Las Chicas del Cable (Serie TV, Temporada 1)

Quizá se ha perdido ya el Hype desatado a principios de año con esta serie y no consiga muchas visitas con su crítica pero, a pesar de ello, voy a publicarla pues, al final, esta serie ha sido la primera producida por Netflix en España y, aunque sólo sea por eso, ocupará un lugar en la historia de la televisión de nuestro país.

Estamos ahora viviendo, en estos últimos años de la segunda decáda del siglo XXI, una nueva revolución del mundo del cine y de la televisión que está provocando reacciones enconadas por un lado y por otro. Tras la aparición del video doméstico, la llegada de internet y youtube y el pirateo masivo, ha llegado súbitamente la implantación de las grandes plataformas legales de streaming. Netflix en apenas año y medio de presencia en España supera el medio millón de abonados, aunque esa cifra aparece envuelta en la polémica, y los cien millones mundiales y avanza en un plan estratégico con el objetivo de tener una cuota del 30% de implantación, lo que nos resulta impresionante pero al parecer posible. HBO va un poco más retrasadoa pero, viendo su impresionante catálogo, parece posible pensar que en un futuro luchará con la cadena de las letras rojas por esa cuota y esa parte de tarta como un igual. Filmin, la plataforma de cine online, ha reportado por primera vez en sus siete años de existencia, beneficios, lo que son excelentes noticias para este tipo de iniciativas. Por último, Amazon Prime Video también está disponible para cada vez más usuarios debido a que se ofrece inmediatamente para todo usuario premium de Amazon, con lo que hay un número muy elevado de personas que podrían acceder a esta plataforma aunque muchos de ellos, es más que probable, no lo saben.

Netflix y HBO han desembarcado en España y es más que probable que revolucionen la televisión. Caminamos hacia un futuro en el que el entretenimiento esté en estas cadenas de streaming. Las cadenas actuales tendrán que ver cómo se adaptan.

Dentro del plan de la cadena Netflix para lograr su implantación, una de las mejores estrategias consiste en producir series específicas en cada país consiguiendo, por un lado, ser un colector de talento allí donde existe y por otro lograr exportarlo a todo el mundo a la vez, es decir, aumentar su impacto de manera exponencial.

En fin, para todo el mundillo, que una multinacional de este calado decida producir series aquí, y el posible efecto arrastre para otras similares, es una noticia excepcional y para el común de los telespectadores la noticia es igualmente buena. Dentro de nuestra historia hay material de sobra para hacer una serie o película similar a cualquiera del catálogo de Netflix. Hay talento para hacer algo mejor que Narcos o The Killing o, por qué no, Stranger Things. Ya se ha publicado que la última temporada de El Ministerio del Tiempo ha contado con dinero de la cadena y en su catálogo Mar de Plástico o Casa de Papel, campan a sus anchas all around the World gracias a la plataforma.

Las Chicas del Cable es la primera serie directamente estrenada en Netflix. Velvet la sigue ahora en Movistar +. Este parece que es el futuro próximo de nuestra televisión.

Así que, que Las Chicas del Cable sea esa primera serie pues nos ha dejado una sensación bivalente. Bivalente porque es incontestable que la campaña de marketing pergeñada por la multinacional en su división española es excelente. El Cartel de Sol en Madrid, todas las paradas de autobuses a lo largo de todo el país empapeladas con las atractivas protagonistas, la campaña aprovechando Eurovisión, la penetración en twiter e internet, … todo ha sido un mecanismo de reloj que ha logrado que todo el mundo conozca la serie e incluso segmentos de población no interesadas habitualmente en plataformas de internet sepan de qué serie se está hablando, dónde se está emitiendo y cómo llegar a suscribirse. Por el otro lado, el estrictamente creativo, la serie es floja. No vamos a decir que es mala, pero sí que es floja y que su guión está excesivamente poblado de clichés. La definición de los personajes también recurre al uso de lugares comunes y, si bajamos el análisis a los secundarios, muchos aparecen tan poco trabajados que solo el estereotipo que representan sirve para darnos algo de información sobre ellos. Sin embargo, y con todo, este no es el problema que cuartea la coherencia de la serie y hace que el espectador se desconecte de la misma. Esta lo otro.

Las Chicas del Cable es floja. No mala de solemnidad. Pero sí flojita. Cabalga sobre clichés. Esperamos que haya nuevas apuestas de Netflix con profesionales españoles más arriesgadas y de mejor resultado. Por de pronto, se han confirmada hasta la tercera temporada de esta. Esperamos ver nuevos proyectos.

