Máquina de Guerra (War Machine, 2017, David Michôd)

La película que nos ocupa es la primera en la colaboración entre la productora Plan B de Brad Pitt y el gigante de la producción televisiva Netflix. Una apuesta, en principio ganadora, en búsqueda de un público adulto y comprometido por producciones de calidad y temas de actualidad, lideradas en sus roles principales por actores conocidos y de prestigio.

Glen McMahon es un general de cuatro estrellas graduado en West Point y Harvard, que ha dedicado toda su vida al ejército de los Estados Unidos. Su último destino ha sido Irak y ha tenido un enorme éxito debido a sus tácticas de contra insurgencia. El presidente Obama decide enviarle al otro teatro de operaciones con el que lidian los norteramericanos tras los atentados del 11 S, es decir, Afganistán. El objetivo del Presidente, acorde a su forma de pensar y a lo que ha prometido a los electores, es ir poco a poco transfiriendo el mando del país a los afganos y poder desmovilizar tropas. Enviar de regreso a casa a los soldados americanos que llevan más de ocho años en esa parte del mundo.

Glen, acompañado por una retahíla de colaboradores a cada cual más estrambótico toma el mando de la fuerza internacional en Afganistán, la ISAF. Desoyendo cualquier consejo de las autoridades civiles americanas, McMahon decide establecer un plan para ganar una guerra que todo el mundo cree inútil y perdida.

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El reparto al completo acompañado por los mandamases de Netflix

El general McMahon es un trasunto del general Stanley A. McChrystal y toda la historia descrita por la película es una historia real. Junto con su mentor, el también general David Petraeus,  compuso la debacle de la dupla de generales más brillantes y respetados de la primera legislatura Obama.

El primero cayó debido a los hechos que describe esta película y el segundo cuando, tras ser propuesto como jefe de la CIA, se le descubrió una relación extramarital que él negó.

Ambos, generales de cuatro estrellas y de ideología conservadora, presentaron sus renuncias de manera casi consecutiva al presidente demócrata. Ambos constituían un nuevo modelo de general norteamericano preocupado por el mando pero también por la repercusión de sus acciones en la opinión pública, tratando de controlar los medios de masas y concediendo entrevistas y reportajes de manera habitual a medios como Rolling Stone, Time, Newsweek o GQ.

Pitt encarna al general Glen McMahon un personaje basado en el real Stanley McChrystal, general norteamericano que dirigió la coalición internacional en Afganistán.

La película nos presenta al personaje principal sometido a una serie de rutinas espartanas y estúpidas. Separado de la realidad e imbuido en su propio mundo. Un bufón que se cree un héroe, acompañado por una cohorte de colaboradores que no aspiran a otra cosa que a hacerle una gracia o una lisonja. Caracterizado por un Brad Pitt excesivo y con rictus continuo y forzado. Algo que según va avanzando la trama va relajándose pero que de inicio es tan evidente que no deja otra consideración. Pitt está tan sobreactuado que no sabemos si la película es una parodia satírica o símplemente una comedia chusca.

No mejoran la situación los compañeros del general, su asistente, su compañero de armas, el chico para todo e incluso el observador afgano que le acompaña. Todos parecen sacados de una película de los hermanos Marx.

Y sin embargo, todo el resto del mundo es normal. Es decir, puede que el general sea un personaje de Ibañez en un tebeo de Mortadelo y Filemón, pero el Embajador americano en Irak es un personaje normal, alguien que sabe exactamente dónde se encuentra y lo perdida que está la batalla a la que se enfrentan.

Pitt lanza soflamas a sus soldados medio estúpidas por lo simplistas que llegan a ser, pero los soldados y las dudas que les atrapan son reales y, en cierta forma, letales.

Puede que la panda del general sean los típicos americanos de Wisconsin de visita por Europa, insultando el modo de vida europeo, la miríada de países diferentes que la componen y lo estúpido, a sus ojos , de que en 1000 km de distancia haya diez paises con sus diferentes ámbitos territoriales y políticos. Pero, los líderes europeos que le reciben actúan de forma normal y coherente y, de hecho, desnudan al emperador cada vez que pueden, ante los atónitos ojos de los colaboradores del general, que siguen, erre que erre , proclamándole como el único capaz de ejecutar la tarea encomendada.

Es más, Obama o Hillary Clinton, que también aparecen en la película, actúan consecuentemente, circunscribiendo definitivamente la estulticia sólo al general y sus acólitos.

