La Bella y la Bestia (Bill Condon, 2017)

Disney, ese imperio todopoderoso que controla no sólo al ratón Mickey y el pato Donald sino todo el compendio de Princesas Disney, películas clásicas, Marvel, con los Vengadores, LucasFilms, con Star Wars e Indiana Jones, Pixar, aunque con un acuerdo siempre en peligro, … Bien, pues ese imperio estuvo a punto de pasar a mejor vida en los ochenta.

Los video-juegos, el video casero y sobre todo, la marcha del gran animador Don Bluth de la compañía del ratón y la fundación de su propio estudio, estuvieron a punto de dar al traste con la compañía fundada por el gran Walt. Sé que puede parecer una locura, pero en 1988 nadie daba un duro por el estudio de animación. Se consideraba tierra quemada. Sus parques de atracciones perdían dinero a espuertas y el cartel de cierre estuvo a punto de ser colgado varias veces.

No nos debe sorprender pues la otra gran compañía que domina la actualidad, Apple, también estuvo a punto de quebrar en esa época. Y es que los ochenta significaron un cambio en el consumidor medio tan importante como el que, con todo el bombo internetero, estamos sufriendo ahora. Si no más.

Pero como le pasó a la empresa de la manzana cuando reincorporaron a Steve Jobs, Disney se recuperó volviendo a sus orígenes, que en su caso era crear películas con historias que marcasen generaciones. Y eso fue lo que ocurrió en 1.989 con La Sirenita (Ron Clements, 1989). La bonita y simple historia de amor de Ariel, la hija del Rey del mar, atrapó de tal manera al público  que por sí sola fue capaz de girar a favor la caida libre de Disney.

El siguiente y ambicioso paso lo dieron en 1.991 con La Bella y la Bestia (Gary Trousdale y Kirk Wise, 1991), primera película de animación que logró el increible hito de ser nominada a mejor película en la ceremonía de los oscars junto a nada menos que JFK (Oliver Stone, 1.991), Bugsy (Warren Beatty, 1.991), El Príncipe de las Mareas (Barbra Streissand, 1.991) y la ganadora, El Silencio de los Corderos (Jonathan Demme, 1.991). Recordemos que por aquella época sólo cinco películas competían por la estatuilla de mejor película y, entre ellas, se coló este hito en la animación.

Por todo esto, la adaptación a live motion de La Bella y la Bestia no podía ser cualquier cosa, ni se podía resolver de cualquier manera y el Estudio ha querido tirar la casa por la ventana. Actores famosísimos y muy competentes, un director especializado en hacer películas éxitos de crítica y público, efectos especiales a tutiplén y la historia, extendida por más de dos horas dando al espectador todo lo que, posiblemente, estaba esperando.

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Emma Watson, la bella “de verdad”.

Y sin embargo, tras su visionado nos queda un sentimiento de, al menos, pequeña ¿decepción? No sé si sabré explicarlo pero tratemos de hacerlo.

Los primeros minutos de la película nos introducen en la historia de La Bestia (Dan Stevens), un insoportable y mal criado príncipe que es encantado por una hechicera por su hortera forma de vida, centrada en lo más superfluo. Tiene de plazo para cambiar hasta que caiga el último pétalo de una rosa encantada y como hándicap le convierte en un monstruo horrible, que sin embargo, al menos a mí, me parece hasta mono.

Bella (Emma Watson) es una, redundantemente, bella habitante de un pequeño y recóndito pueblo del interior de Francia a pocos kilómetros del castillo encantado en el que La Bestia padece su hechizo.  A pesar de su belleza, sus vecinos la consideran un bicho raro porque le gusta leer (sí amigos, así es) y, parece, no tiene interés por casarse.

Su padre Maurice (Kevin Kline), otro bicho raro, parece relojero o inventor, no sabemos muy bien. Se dedica a hacer pequeños mecanismos que vende en un mercado, posiblemente en París. Bella siempre le pide a Maurice que le traiga una rosa y su padre siempre lo hace. Un hábito que les dará más de un problema como veremos.

Gastón (Luke Evans) suspira por casarse con Bella, pero lejos de ver en ella la mujer fuerte y decidida que es, lo que ve es una muesca más en sus victorias. Él es un cazador y Bella, la presa más cotizada entre las casaderas del pueblo.

A su lado Le Fou (Josh Gad) un simpático personaje con un carácter gay evidente que suspira por Gastón y le lisonjea repetidamente. Este personaje es el primer acercamiento a un homosexual realizado desde Disney y, por ello, será recordado para siempre.

