico.

Acompañan a Miles la bella Elena, de la que está secretamente enamorado, y su padre, el estricto sargento Bothari, que ejerce de guardaespaldas personal de Miles y  del que nos queda claro que tiene un secreto pasado. Otra miríada de personajes van apareciendo y van enfrentando a Miles a una prueba tras otra pues a cada uno de ellos el protagonista se aproxima de una manera diferente, adaptándose a su respectiva personalidad, fortaleza o carencia y logrando así unirlo a su causa. Aquí vuelve a plantearse el típico camino del héroe clásico que lo hace enfrentarse a pruebas y crecer con cada una de ellas.

Todo esto saltando de planeta en planeta y con tramas de conspiraciones políticas, económicas, etc… en paralelo a la trama principal, que podemos decir que tiene un planteamiento básico de tratar de impresionar al objeto de su amor, Elena.

Sí que es cierto que cuando paras por un momento la lectura y te preguntas “pero ¿cómo hemos llegado hasta aquí?” puedes atisbar el mecanismo forzado de la historia y las carencias de causa efecto que destila, impidiendo una coherencia regular a la trama. La historia se lee de manera apresurada y en ciertas partes parece escrita de forma apresurada. Pero, si decides disfrutar del viaje y dejarte ir, puedes realizar uno de esos viajes increibles que sólo las Space Operas buenas pueden lograr: aventuras en exóticos escenarios con problemas irresolubles que sólo el ingenio y carisma del héroe pueden resolver.

El Aprendiz de Guerrero, serie Miles Vorkosigan II (Lois Macmaster Bujold, 1986)

Nota Interludio: 7,5.

PD: es increible que no se haya trasladado a la pantalla esta serie.

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