El Guión (Robert McKee)

Acercarse a El Guión de Robert McKee (Detroit, 1941), obra cumbre del gurú de los gurús del mundo de la escritura audiovisual, es un ejercicio más sencillo de lo que pudiera parecer. Esta reseña no trata de explicar la Biblia a un profesor de Teología aplicada, al que poco o nada podemos aportar, sino dar ánimos a cualquier persona a zambullirse en una obra que nos descubre, tic, tac, tic, tac, los mecanismos que subyacen en las historias que vemos en cualquier serie de television o película. No voy a posicionarme en ninguno de los bandos que aclaman como héroe a McKee o pugnan por derribarlo por farsante, que de todo hay, pues creo que para un neófito en estos temas la lectura de apenas veinte o treinta hojas del manual que nos ocupa hará que expanda su mente y vislumbre todas las posibilidades y herramientas de las que dispone un escritor para narrarnos una historia.

Es importante saber que McKee es de esos profesionales que reivindica el género sobre lo impersonal, la tradición oral sobre las digresiones narrativas y la vigencia de las estructuras y leyes de la novela tradicional americana sobre toda la retahíla de giros y saltos temporales de la nueva novela europea o el realismo mágico latinoamericano. Es también McKee un estajanovista, que aprecia el talento si y sólo si está acompañado del trabajo duro y que pone como ejemplo a toda aquella generación de escritores americanos (Chandler, Hammet, Williams, Capote, …) que siendo increibles autores literarios trabajaron a destajo para el 7º arte y, sobre todo, lo hicieron bien, siguiendo las leyes de la narración y haciendo que el espectador viajase de inicio a fin de la trama cambiando la polaridad de su ánimo tal y como ellos habían previsto.

En El Guión de McKee se nos explican las estructuras de una historia, desde los giros, a las escenas, tramas y por fín a la estructura global de la película o serie. Se nos explica qué es cada una y cómo están planteadas con la idea general del autor de que todo aquello que no aporta información debe ser eliminado y por tanto, si en una película te descubres preguntándote a qué ha venido incluir esa escena porque no te aportado nada, estarás descubriendo uno de los peores fallos en los que puede caer el guionista.

También se nos detallan las dimensiones de los personajes, categorías a los que se adscribe cada uno de ellos y motivaciones internas y externas para la actuación en cualquier situación.

Todo está explicado acudiendo a ejemplos de películas tradicionales, siendo aquellas de Ingman Bergman y también de Polanski, Schrader y otras, las más utilizadas por la admirtación que le despiertan al autor.

No faltan los gráficos explicativos, los fragmentos completos de guiones comentados y en definitva todo lo necesario para ilustrar los ejemplos suficientes para que uno de los trabajos más antiguos del mundo, el de contador de historias, sea realizado de tal manera que el receptor del mensaje reciba lo que el autor quiere transmitir siguiendo las claves necesarias para que la historia le atrape y le haga interesarse por ella.

En definitiva, este libro es una gran experiencia para todo aquel al que le guste el cine o las series, pero también para todo aquel que disfrute con una novela o un relato, pues como dice el autor, esta forma de describir tramas y personajes no es únicamente aplicable a lo audiovisual sino a toda historia, pues está basada en las leyes primigenias que gobiernan las narraciones desde que el ser humano, sentado alrededor de una hoguera, decidió hacer volar su imaginación y contar historias.

Algunos alumnos famosos de los cursos de McKee son: Peter Jackson, Jane Campion, Andrew Stanton, Geoffrey Rush, Paul Haggis, Akiva Goldsman, William Goldman, Joan Rivers, Meg Ryan, Rob Row, David Bowie, Kirk Douglas, John Cleese, Steve Pressfield, Russell Brand, …

Algunas series o películas realizadas por alumnos de McKee son: Breaking Bad, Juego de Tronos, Friends, Frozen, Dowton Abbey, House of Cards, El Lobo de Wall Street, …

Los alumnos de McKee han ganado: 60 oscars y 200 Emmys…

El Guión (Robert McKee, 1997), Alba Minus Editorial, edición en castellano.

