Libros – Ciudad de Ladrones (David Benioff, 2.008, Seix-Barral)

Desempolvo un nuevo diamante de mi librería que quizá puede merecer vuestra atención. Se trata de una, creo que la única, novela escrita por el, ahora, integrante de la más famosa pareja de productores y show runners de la televición. Sí, él es David Benioff, pareja profesional de D. B. Weiss y, por tanto, cincuenta por ciento responsable del fenómeno televisivo global Juego de tronos.

Mucho debemos a Benioff, bueno y malo, dependiendo de en qué temporada nos fijemos en la mítica serie. Debo reconocer que cuando descubrí en una librería de viejo hace ya años esta novela, me llamó la atención el nombre del autor más que otra cosa. Acababa de ver la primera temporada de Juego de Tronos y permanecía con ese aroma que esa temporada nos dejó a muchos. Esa sensación de que, por fin, la Fantasía iba a traspasar las zonas oscuras del frikismo para por fin tomar la posición central del entretenimiento adulto.

Me llamó la atención el nombre y descubrí otras cosas en la biografía de la solapa de la novela. Parecía que Benioff, casado con la actriz Amanda Peet, protagonista de la magnífica Falsas Apariencias (Jonathan Lynn, 1999), había bordeado el éxito a lo largo de toda su vida, con premios por cuentos y novelas cortas muy prestigiosas pero, sin embargo, no terminaba de triunfar. Tuvo, parece, que cambiar de registro a guionista de series para poder llegar al mainstream. No sé cómo lo llegó a lograr y ese apartado de las biografías de ambos, Weiss & Benioff, será tratado seguro por libros y artículos en años venideros, como han sido descubiertas sus conversaciones con George R.R. Martin para convencerle de llevar a la tele sus novelas. Pero centrémonos ahora en la novela.

Lev es un niño, adolescente, en el infierno. Vive en el Leningrado acosado por las tropas Nazis de la Segunda Guerra Mundial. En estos días de Confinamiento nos encontramos en el punto vital perfecto para empatizar con una situación como la que vive Lev. Toda la población masculina en edad de combatir ha sido movilizada y separada se sus familias, que viven asustadas encerradas en sus casas. Cada edificio de pisos y manzanas de los barrios, se ha organizado entre sí para poder ayudarse unos a otros y, sobre todo, evitar que lo poco que poseen, sus casas, caiga pasto de las llamas de los bombardeos nazis. Lev trabaja como bombero de manzana junto a otros amigos de su edad, ancianos que no pueden luchar y las madres y abuelas.

En el bando propio tampoco encuentran los habitantes de Leningrado mucho consuelo ya que se trata del ejército rojo, que somete a la población al más estricto de los controles. Nadie puede hacer nada que se considere como traición. Y en ese filo de la navajan bailan el charlestón todos los habitantes de la ciudad, tratando de sobrevivir buscándose la vida aunque sea bordeando la ley  y que, por el camino, ningún agente del orden pueda atraparles o detenerles.

Evidentemente algo ocurrirá que obligará a Lev a enfrentarse a la autoridad del ejército. Y, en ese momento, llegará el nudo de la trama. Lev, para volver con su madre y hermanas a su edificio, deberá cumplir el trato al que le somete el Coronel del batallón que le ha apresado. Y el trato es algo tan sorprendente como conseguir una docena de huevos para poder cocinar un pastel para el día de cumpleaños de la joven hija del jerarca del ejército.

Algo tan sumamente cotidiano como una docena de huevos resultará más dificil de conseguir que un par de toneladas de oro en la ciudad semi destruida bajo los bombardeos y amenazada por los escarceos de ambos ejércitos, que toman cualquier callejuela como campo de batalla.

En el camino, Lev se encontrará con el atractivo Kolya un poeta amante de los autores rusos clásicos que ha sido detenido por una discusión literaria. Y también se verá sometido al influjo de la atractiva Vika, una chica de más o menos su edad pero con un fondo tan absolutamente increible de la que caera ineludiblemente enamorado al instante.

La novela es un viaje a la madurez que cualquier chico o chica de catorce años debería leer. Un trasunto de Tom Sawyer en la masacre del Leningrado de la II Guerra Mundial. Pero también es una mirada al horror desde el punto de vista de un alma inocente que se enfrenta al mundo de los adultos. Un ataque a la arbitrariedad de estos, al sufrimiento, a dejarse llevar porque otros te digan que debes hacer tal o cual cosa. Alimento para el espíritu crítico que todos debemos poseer para enfrentarnos a la vida. Y ejemplos para entender que lo más importante de todo, siempre, es el amor y la amistad.

En resumen, esta novela es un trozo de la personalidad oculta del productor de éxito, de cómo quiere darnos claves para que podamos enfrentarnos a esa aventura peligrosa que es hacerse mayor. Y es una guía para saber cómo superarlo aunque nos encontremos en el peor entorno. Algo que cualquier joven y adulto harían bien en leer. Unos para aprender y otros para recordar.