Desde hace ya muchos años se recurre a los anacronismos para actualizar la forma de una historia. No el fondo. La forma. Es habitual que las óperas abran telediarios cuando un director artístico traslada Rigoletto a un entorno de ciencia ficción, con un protagonista Robot y una protagonista que vive en Saturno, por ejemplo. Si procedemos a un análisis de todas estas adaptaciones podemos ver que todos estos ejercicios arriesgados tienen éxito si recurren q una fórmula magistral: ser fieles a la historia, los personajes, las motivaciones de cada uno de ellos, su lucha interior y los cambios de polaridad que cada acción provoca. Es decir, Romeo y Julieta es una historia atemporal porque expone la lucha del amor verdadero y prohibido contra los elementos y contra lo más intransigente que existe que son los convencionalismos, los odios atávicos, la rivalidad irracional. Es atemporal porque da igual que se ambiente en Verona en el siglo XVI o en Malibu a finales del XX, como hizo Baz Luhrman en la peli de Di Caprio, si el mensaje se mantiene y los personajes exponen sus contradicciones internas de forma coherente y el viaje al que someten al espectador es coherente, todo funciona. Si, por tomar otro ejemplo de digresión anacrónica, tomamos la vida de Jesus como localización temporal y la poblamos de personajes que salen de nuestros días y de nuestras tertulias políticas actuales y les enfrentamos a los problemas que había en esa época y les dejamos que reaccionen de la manera que reaccionan con los problemas actuales obtenemos un delicioso ejercicio de ironía con un mensaje aterrador. Las motivaciones son las mismas hace dos mil años y ahora y nuestras reacciones también. Como habéis descubierto nos referimos a La Vida de Brian. También puede ocurrir que ambientemos en una época medieval una historia de aventuras y en determinados momentos creemos digresiones anacrónicas con la música de fondo o con escenarios salidos de nuestros días, a modo de guiño al espectador. La princesa Prometida.

El anacronismo como herramienta para presentar la acción es lícito. Basar todo en el anacronismo y el impacto que puede provocar no es inteligente.

Ejemplos hay miles de buenos usos de los anacronismos en historias de cine, teatro, etc… por tanto que en Las chicas del cable se utilice música de nuestros días para dar una sensación anacrónica no debería ser un problema si se resuelve bien y es coherente, pero el problema es que no lo es. El uso de música anacrónica es un artefacto intencionado para decir al telespectador “eh, sé que llevas viendo personajes e historias que no cuadran en el Madrid de los años 20 nada de nada desde que ha empezado el capítulo. Sé que no te crees nada de lo que está pasando porque no es coherente. Pero te coloco música de 2017 y así a ver si me lo pasas por alto y nos creemos que es que estoy tomando prestado los locos años veinte para colocar mi novelón”

Y este es el principal error de la serie. Primero porque la actividad sufragista en esos años realizada por pioneras de la lucha por la igualdad de género merezca no una serie sino mucho más, pero definitivamente no de este modo. No con ese personaje de chica de pueblo que empieza a descubrir la ciudad sin un arco de personaje coherente. No, tampoco, con ese otro personaje cliché de una hija de un militar que quiere hacer algo para cambiar la situación de la mujer en esos años. En muchos aspectos esta serie recuerda a esas películas en las que se va reclutando a un equipo y a los dos minutos de conocerse todos saben cantar y bailar coreografías complicadisimas. No resulta creíble.

Los personajes no están trabajados, acuden a clichés y estereotipos. No hay trasfondo. Una serie te da espacio y tiempo para dar profundidad a los personajes. Aquí lo malgastamos con escenas de fiestas y conspiraciones vacuas.

El segundo problema es el triángulo amoroso, motor de buena parte de la acción. De los tres actores que lo protagonizan solo Martín Rivas está bien. Los otros dos, Blanca Suárez y Yon González no cumplen más alla de automatismos que debieron aprender en El Internado. Tiene su gracia de todas formas reencontrarles aquí. Solo nos falta Ana de Armas. Supongo que Blade Runner 2049 y la actuación de la actriz cubana en la misma autoexplica la diferencia, al menos por ahora, de carrera entre los cuatro protagonistas de aquella serie de Antena 3.

Los protagonistas son atractivos. Martín Rivas ha crecido como actor desde El Internado.

Y por último, el último error a mi entender de la serie es algo que no se muy bien a qué se debe pero que no entiendo como aparece en la misma. Se refiere a uno de los personajes secundarios, marido maltratador de una de las protagonistas. En escenas posteriores se le encargan a este actor escenas cómicas con otro de los personajes, el atribulado pretendiente de Nadia De Santiago, la “chica de pueblo”. No lo entiendo y no me parece correcto.

Nota Interludio, 3,5

 

 

 

Anuncios