Nota Interludio: Si te interesa saber cómo te cuentan lo que te cuentan … Imprescindible.

PD: Asistí hace unos cuatro o cinco años a una de sus clases magistrales. A pesar de que es cierto lo que algunos de sus detractores dicen, basicamente que está endiosado hasta el extremo y que él personalmente no ha ganado ni un sólo oscar porque a diferencia del otro gran gurú de los guiones americanos, el gran Aaron Sorkin, no le interesa arriesgarse en solitario y prefiere estar en la trastienda tras el ejército de alumnos que firman finalmente el guión, la capacidad que demuestra para demostrar basicamente por qué una hitoria puede triunfar o no es asombrosa. Fueron casi cinco horas plagadas de ejemplos brillantes e incluso de generación de una historia en vivo francamente increible. Toda un experiencia increible. Ya hace cinco años decía que la edad de oro de la televisión había llegado y que el desarrollo real de personajes sólo se podía hacer en una serie de televisión. Para él esto había sido posible gracias a Los Soprano, serie en la que él fue invitado a desarrollar tramas y personajes por los productores ejecutivos. De esa clase saqué sobre todo la idea de cómo funciona un equipo de guionistas, algo menos creativo y más de trabajo puro y duro de lo que podría parecer.

 

 

 

 

El Aprendiz de Guerrero (Lois Macmaster Bujold, 1986)

Resulta una tarea al menos curiosa enfrentarte con un mínimo de espíritu crítico a una saga literaria con tres premios Hugo y dos Nebula a sus espaldas treinta años después de la publicación de su primer episodio… Pero por muy curioso que pueda parecer tengo que reconocer que llevaba mucho tiempo queriendo lanzarme sobre estos libros y nunca lo había terminado de hacer. Es cierto que la autora, una de las más grandes damas de la literatura fantástica y de ciencia ficción de la historia, ha sido también una de las más criticadas por su estilo casi peliculero de escribir y es que Mrs. Macmaster no malgasta páginas y páginas para trazar la psique de un personaje, pocos párrafos te ponen en situación y las páginas van quemándose en una sucesión de una situación a resolver, la resolución y el planteamiento de la siguiente.

Es curioso también, desde esta tramposa visión «treinta años más tarde», de las conexiones con el panorama actual que destila tanto la situación de la autora como su personaje principal.

Lois Macmaster Bujold, hija de un profesor universitario de Ingeniería, se enfrentó a una situación económica ajustada, con dos hijos y sin un trabajo donde desempeñar sus estudios de Filología Inglesa, aplicándose a escribir relatos de ciencia ficción, con tal vigor que los tres primeros de la serie fueron publicados al mismo tiempo. Sí, los paralelismos con la posterior J. K. Rowling y su motivación para iniciarse en el mundo de la escritura son palpables.

La segunda similitud se centra en el personaje central de la arquitrama que conforma la serie sobre Miles Vorkosigan. Miles es el hijo de Aral Vorkosigan, primer ministro del Imperio Barrayarano, almirante de sus ejércitos, una leyenda en toda la galaxia por sus dotes como militar. Sin embargo Miles, debido a un atentado contra sus padres y un problema consecuente, tiene una dolencia en los huesos resultando extremadamente frágiles hasta el punto de impedir que se desarrollen como debieran, sumiéndole en una enanez que hace que siempre deba enfrentarse a los demás en posición de desventaja y tenga que sobreesforzarse para cambiar y torcer a su favor cualquier situación por nimia que sea, algo que logra debido a su increible inteligencia y a su poder de convicción. Sí, el paralelismo con el Tyrion Lannister que años después surgiera de la mente de G. R. R. Martin es evidente.

Centrándonos en lo que nos ocupa podemos decir que en el segundo libro de la serie tras Fragmentos de Honor (Lois Macmaster Bujold, 1986) y primero protagonizado por Miles Vorkosigan, la característica fundamental es el dinamismo. No deja respiro.

