Glengarry Glen Ross (1992, James Foley)

Glengarry Glen Ross, película de 1992 dirigida por James Foley, con guión de David Mamet y con el siguiente elenco: Al Pacino, Jack Lemon, Alec Baldwin, Alan Arkin, Kevin Spacey y Ed Harris. Casi nada. Parece increible que esta excelente película no constituyera un éxito absoluto, pero que no sea lo conocida que debiera no es más que una gran oportunidad para visionarla y descubrir un diamante en bruto con una temática especialmente en vigor en estos momentos de crisis moral del sistema capitalista.

Al Pacino, Jack Lemon, Ed Harris, Alan Arkin, Alec Baldwin, Kevin Spacey… y Jonathan Pryce haciendo un pequeño papel secundario. Este es el increible reparto de esta magnífica película basada en una obra de teatro de David Mamet que él mismo adaptó para el cine.

Ambientada a finales de los ochenta en Chicago, describe dos días en la vida de una empresa de venta de parcelas inmobiliarias. Ya no estamos en la época de Reagan en la que, por lo que se dice en la película, no había crisis, se vendía mucho y el dinero entraba a raudales por las cuentas de resultados de los comerciales. No. Finales de los ochenta, sin atisbo de un ordenador, ni internet, con listados de clientes que se pagaban a precio de oro. Nombres con números de teléfonos con los que contactar y luego visitar puerta a puerta. El pleistoceno comparado con las actuales tácticas de marketing que buscan presas en el mail que envías a tus amigos, pero un entorno libre de distracciones y que nos permite centrarnos en lo que siempre, desde Shakespeare, resulta ser lo importante: las tormentosas relaciones interpersonales cuando en un momento de crisis diferentes personalidades se encuentran atrapadas en un entorno pequeño. Cómo se producen alianzas entre diferentes para enfrentarse a un enemigo común. Cómo quizá lo impensable se convierte en lo más razonable si el momento te impulsa a ello. Cómo las miserias de cada uno te manejan como si de un títere se tratase cuando lo que está en juego es la supervivencia. Cómo, en definitiva, lo mezquino, lo inmoral, lo antitético de cada uno de nosotros puede ser lo que reluzca entre el fango de una situación extrema.

“Danos fichas, fichas buenas” gritan los personajes al director de la oficina Kevin Spacey. El Mcguffin de las fichas sirve para sumergir a los espectadores en el microcosmos de estos vendedores sin escrúpulos que luchan por aparecer el primero en la pizarra y ganar un cadillac.

El guión es magnífico. Mamet, uno de los más grandes guionistas de la historia da aquí lo máximo de sí mismo escribiendo un auténtico hito en la literatura americana. David Mamet es un guionista descomunal. A parte de la que nos ocupa en su haber cuenta con los guiones de: El cartero siempre llama dos veces, Veredicto Final, Los intocables de Elliot Ness, American Buffalo, La cortina de humo, Hoffa, … Títulos imprescindibles del mejor cine americano de finales de los setenta y de los ochenta y noventa. Obras descritas de manera desgarradora por su pluma genial.

Esta Glengarry Glen Ross, Éxito a cualquier precio,  primero fue obra de teatro y ese espíritu se ha transmitido a la película de una forma brutal. Pocos escenarios pero precisos: la oficina, una cabina, el bar de enfrente, un coche, … poco más necesita Foley si lo que tienes en escena es a Jack Lemon con un guión espectacular.

Lemon ese actor indescriptible, ese titán de la actuación que toma forma de un agente comercial en sus últimos días que ha perdido el norte y aún no lo sabe. Le apodan “la máquina” rememorando sus antiguos éxitos y no sabes si cuando se lo dicen el resto de personajes es con verdadero respeto o con algo rayano en la mofa.

Jack Lemon está increible en esta película. En dos palabras: in-creible.

Ed Harris da vida a ese habitante de todas las oficinas y trabajos del mundo, el incomprendido, el infravalorado, el quemado hasta el extremo. Todo le molesta por los innumerables feos que le han hecho el resto de integrantes de su micromundo. No cree en el trabajo en equipo y se considera un mercenario pero sorprendentemente es el que más necesita de alguien que le sirva de auditorio para escuchar su frustración.

Al Pacino es Ricky Roma, el número uno. Pacino borda ese papel de absoluto triunfador que ha explotado en otras películas. A pesar de que es la cabeza del cartel, en el 92 acababa por fin de ganar el óscar por Esencia de mujer, tiene aquí un rol de secundario de lujo tras el veterano Lemon. Pero lo borda. Pacino recorre el espectro de emociones desde el más explosivo, recordando a Tony Montana,  al más tierno y educado cuando habla con Lemon con veneración y respeto.

Alan Arkin nos muestra las dos caras de la realidad. Delante de sus compañeros es una figura triste y quebradiza pero cuando toma el teléfono y contacta con una presa se transforma en el mayor embaucador posible, mintiendo y engañando con el único interés de lograr realizar una venta de cualquier manera.

Y enfrentándose a todos Kevin Spacey. Spacey recrea al más joven de todos, el director de la sucursal de ventas, un enchufado que debe gestionar a los viejos resabidos que tiene como vendedores sabiendo que no  tiene tanta experiencia como ellos ni en la vida ni en las ventas. Faltaban tres años para que Spacey diese el pelotazo con Sospechosos habituales y Seven pero aquí se ve el por qué claramente. El joven Spacey mantiene el tipo en los sucesivos tour de force que le tocan contra Lemon, Pacino y Harris. Y no sólo hace una meritoria labor sino que epata la frialdad con la que se expresa con Lemon, la crueldad con la que le trata y cómo su cara de oficinista gris se transforma en odio frio ante la vieja gloria.

James Foley, el director de esta película, sabe poner cada cosa en su sitio. Intervenir lo mínimo, dejar que parezca que los actores se dirigen solos, aunque es evidente que el equilibrio actoral general, cómo no hay vencedores ni vencidos, cómo todos brillan por igual, tiene que ver con su labor de manera evidente. Foley comenzó dirigiendo los mejores videoclips de Madonna, aquellos que parecían pequeñas películas, como el Papa don´t preach con la diva y Danny Aiello por ejemplo, y seamos sinceros, si pudo hacer que la reina del pop se contuviera y pareciera una auténtica actriz en ellos es evidente que tenía madera suficiente para tratar a estos megaastros de la actuación y conseguir sacar lo máximo posible. En 2017 veremos qué puede sacar Foley a la secuela de 50 sombras de Grey ya que James Foley es el director de 50 sombras más oscuras y también de la tercera parte de la trilogía soft erótica.

“El primero de la pizarra gana un cadillac, el segundo un juego de cuchillos, el siguiente se va a la calle.”

Antes de acabar con esta reseña es imposible no mencionar los diez minutos de actuación de Alec Baldwin. Es lo mejor que ha hecho el bueno de Baldwin en su vida y es algo que no olvidarás jamás. Algo por lo que merece la pena ver Glengarry Glen Ross, Éxito a cualquier precio.

Glengarry Glen Ross, Éxito a cualquier precio, 1992, dir: James Foley. Act: Al Pacino, Jack Lemon, Alec Baldwin, Ed Harris, Kevin Spacey, Alan Arkin, Jonathan Pryce. Guión: David Mamet. Música: James Newton Howard.

 

 

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