El Hombre Encadenado – Capítulo 8 – El Fin de la Magia

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– Señor… Señor – el pequeño recorría las calles principales de Lento Fluir a la carrera, con un estrecho papel en su mano, ondeándolo al viento. El niño gritaba tratando de llamar la atención de Tiago Bell, el representante de la localidadr en el Consejo de la Marca-. Señor Bell, señor Bell.

Tiago, despreocupado, se paró en mitad de la calle, aparentando indiferencia mientras trataba de averiguar quién le llamaba. “Parece el pequeño de los Hudson” pensó. Cualquier otro crío habría despertado en él la más profunda indiferencia, todos menos ese. Jonás Hudson, su padre, era el responsable del “Telégrafo de luz”, el dispositivo de espejos con nombre rimbombante que su hermano Luca había puesto en funcionamiento algunos años atrás y que hacía posible la comunicación de la pequeña población con las de alrededor y, lo más importante para Tiago, con la capital, Bruma Azul.Tiago sabía que sólo una comunicación importante de la capital habría impulsado a Jonás a mandar tras él a su hijo pequeño. Así que se paró en seco donde se encontraba, en mitad de la calle principal de la localidad, con todo el resto de vecinos mirándole de reojo, y esperó pacientemente a que el pequeño llegase a su altura.

– Señor Bell, tome este mensaje. Es de Bruma Azul, del Consejo – le comunicó el pequeño, “como si hiciese falta gritarlo en mitad de la calle” pensó contrariado Tiago.

“Venga inmediatamente. Hágase acompañar del Guardián. Dígale que es urgente. Él sabrá proceder”. El mensaje no había sido traducido, seguía expresado en los puntos y las rayas con los que los encargados de los telégrafos se comunicaban y que eran apuntados siguiendo directamente los reflejos y la duración de los mismos en los espejos de comunicación. El señor Hudson había considerado que Tiago no necesitaba esa traducción pues el abecedario era una invención de su hermano Luca y ambos, Jonás y Tiago, lo habían aprendido directamente del inventor al mismo tiempo unos años atrás.

– Pequeño – dijo dirigiéndose al jovencísimo Hudson -. ¿Sabes dónde se encuentra el Guardián Cloud?

El pequeño lo miró y negó con la cabeza.

– Estará en su casa. Mi padre me ha dicho que era muy urgente darle este mensaje, nada más, señor.

Tiago buscó en una de sus bolsillos y le dio un par de monedas al chico. Pensativo, retomó su camino unos pasos. “Si no está en la Casa de los Guardianes, en cuyo campanario está colocado el espejo del Telégrafo, estará en su casa. Está a poca distancia desde aquí”.

Tiago caminó rápido, apresurado, casi tropezándose con las baldosas de la calle, recorriendo lo más rápido que podía los cientos de metros que le separaban de la casa donde Cloud vivía. Al llegar a la puerta, la golpeó con fuerza.

– Cloud, Cloud, ¡salga, es urgente!

Tras unos segundos en los que no pasó nada, que a Tiago se le hicieron eternos, una de las ventanas del primer piso se abrió y dejó ver a un Travis Cloud despeinado y con mala cara.

– ¿Qué ocurre, Bell? – gruñó el Guardián, con un tono de enfado, como si hubiera pasado una noche de perros.

– Rápido Cloud, necesito que lea un mensaje del Telégrafo.

El Guardián, sin cambiar de expresión, cerró rápidamente la ventana. Menos de un minuto después abría la puerta de la casa e indicaba a Tiago Bell que entrase en la misma.

Tiago, entregó el mensaje al Guardián sin darse cuenta de que este no sabía interpretar los garabaratos de la comunicación.

– Disculpe, Cloud. El mensaje nos pide que, con mucha urgencia, viajemos los dos hasta Bruma Azul. Dice que es muy urgente, que usted sabrá cómo proceder.

Cloud hizo un gesto de comprensión que Tiago no supo si catalogar de fastidio o de preocupación. Las palabras del Guardián le sacaron de dudas.

– Entiendo. Esto es preocupante. Discúlpeme unos minutos. ¿Está listo para salir?