La película está narrada por el periodista que destapó las actuaciones del General y sus colaboradores durante un viaje por Europa. Por ello, la forma de ser a ojos del periodista de los personajes se traslada a sus caracterizaciones. Sin embargo, el resto del mundo actúa de manera normal por lo que el espectador cae en el asombro de ver a un Brad Pitt de opereta tratando con personajes normales.

Todo esto es debido a que el narrador de esta película es el periodista Michael Hastings, el que escribió la historia en Rolling Stone que concluyó con la renuncia del general, que luego hizo una novela y sobre la que se basa el guión de la película.

Este narrador trata los hechos de una manera objetiva y coherente a excepción de los relacionados con el general y sus amigos. Para añadir un poco más de pandemonio al asunto, no sabemos quién es el narrador de la película hasta el casi final de la misma, en la que es presentado. Por tanto, a no ser que el espectador esté avisado de antemano, huelga decir que esta forma de relatar, en la que ves deambular a Brad Pitt como si de un bufón se tratara, mientras el resto de personajes actúan de forma coherente, te sume en un proceso de perplejidad que te separa de lo que la película realmente está contando.

Y es una pena. Es una pena porque los acontecimientos descritos por la película, la relación entre los americanos y sus socios de la Coalición Internacional, los errores estratégicos y, sobre todo, la dificultad sobrehumana de repetir la experiencia norteamericana en el Japón post Segunda Guerra Mundial en Irak y Afganistán, dan para una película de cinco estrellas. Pero no es esta. Aquí se desaprovechan todos esos mimbres en pos de presentar a un bufón al que se le ha enviado a cerrar el chiringuito de una manera decorosa y, de manera unilateral, se niega a hacerlo.

En un momento de la película el narrador dice “ me hubiera gustado pasar a la historia por mi articulo pero todo quedó como la caida de otra celebridad por un escándalo” y eso, precisamente eso, es lo que ocurre con la película, igual de manera intencionada. Podría haber descrito una realidad cruda y fiel del choque entre la forma de pensar militar y civil para afrontar un problema. Sobre cuándo es necesario darse cuenta que no se puede hacer más y que todos los esfuerzos en una dirección están condenados al fracaso. Sobre cómo de vigente en la Norteaméricana actual está la famosa escena de Apocalypse Now en la que Robert Duvall declamaba ” estoy aquí luchando por estos vietnamitas porque dentro de cada uno de estos amarillos hay un americano luchando por salir”. Sobre, en definitiva, la situación geoestratégica y el intervencionismo occidental. Pero no, esta película tira por el camino de en medio de la simplificación y, con ello, no satisface ni a unos ni a otros.

Puede que toda esta aproximación de la historia, esté basada en la forma de la película Los Hombres que miraban fijamente a las cabras (2009, Grant Heslow) pero definitivamente, todo lo que allí fallaba, falla aquí de nuevo.

Los hechos que describe la película habrían dado para una película mejor, quizá menos dura con el General pero más descriptiva con la situación real y el por qué de la misma. Se echa de menos un estilo más parecido a La Guerra de Charlie Wilson (2007, Mike Nichols) por ejemplo.

Eso sí, el apartado técnico es mayúsculo y la película tiene una factura perfecta.

Por último un pequeño apunte. Es espectacular la escena en la que McMahon es llamado por el presidente Obama a Copenaghe. Allí el general espera junto a una línea de gente a que el presidente le invite a subir al Air Force One. El actor que interpreta a Barak Obama no enseña su rostro, pero sólo por la forma de andar perfectamente calcada a esa intransferible forma de andar de Obama, merecería un premio. Excelente.

Título original:War Machine, 2017; 122 min. Estados Unidos;Director David MichôdGuion: David Michôd (Novela: Michael Hastings); Música: Nick Cave, Warren Ellis; Fotografía: Dariusz Wolski; Reparto: Brad Pitt, Anthony Hayes, John Magaro, Anthony Michael Hall, Emory Cohen, Topher Grace, Daniel Betts, Aymen Hamdouchi, RJ Cyler, Alan Ruck, Nicholas Jones, Will Poulter, Lakeith Stanfield, Ben Kingsley, Meg Tilly, Tilda Swinton, Griffin Dunne, Josh Stewart, Kola BokinniProductora: Plan B Entertainment; Distribuida por Netflix.

NOTA INTERLUDIO: 6

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