Jack Ryan (Amazon Prime, 2018) – ¿Un Jack Bauer con principios?

Hace años, muchos, vi en el cine una película de submarinos que se quedó para siempre grabada en mi memoria. El protegonista era un atildado analista de la CIA, un agente secreto que distaba mucho de todo aquello que nos recordaba a un agente secreto típico, a James Bond. Sedentario, reflexivo y capaz de aplicar la psicología antes que la acción, Alec Baldwin brillaba en uno de sus mejores papeles como Jack Ryan en A la Caza del Octubre Rojo. Sean Connery le daba la réplica como el capitán del submarino atómico que podía desencadenar la Tercera Guerra Mundial. Era una de esas películas sin respiro que se sacaba de la manga el hermano de Ridley, el desaparecido Tony Scott. Para siempre, la maniobra “el loco Iván” resumiría muchas frases en conversaciones de madrugada y cinefilía. Así empezó todo para mí sobre el personaje más famoso de Tom Clancy.

Luego vendrían las dos películas de Harrison Ford y James Earl Jones en los papeles principales y, también, el gran Ford le daría esa especie de tranquilidad al héroe de Clancy. Nadie diría que Harrison Ford no es un tipo de acción pero estaba claro que la acción era algo que ocurría a su pesar. Esas míticas escenas de un Ryan-Ford de mediana edad, colocandose las gafas de cerca para interpretar imágenes de satélite del desierto argelino, resumían mejor las películas que el mismo Ryan-Ford persiguiendo a los malos y pegando tiros, aunque ciertamente también era algo que ocurría con profusión en las mismas.

A partir de aquí, Ben Affleck y Chris Pine, sus últimos alter ego, fueron sucesivamente reduciendo la edad del héroe y aumentando su testosterona. En taquilla, sus ingresos también se vieron menguados en cada entrega, a pesar de los secundarios de campanillas contratados para dar lustre a las aventuras.

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Jack Ryan y James Greer, interpretados por John Krasinski y Wendell Pierce,respectivamente, reportando a sus superiores de la CIA

Agotada la vida en la pantalla grande y necesitados de resetear a un personaje que es obvio que tiene tirón, los productores se han decantado por un reboot en la época actual y le han asignado la tarea a un actor con carisma, John Krasinski. También han cuidado el casting del resto de personajes, con un gran Wendell Pierce como jefe inmediato de Ryan, así como un sorprendente Timoty Hutton como director de la CIA.

Krasinski es grande. Muy grande. Y físico. Muy físico. A pesar de que tiene una cara de típico americano de Boston que no ha roto un plato y que paga sus impuestos, posee un físico que no encaja con la visión del Ryan que permanecía en mi memoria. Le veo mejor persiguiendo malos pistola en mano, que haciendo análisis de estrategia en una sala de reuniones, a pesar de que los sucesivos directores de los capítulos se empeñan en plantártelo con traje en reuniones y más reuniones. Pero cuando le ves, enorme respecto a los otros, sabes que les puede dar dos tortazos a cada uno si el momento lo requiere. Y lo requerirá, como es obvio.

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Wendell Pierce, su jefe James Greer, sí que encaja como un guante en su personaje. Además, que sea un musulmán que aspira a dirigir la CIA le da un trasfondo y unas capas y dimensiones a su personaje mucho más ricas que el de sus predecesores en las películas de Harrison Ford.

Y con todo, el gran actor de la serie es el palestino Ali Suliman que da vida al adversario de Ryan de una manera creible y contenida. Y brilla, también, en los flashbacks que tratan de explicarnos su descenso a los infiernos del terrorismo internacional.

Ryan aparece en esta serie como un héroe atormentado y con síndrome post-traumático debido a su servicio como marine en Afganistán. Sin embargo, nunca sobrepasa la línea del buen gusto, nunca tiene un mal pensamiento, mantiene su alma inmaculada a pesar de estar tratando contínuamente con el lúmpen y la hez de la sociedad, de toda la sociedad: americana, europea, siria, … lo que resta credibilidad al personaje. Se nos aparece como alguien irreal rodeado de gente real, con luces y sombras, pecados y virtudes, que a él no le “manchan”. Termina su trabajo en mitad de Siria, tras eliminar a un par de terroristas y sufrir un ataque brutal del ISIS, y es capaz de tener una cena en unos de los mejores restaurantes de Bostón con el ligue de buena familia que está conociendo.

Esa falta de profundidad del personaje dibujado por Krasinski, hace que incluso Jack Bauer, el personaje de 24, parezca más real que este Ryan, lo que no es bueno de cara a juzgar la labor de los guionistas pues aquel pesonje de Kiefer Sutherland estaba en un show destinado a su lucimiento como hombre de acción absoluto, sin interés alguno por conectar con la realidad, algo a lo que parece que los guionistan sí que aspiran en esta serie.

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La mujer de Suleyman tendrá su particular aventura con conexiones a las migraciones de refugiados tan de actualidad.

Hay, además de la historia del surgimiento de Suleiman y su hermano, otras dos historias muy interesantes y que se van entrecruzando de una manera que resulta cuando menos inteligente. Se trata de las minitramas protagonizadas por la mujer del terrorista y por el piloto de drones del ejercito americano. Ambas historias parecen del todo alejadas de la trama principal en su presentación y, sin embargo, jugarán un papel determinante para que toda la historia funcione como un mecanismo y guarde consistencia.

Por lo demás, la producción exhibe un nivel ejemplar, con localizaciones perfectas, viajes a Europa, Siria, el Congo y cualquier otra localización en la que cualquier película de espías actual debe tener acción. Es entretenida y, aunque algo lastrada por el protagonista, está bien resuelta. Tiene potencial de mejora y habrá que ver cómo evoluciona en la segunda temporada que ya ha sido confirmada con el fichaje de Jordi Mollá incluido.

Nota Interludio: 7

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