Una tormenta en la noche atrapa a Maurice a su vuelta al pueblo y deberá resguardarse en el castillo encantado, allí cometerá un error y La Bestia le atrapará. A partir de ahí, una valiente Bella luchará por liberar a su padre y de paso conocerá el amor verdadero, ese que sólo se basa en el interior.

En definitiva la historia es la que es, no busquemos nada más pues si bien es cierto que se ha añadido metraje y, para ello, se ha dotado de más trasfondo a los dos personajes principales, no lo es menos que esos añadidos no logran dar información importante o necesaria y por tanto, como dice siempre el maestro de guionistas Robert MacKee “si una escena no hace que el espectador cambie su punto de vista entre el incio y el final, sobra, elimínala”.

Eso sí, todo está maravillosamente realizado. El espíritu de cuento de hadas que tenía el original es pasmosamente trasladado a la imagen real y Emma Watson es una Bella competente, aunque el pelotón de haters de la actriz se empeñarán en llamarla sosa. Emma realmente transmite al personaje principal femenino y le da su, objetivamente hablando, belleza. Aunque eso sí, la belleza esté en el interior y, para demostrarlo, hasta invente una lavadora (sí amigos, han leido bien, una lavadora). Porque Bella no sólo es una cara bonita, tiene mucho más en su interior.

Kevin Kline y Luke Evans me parecen lo mejor de la película. Hacía mucho que no disfrutábamos del enorme Kevin Kline y aquí lo hace genial, creible y con esa calidez que transmite siempre este actor, del que más nos gustaría ver, si fuese posible. Luke Evans, el intérprete del despreciable Gastón, también desempeña a gran nivel, haciendo de un personaje deleznable alguien que resulta hasta simpático en su estupidez.

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El Cast al completo. Celine Dion incluida.

En cuanto a LeFou, dificil de calificar. Como hemos dicho es el primer acercamiento a lo gay por parte de una major tan conservadora como la del ratoncito y, aunque está tratado de manera exquisita, no deja de ser el contrapunto cómico de la obra y en el baile final, ese punto cómico se desbarra en un breve pero forzado intercambio de parejas. Aún así, el actor, Josh Gad, ejecuta su dificil rol de manera notable y, en general, el personaje se hace querer.

Qué podemos decir de todo el jaleo de personajes del castillo, todos esos utensilios encantados. Lo principal es que los efectos especiales son de altura. El próximo óscar de efectos tiene aquí a un gran candidato. Los objetos inanimados cobran vida de forma creíble y se humanizan acertadamente. No hay ni un pero.

En cuanto a La Bestia, lo comentado. No es tan horrible como debería para mi entender. Es hasta encantador y a veces parece más un chebwaca amable que una bestia peligrosa.

En resumen, un buen ejercicio que sin embargo no engancha. Primero porque la historia no tiene ningún punto nuevo de vista y lo añadido no aporta más que metraje. A diferencia de lo logrado por Maléfica (Robert Stromberg, 2.014), mucho más arriesgada (y más corta también) o la reciente El libro de la selva (Jon Favreu, 2016), con una revisita plagada de acción sin respiro, aquí vemos de nuevo la historia, con planos calcados en ocasiones. Muy bien hechos, sin duda, pero directamente trasladados a “personas”. Es más, las incoherencias primigenias de la historia (que sólo importe el interior pero que Bella sea hermosísima y que La Bestia sea transformado en un bello príncipe) no se resuelven de ninguna manera, resultando cuando menos naïf la intención de que la historia pueda ser adulta, algo que no ocurre en las anteriormente mencionadas.

Y segundo porque a esta película el doblaje, tal y como yo la ví, le hace un flaco favor. Y es que al final del encantamiento descubriremos a la mayor pléyade de actores de renombre juntados últimamente por una película que sin embargo, y al no escuchar sus voces, han pasado desapercibidos por todo el metraje.

La música, al final estamos ante un musical, es la conocida. Hasta Celine Dion se ha animado a grabar la canción. En definitiva, lo dicho, han tirado la casa por la ventana.

Y lo último… mirándolo bien, yo no sé si a la muy decidida Bella le gusta más su amado con forma humana o con forma de Bestia. Para mí, más lo segundo.

Beauty and The Beast; Director: Bill CondonWriters: Stephen Chbosky (screenplay), Evan Spiliotopoulos (screenplay); Stars: Emma Watson, Dan Stevens, Luke Evans, …

Nota Interludio: 7

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