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El planteamiento global de estos dos primeros capítulos de la serie permite que puedas enfrentarte a este libro sin necesidad de haber leido el anterior e incluso, podríamos decir, que esta es la situación idónea ya que en el anterior se explica cómo se conocen los padres de Miles, algo que él no conoce y por tanto, si no lo has leido, te igualas a la situación del protagonista y puedes disfrutar de este viaje en plena sintonía con él.

El universo por el que transita Miles está ambientado en un futuro hipotético a partir de la actual tierra en el que esta no es más que otro planeta de las varias galaxias habitadas por los humanos. No hay razas excesivamente extrañas al menos en este capítulo, más allá de los hermafroditas Betanos, la trasgresión a este respecto mayor que se permite la autora. La Tecnología está desarrollada y bien presentada, con los viajes espaciales resueltos gracias a la transformación en energía de las naves y la aparición de ingeniería biotécnica en forma de injertos de circuitos integrados en los cerebros de los pilotos interestelares, encargados de realizar esta transformación. Hay trajes espaciales de combate equipados con toda suerte de sensores y cámaras, utilización de hologramas en vez de pantallas pero todo con una sensación de conocimiento que hace que no cante absolutamente nada treinta años después, lo que es bastante meritorio teniendo en cuenta que de inicios de los ochenta hasta aquí todo lo relacionado con sensórica, internet, etc… ha sufrido una transformación exponencial.

En cuanto a la história es un in media res del personaje de Miles al que acompañamos desde su intento de entrada en la academia de oficiales barrayaranos y a través de todas las situaciones que va viviendo, casi de casualidad en casualidad, hasta convertirse en un gran almirante de una flota interestelar pocos meses depués. Todo ello contado desde la perspectiva de un personaje de diecisiete años casi sobrenaturalmente perceptivo e inteligente y, sobre todo, activo. Es quizá esta cualidad, lo activo en cualquier situación que es este personaje, el rasgo fundamental de mismo. No ejerce de sujeto pasivo nunca e incluso cuando pueda parecer que no hay nada que describir busca la forma de activar una nueva línea de trama. Le separa, por tanto, este rasgo de carácter de otros principales imprescindibles de la ciencia ficción como por ejemplo el Ender de Scott Card y lo aproxima más al típico héroe clásico, sobrevolando el ingenio humano arquetípico representado por el Ulises clásico.

Acompañan a Miles la bella Elena, de la que está secretamente enamorado, y su padre, el estricto sargento Bothari, que ejerce de guardaespaldas personal de Miles y  del que nos queda claro que tiene un secreto pasado. Otra miríada de personajes van apareciendo y van enfrentando a Miles a una prueba tras otra pues a cada uno de ellos el protagonista se aproxima de una manera diferente, adaptándose a su respectiva personalidad, fortaleza o carencia y logrando así unirlo a su causa. Aquí vuelve a plantearse el típico camino del héroe clásico que lo hace enfrentarse a pruebas y crecer con cada una de ellas.

Todo esto saltando de planeta en planeta y con tramas de conspiraciones políticas, económicas, etc… en paralelo a la trama principal, que podemos decir que tiene un planteamiento básico de tratar de impresionar al objeto de su amor, Elena.

Sí que es cierto que cuando paras por un momento la lectura y te preguntas «pero ¿cómo hemos llegado hasta aquí?» puedes atisbar el mecanismo forzado de la historia y las carencias de causa efecto que destila, impidiendo una coherencia regular a la trama. La historia se lee de manera apresurada y en ciertas partes parece escrita de forma apresurada. Pero, si decides disfrutar del viaje y dejarte ir, puedes realizar uno de esos viajes increibles que sólo las Space Operas buenas pueden lograr: aventuras en exóticos escenarios con problemas irresolubles que sólo el ingenio y carisma del héroe pueden resolver.

El Aprendiz de Guerrero, serie Miles Vorkosigan II (Lois Macmaster Bujold, 1986)

Nota Interludio: 7,5.