– Claro. Tendremos que ir a por los caballos y haré algo de equipaje. Bruma Azul se encuentra a un par de días de viaje desde aquí.

El Guardián emitió una pequeña carcajada, antes de desaparecer por una de las puertas. Cuando reapareció, todos los síntomas de cansancio y apatía habían sido borrados de su faz.

– Prepárese, Bell. Vamos a viajar.

El Guardián giró ambas  manos entorno a un círculo imaginario mientras un ensalmo surgía lentamente de entre sus labios. Las palabras comenzaron a aumentar de volumen mientras giraba y giraba las manos. Al cabo de unos segundos, con sorpresa, Tiago pudo distinguir cómo las manos del Guardián dejaban un pequeño rastro de algo parecido a un humo violeta. Travis elevó el tono y giró un poco más despacio las manos. El humo se transformo en una especie de marco mientras el interior comenzaba a llenarse de reflejos. A Tiago siempre le sorprendía el uso de la Magía, pero aquella vez supo que lo que iba a ver iba a ser realmente especial.

Pasados un par de minutos, el Guardián movió sus manos y el conjunto de las brumas que formaban una especie de marco y un espacio en su interior,que resplandecía con reflejos violetas, ocupó un lugar enfrente de los dos. Travis cerró el conjuro con un “así sea” muy alto y, de pronto, detrás del marco brumoso ya no se veía la habitación de la casa sino un largo pasillo, que Tiago identifico como el pasillo de la casa del Consejo de Bruma Azul que conducía hacia la Gran Sala de Juntas del Consejo. Todo podía ocurrir si un Mago estaba implicado. “Increíble” se dijo maravillado.

El Guardián le hizo un gesto para que le siguiera y atravesaron el marco. Mientras pasaba a través, sintió un hormigueo generalizado que se detenía y se reanudaba, sobre todo en la parte inferior de la espalda y en la punta de las orejas. Un hormigueo que se convertía en algo casi insoportable. Una vez atravesado, el hormigueo cesó y fue sustituido por una sensación de frío. Por raro que todo pareciese acababan de recorrer una distancia enorme en un pequeño salto. Pero allí estaban. En la Casa del Consejo de Bruma Azul, a dos días de viaje de la casa del Guardián, allí en Lento Fluir.

Apremiado por el Guardián de una manera que hizo que el prodigio que acababa de vivir no lo detuviera, Tiago avanzó, casi corriendo, hasta llegar a la Gran Sala de Juntas. Allí, frente a un mapa donde se representaba una porción del Continente centrada en la Marca del Sur, la mesa estaba llena, con el resto de representantes ya sentados. Los presentes les hicieron un gesto impaciente para que se sentasen. Allí estaban todos los enviados de las poblaciones de la Marca del Sur junto a los Guardianes de cada encomienda: Bruma Azul, la capital, Lento Fluir, Suave Amanecer, Vientos Cálidos, Luz del Alba y Arroyo Azul. Cuando los doce estuvieron sentados, repartiéndose a ambos lados de la mesa y dejando sólo dos sillas vacías en la presidencia, aparecieron el Guardian de la Marca y el Representante del Consejo, las dos personas más poderosas de toda la región.

El Representante, Lewis Duham, habló primero mientras se sentaba en una de las dos sillas.

– Bienvenidos todos. Quisiera agradeceros la rapidez con la que habéis respondido a la llamada del Consejo, incluso aquellos de vosotros que os encontráis más alejados – dijo mientras saludaba con la mirada a Tiago -.

El Guardián de la Marca del Sur, Arthur Dupree, superior de todos los Guardianes de las poblaciones que formaban la Marca, carraspeó antes de añadir con una voz de barítono que provocaba que todos fijasen en él su atención.

– Algunos lo sabéis. Otros lo intuís. La realidad es que algo está ocurriendo y no debemos ocultar más la verdad – los cuchicheos interrumpieron al Guardián-. Por favor, un poco de silencio. Tres Guardianes de la Fortaleza del Norte han muerto en las últimas dos semanas en extrañas circunstancias. Además, no ha habido descarga de Poder en la Sala de la Fortaleza del Norte desde hace casi seis meses – algunos de los presentes silbaron con admiración -.  Seis meses. El Poder se agota por todos los sitios. Nuestras órdenes son mantener el Escudo pase lo que pase. El resto es secundario.

