Casino Royale (Ian Fleming, 1953)

No soy un verdadero experto sobre el mundo de James Bond pero he de reconocer que a lo largo de los años sí me he convertido en un buen aficionado. He visionado todas las películas varias veces y he leido sobre ellas en libros de cine. James Bond es una saga y como tal disfruta de una cosmogonía propia con sus pequeñas claves y mensajes más o menos ocultos, que un aficionado disfruta descubriendo. Universal Exports, Felix Leyter, Spectra, Q, M y Monney Penny son algunos de los recurrentes en la filmografía del espía por antonomasia.

Ian Fleming, autor de James Bond y espía en la Armada Británica durante la II Guerra Mundial

 

Por tanto conocía más o menos el detalle del Bond cinematográfico pero he de reconocer que nunca había leido una de las novelas que sirvieron de origen al mismo y es más, tenía cierta reticencia pues presumía que estarían plagadas de los tópicos que rodean al héroe. Nada más lejos de la realidad.

Es la literatura de Fleming más detallada de lo que esperaba. Sus obras no son largas es más, en su gran mayoría prefería el relato corto o el cuento, pero dedica gran parte de su extensión a describir físicamente a los personajes con un detalle que hace que te los representes perfectamente. Psicológicamente es menos exhaustivo pero sí ejerce su labor al menos en los principales. Las escenas están bien construidas y te da detalles que ahora parecen naif pero que en la época, en la que por ejemplo el uso del avión estaba circunscrito a una pequeña parte de la población, debían parecen absolutamente exclusivos y exóticos. Donde sí que dedica lo mejor de su capacidad literaria es al propio Bond. Fleming dibuja un personaje hastiado, desencantado de casi todo, un asesino por obligación que odia matar, alguien sin embargo muy dotado para ello y que se enfrenta a todo aquel que quiere utilizarlo. Siente lealtad por M más allá de lo que podría confesar y la relación con su superior es quizá lo más interesante de esta y de las sucesivas novelas.

Bond participa del juego, no sólo del que se realiza en la mesas de los casinos, sino del otro, del gran juego, ese al que las dos potencias se dedicaron durante la Guerra Fría utilizando para ello efectivos que ya sabían lo que era matar porque lo habían hecho con fruición durante la contienda mundial. No lo hace inocentemente sino que lo ejecuta reconociendo cuando no le cuentan la verdad para que no pregunte demasiado. Sabiendo mejor que alguno de los jefes de Estado Mayor que le reparten el trabajo de lo que se trata el mismo. Aborreciéndolo y sin embargo haciéndolo porque cree fervientemente que no hay otra solución.

El autor describe a los rusos de una manera realista que recuerda bosquejos de lo que luego el gran Le Carré desmenuzaría hasta las últimas consecuencias en las obras de Smiley. Relata las tensiones entre los diversos poderes soviéticos y las diferentes organizaciones de seguridad que los pueblan y cómo hay gente que se aprovecha de la situación para lograr poder, algunas veces a cualquier precio.

En esta aventura Bond debe enfrentarse a un tesorero de la red que el espionaje ruso tiene desplegado en Europa, llamado Le Chifre, en un casino, en Francia. En principio es elegido por ser el mejor jugador de Bacarrá del departamento y el gobierno le deja una cantidad de dinero para que se haga pasar por un excéntrico millonario.

Personajes de uno y otro bando desfilarán por la aventura. El adversario de Bond, Le Chifre, que trabaja para los rusos igual que lo hizo con la resistencia durante la guerra. Vesper Lynd, una atractiva compañera impuesta al agente. René Mathis, un espía del servicio francés y Felix Leyter, importante personaje de la CIA que ayudará a 007.

El Bond de Fleming no es un súper héroe. Sangra y pierde más que gana. Cuando gana lo hace en igual medida por sus aciertos como por la ayuda de otros y de lo único que está seguro es de que todo es pasajero. No es un animal sexual. De hecho le cuesta entablar relación con las mujeres y, a pesar de su atractivo físico, no ejerce esa tensión sexual de la manera que el personaje cinematográfico nos tiene acostumbrados. A Bond le gusta comer y beber y ambas cosas también se describen minuciosamente en la novela. De hecho, Bond crea un cóctel llamado Vesper y la receta es descrita en el libro.

En definitiva, Casino Royale es una buena novela de espías ambientada en la guerra fría, en esa Francia tablero de la partida de ajedrez entre las dos potencias. Se lee muy rápido y deja varias escenas que se te clavarán por dentro por su crudeza. El protagonista se llama James Bond pero estoy seguro de que no se parece en nada al James Bond que crees conocer.

Casino Royale, Ian Fleming, 1953.

Nota Interludio: 6,5.

 

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