PD: es increible que no se haya trasladado a la pantalla esta serie.

GoGo Penguin – Trío de Jazz desde Manchester 

Cumplía 40 años el Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz en este inicio de julio de 2016 y entre todos los conciertos programados hubo como siempre que elegir, no porque no hubiese variedad y categoría entre los participantes sino por todo lo contrario. Como todos los años nos centramos en los programados en el Teatro Principal que selecciona los artistas con más proyección y además los programa a una hora de tarde, las seis, que favorece que asistas al concierto y luego empalmes con todos los demás actos del festival o, si no puedes o tienes otros compromisos, disfrutes de un pequeño oasis musical y luego retornes a tus quehaceres diarios.

Al final el concierto seleccionado fue el de «la banda de Jazz más importante de Gran Bretaña» según la presentaron al inicio del mismo,  es decir, el trío GoGo Penguin. La formación está compuesta por un pianista, Chris Illingworth, un bajo, Nick Blacka, y un batería, Rob Turner, originarios de Manchester, extremadamente jóvenes y con una vocación de fusión del jazz con los ritmos electrónicos, bases y loops pregrabadas incluidas, que, sin dejar de traicionar una vocación original y con pureza, le da un toque que llega a conectar sin dificultades con el público más generalista. Y es quizá esa capacidad la que explica que desde la publicación de su segundo disco, v2.0 (2014), estén cosechando críticas positivas y su nombre se extienda por festivales y conciertos.

Como decía suenan realmente bien en directo, aprovechando la línea argumental que les da un piano prodigiosamente tocado que sin embargo no opaca al resto de instrumentos. El contrabajo, ya sea atacado con los dedos o con un electrizante arco, imprime el carácter particular a las composiciones que, sin embargo, alcanzan la categoría de power jazz cuando la batería empuja al trío.

Se percibe que les está llegando su momento en cómo afrontan el concierto, cómo dominan los tiempos y cómo engarzan una composición tras otra, sabiendo lo preciso del mecanismo que late por debajo del talento los tres.

Tres discos resumen su trayectoria: Fanfares (2012); v2.0 (2014) y Man Made Object (2016). Este último bajo el sello de la siempre prestigiosa Blue Note Récords, algo que les enorgullece y no olvidan de recordar en el concierto.

Voy a traeros cuatro de sus composiciones más características y que tuve la suerte de oír en directo en el concierto.

Comenzamos por Initiate, de su último disco Man Made Object (2016) una composición de corte tradicional que es capaz de transportarte a una mañana de sol entre claros de un bosque otoñal.

De su segundo disco, v2.0 (2014), el que realmente les puso en órbita, os presento el tema que les resume de la mejor manera posible, Hopopono.

Su primer disco Fanfares (2012), quizá el más intimista, tenía pequeñas joyas como este Akasthesia:

Y ya para terminar quizá el tema que les puede hacer llegar de manera más masiva al público y que me hace preguntarme qué podría hacer este trío con la banda sonora de una película de la saga Bourne, por ejemplo. Se trata de Protest, del último disco Man Made Object (2016).

Si tienes la oportunidad de verlos no te lo pierdas.

El Hombre en el Castillo (Philip K. Dick, 1962)

Carátula de la Edición de Minotauro de «El Hombre en el Castillo»

Dos cosas hay que tener en cuenta previamente a leer esta reseña de la novela de 1962 del gurú de la ciencia-ficción más conspiranoica, Philip K. Dick.