– Estamos en una situación de emergencia, señores – añadió Duham-. Como el Guardian Dupree acaba de decir, escasea la Magia y alguien parece estar atacando el lugar más protegido del poder de los Guardianes. Necesitamos prepararnos para lo peor.

Las caras de los representantes de las poblaciones eran un fiel reflejo del miedo. Las conversaciones se solapaban sin control. El Representante Duham hizo grandes aspavientos para lograr que la calma volviese a la sala.

– Señores, un momento. Todos sabemos qué quiere decir todo lo que acaban de oír. Es probable que quedemos a merced de nuestros enemigos no dentro de mucho. Tanto las Piratas como los Señores de la Guerra que pueblan el Sur, en cuanto conozcan que hay problemas de escasez de Magia, se lanzarán sobre todos nosotros. Hasta el momento, todos estos hechos son secretos y deben jurar con sus vidas que no extenderán su conocimiento. Pero se terminarán sabiendo. La Fortaleza ha comunicado al Guardián Dupree que creen que este mes sí habrá descarga pero la situación vital del Hombre Encadenado es, cuando menos, discutible.

Tiago hizo un gesto llamando la atención del resto. Duham le dio la palabra.

– En Lento Fluir llevamos años preparándonos para algo así – comenzó a decir ante los gestos de sorpresa del resto -. Mi hermano, el que alguno llamáis “científico” – pronunció la palabra lentamente de forma deliberada, remarcando la aversión que le producía- ha preparado una serie de protecciones contra posibles enemigos en previsión de que algo parecido ocurriese, que debiésemos recurri a nosotros mismo para protegernos ante un enemigo externo. Podemos compartir los planes con vosotros, creo que se pueden trasladar a todas ls poblaciones. Si dispusiéramos de un año o año y medio, creo que podríamos mejorar las defensas de las poblaciones de la Marca y, al menos, resistir los primeros ataques.

El Representante Duham asintió complacido ante la intervención de Tiago.

– Excelente señor Bell. Un plan ante la adversidad. Esto es lo que se necesita en situaciones de emergencia. Por favor, disponga de lo que necesite por parte del Consejo. Le conmino a preparar con el resto de responsables de cada localidad, de manera urgente, un plan de refuerzo de cada una de ellas. Trasplantaremos todo aquello que ustedes han hecho en Lento Fluir al resto de poblaciones observando sus peculiaridades.

El resto de responsables civiles asintieron aliviados ante el ofrecimiento de Tiago. “Aquí puede estar mi posibilidad de sustituir en un futuro a Lewis Duham” pensó él satisfecho.

– Señor – dijo tomando la palabra el Guardián Cloud y dirigiéndose a su superior Dupree-. Señor, el Representante ha comentado que han habido tres muertes en la Fortaleza. ¿Puede decirnos quienes han sido las víctimas?

El Guardián Dupree miró a su subordinado. Lo conocía desde hacía años y no le gustaba. No soportaba las preguntas que hacía, no soportaba cómo lo miraba, cómo hablaba. Desde la primera ver que el viejo Torben lo había traído a su presencia había sentido rechazo hacia él. Sin embargo, era un apregunta justa y debía tratar de contestarla.

– Tres Guardianes principales han muerto. Asesinados. Ya sólo quedan trece – los Guardianes presentes se llevaron las manos a la cabeza gritando “no es posible” -. No sabemos nada más. Creemos que no es casualidad que el Hombre esté tan enfermo y que esta ola de asesinatos se produzca.

– Señor – volvió a intervenir Travis -. Si alguien está asesinando Guardianes Principales en la Fortaleza, ninguno estamos a salvo. Si en el centro de nuestro poder nos asesinan…

Travis calló. No era necesario continuar. Si ni siquiera en la Fortaleza los Guardianes estaban a salvo. Si eso lo sabían los representantes del pueblo. Si los pueblos se debían proteger por sí mismos porque eran incapaces de protegerles los Guardianes y su Magia… si todo eso estaba ocurriendo, entonces no estaban ante una emergencia. Estaban ante el fin de los Guardianes y el fin de la Magia.

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