Daybreaks (Norah Jones, 2016)

Decía Robert Mitchum que ser actor consistía, básicamente, en entrar a la escena por donde te indicaban, decir tu frase y tratar de no tropezarte con ningún mueble. Esconde la provocadora boutade del grandísimo actor que dio vida, entre otros, al recordadísimo reverendo de La Noche del Cazador, dos verdades tan incontestables como quizá contradictorias.

La primera es la autoimportancia que muchos artistas ortorgan a su trabajo con la consiguiente pérdida de naturalidad que, en ocasiones, imposta el resultado. Hay que tener en cuenta que Mitchum desempeñó su actividad rodeado de compañeros adscritos al famoso Método Stanislavski, método que obligaba al actor no a emular ser un personaje sino a convertirse en el personaje, buceando incluso muchos años atrás en la vida del mismo para encontrar las motivaciones que le hacían actuar como lo hacía en la obra de teatro o película en la que trabajaba. A todas luces necesario para algunos personajes, pero no para otros, en los que se llega al exceso y a la pérdida total de la frescura necesaria que debe acompañar toda obra creativa.

La segunda verdad es que cuando un artista llega a un estatus dentro de su profesión muchas veces le basta simplemente con estar y hacer lo que se espera de él. Los automatismos y las herramientas mil veces usadas y probadas son suficientes para afrontar cualquier nuevo trabajo y asumir un riesgo o cambiar el paso, es algo que no se plantea. Todo esto dicho desde el absoluto respeto a toda tarea de creación.

Adolece Daybreaks, el último disco de Norah Jones, de ambos problemas lo que hace que quede lastrado a pesar de que es un disco amable y sensible. Y es que Norah Jones por un lado ha hecho un disco sin muchas concesiones a quienes van a oirlo desde círculos fuera del ambiente jazzistico y por el otro, su evidente capacidad como cantante y compositora, le ha permitido reunir un conjunto de canciones que no llegan a atrapar a pesar de ser todas correctas.

Daybreaks es un disco bonito, bien cantado, bien tocado y bien producido. Otra cosa es que sea relevante. Norah Jones es una de los mayores exponentes del Pop-Jazz moderno. Ha vendido unos 50 millones de discos a lo largo de su carrera y está enraizada en el mainstream. Quizá esperábamos algún tema o hit que nos elevase en este nuevo trabajo que se anunciaba como el retorno a la senda de su primer gran disco, Come Away With Me.

Al oirlo, el disco te gusta, no es posible que las canciones que lo forman no te parezcan sensibles y bonitas, pero no pasa de ahí. Es decir, se escucha pero no te atrapa. Cuesta querer repetir una canción tras su escucha. Cuesta identificarse con los temas.

Norah al piano.

Analizando más a detalle las canciones podemos decir que hay de tres grandes grupos: las primeras, las que pertenecen al Jazz clásico, gobernadas por un piano como hilo conductor y a las que pone la guinda la estupenda voz de la cantante. En el segundo grupo, aquellas que se acercan más al pop, con el uso de caja de sonido en vez de batería en vivo y que están bastante conectadas con un trabajo anterior de la artista, The Fall. Por último, hay un par en las que el country sazona los ritmos.

En definitiva un remix de estilos, algo habitual en de la obra de la artista, pero al que, en este caso, no consigue dotar de sensación de continuidad y unidad a lo largo del disco.

A pesar de todo, hay muy buenas canciones y sobre todo debo remarcar dos.

La primera Flipside, una canción con un piano rápido, tremendamente cantada y que nos devuelve una apuesta interesante por parte de Jones. Quizá el mayor riesgo del disco.

La otra una preciosa balada jazz clásica, And Then There Was You, que realmente demuestra que vocalmente es una superdotada y que podría haber estado en el repertorio de cualquier gran dama clásica de Jazz.

También, apuntar que hay una versión de Neil Young, Don´t Be Denied, que está bastante bien.

Norah Jones y Neil Young en un concierto.

En definitiva, un disco bonito, que demuestra los valores de Norah Jones como una de las cantantes más dotadas del Jazz moderno pero que, para mí, no aporta nada nuevo o remarcable.

A pesar de esta humilde opinión que os traigo, quiero terminar esta crítica apuntando que el disco ha sido muy bien recibido por la crítica en general y ha debutado como número uno en las listas de Jazz de EEUU y los principales países europeos. Al César, lo que es del César.

Nota Interludio: 6,5

Daybreaks (2016). Norah Jones. Blue Notes Records.

Os adjunto el disco en Spotify.

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