La primera es que esta novela impulsó las obras basadas en ucronías hasta el infinito. Ucronía es un término muy culto para indicar el típico supuesto de… «¿qué hubiera pasado si…?», es decir, obras que colocan al lector ante entornos sociales resultantes de que hechos históricos importantes o no se han dado o se han dado de forma diferente a lo que realmente ocurrió. Esta novela no fue, por supuesto, la primera de este subgénero, pero sí que llegó en un momento adecuado y describió esta realidad alternativa, la derrota aliada, de una manera tan verosímil que el gran público percibió lo cerca que a veces estamos de desastres totales . La sociedad americana, acostumbrada en esos años cercanos al final del conflicto a elegías sobre los héroes de la II Guerra Mundial, donde se ridiculizaban a los vencidos, se descubrió pensando que quizá habían caminado sobre un filo de navaja mucho más afilado de lo que recordaban.
La segunda es que Philip K. Dick fue, a lo largo de toda su vida, una persona con una salud mental delicada. Eufemismo para no poner directamente que tuvo muchos problemas con su percepción de la realidad, llegando a tener crisis psicóticas empeoradas por un uso de drogas intenso. Esta salud mental complicada le hizo tener una visión múltiple de la realidad, aceptando teorías basadas en culturas orientales a la vez que exploraba las posibilidades de la tecnología más extrema.

Con ambas premisas interiorizadas podemos analizar más de cerca la novela.(Atención Spoilers).

Básicamente esta novela presenta dos  tramas principales. La primera describe un mundo en el que el presidente Roosevelt fue asesinado. Tras esa muerte su sucesor no autorizó políticas de apoyo a los aliados, lo que derivó en la derrota británica y de rebote que los Estados Unidos fuesen incapaces de frenar a los japoneses, que sí hundieron a toda la flota americana en Pearl Harbour. Tampoco los rusos consiguieron cerrar el frente oriental y el general de las SS Heydrich no fue asesinado por británicos y checos cuando era el gobernador alemán de Praga.


En definitiva, nos encontramos en 1958 y los alemanes dominan Europa, la mayor parte de la antigua URSS, África, donde han exterminado a gran parte de la población, Sudamérica y la Costa este de Estados Unidos. Los japoneses por su parte dominan la parte que les toca de Asia, los estados del Pacífico americano y Oceanía. Para Italia es parte de Europa sur y África. Los alemanes han desecado el mar Mediterráneo para crear un cultivo intensivo que alimenta su imperio y se han lanzado a la conquista del espacio exterior, han visitado Marte y Venus y planean colonias estables.

Para los que se lo estén preguntando, Hitler sigue vivo pero está internado porque está como una regadera y le ha sucedido Martín Borman. En la época en que ocurre la acción Borman muere y hay una lucha de poder para sucederle que gana Goebbels. Esta facción que conquista el poder está a favor de una operación denominada Diente de León y que básicamente consiste en lanzar bombas nucleares sobre Japón para arrasarlo y quedarse con sus territorios en los antiguos EEUU. Paradójicamente la facción que no está a favor de eliminar a Japón es la encabezada por Heyndrich, es decir, los más psicópatas de las SS, que sin embargo prefieren dejar al Japón tranquilo y lanzarse a colonizar el espacio exterior.
La otra trama trata de un libro que se está haciendo famoso por los Estados Americanos de las Montañas Rocosas, una serie de estados pseudo libres en el centro de los antiguos EEUU. El libro se llama La Langosta se Posó y su trama argumental describe un mundo en el que las potencias del Eje no ganaron la II Guerra Mundial, sino que fueron aplastados por los aliados, ¿os suena?  El autor de La Langosta se presenta como un personaje casi mítico y que vive en una fortaleza fuertemente armada. Él es el hombre al que se refiere el título.

Así es. Philip K. Dick plantea una enorme idea inicial para su novela. Una serie de muñecas matrioskas unas dentro de otras que desorientan al lector y lo introducen en una alternativa a la realidad pero con los enlaces suficientes con la misma que haga que no sea increíble. Este juego de espejos, sin embargo, no está planteado de forma directa sino indirecta mediante una serie de minitramas que nos dan pistas de todo lo anterior, aunque sus alcances son otros. Estas minitramas describen a un agente secreto alemán de la facción que no apoya el ataque al Japón y cómo viaja a San Francisco a reunirse con altos mandos japoneses para alertarles de la operación. Un judío que es despedido de su fábrica por bocazas y que junto a un compañero funda una pequeña joyería. La ex mujer de este judío que, por casualidades de la vida, entabla una relación con un asesino a sueldo de la Alemania nazi que quiere asesinar al autor de la novela. Un americano que le vende artículos américanos a los jóvenes ricos japoneses que constituyen la alta sociedad en un San Francisco ocupado. Y, finalmente, el cónsul japonés en San Francisco que planea la reunión con el espía alemán. Y como veis, estas minitramas, carecen de la fuerza de la idea inicial.

Hay también un aspecto importante a tener en cuenta. La población bajo el área de influencia japonés han desarrollado una «afición» desmedida a consultar un antiguo libro chino, el I Ching, para la toma de cualquier decisión. El I Ching, como decía, es conocido como el libro de las mutaciones y es un libro oracular. Es decir, a pesar de estar escrito hace unos cuatro o cinco mil años, puede ser consultado  obteniendo unos números dependiendo de las preguntas que se le hagan y estos números enlazan a unos breves poemas que, correctamente interpretados, responden a las preguntas realizadas. Este libro es real y es considerado como principal por el confucionismo.

En definitiva, gran propuesta inicial que no continúa en su desarrollo ya que, como toda historia que utiliza las minitramas como vehículo, no tiene un inicio, nudo y desenlace claro, sino que describe un periodo no necesariamente fundamental de la realidad presentada y no cuenta con un climax concluyente sino que , tras la lectura, se tiene la sensación de que quizá el autor debiera haber dirigido el foco de su relato a otros apartados de lo presentado en vez de las historias que nos ha enseñado.  Esto es, se queda uno con ganas de más sobre los nazis  que pelean en Berlín por el poder o sobre cómo planean conquistar el sistema solar y te sobra gran parte de las historias que se nos presentan con más detalle. En particular hay un pasaje de la historia del cónsul japonés que parece que nos invita a pensar que ha atravesado un puente con nuestra realidad y que , de repente, ambas realidades comparten el mismo tiempo y espacio pero para mí está descrito de una manera tan liosa y extraña que no logra su objetivo. Puede ser por la traducción que he leído pero no me enteré de casi nada de esa parte hasta leerla un par de veces.

Esta novela ganó el Premio Hugo de 1963 y es considerada cumbre en la obra de Dick, que recordemos que se centra más en relatos cortos que en novelas. Los relatos cortos de Dick han servido de base completamente o han inspirado algunas de las películas más taquilleras de la ciencia-ficción: Blade Runner, Desafío Total, Paycheck, Destino Oculto y Minority Report. Casi nada.

Nota Interludio: 7.

PD: Amazon ha realizado una serie con el mismo nombre y basada en la ambientación y tramas de la película en 2015. Aún no la he visto pero habrá que… Os dejo con uno de sus trailers.

Producción Propia- Interludio Creativo

Juego de Tronos – Vistazo a la sexta temporada

Y es que si hay que empezar por algo, qué mejor tema.(ATENCIÓN SPOILERS, si no has visto la sexta temporada de la serie Juego de Tronos yo no seguiría leyendo).

Ha terminado la sexta temporada de Juego de Tronos y creo que es momento de hacer un pequeño análisis general de lo que ha supuesto en tres aspectos principales: la repercusión de la misma en la sociedad o los mass media, la posición o situación de esa temporada respecto al conjunto de la serie y la proyección a partir de ahora de tramas y personajes.

Repercusión de la serie en general y en lo general

Es algo a estudiar sin duda. Por primera vez, que yo recuerde, una serie es comentada en medios de primer nivel y main stream justo después de ser emitidos los capítulos en USA. Ni siquiera se ha esperado a la emisión doblada. Los lunes muchos medios tradicionales comentaban las muertes, resurrecciones, aspectos importantes y los inside the episode como si de una noticia más se tratase. No sólo el episodio nueve, tradicionalmente importante en esta serie, todos los episodios. Creo que algo parecido sólo se ha dado en nuestro país con el último capítulo de Perdidos, repito, con el último capítulo de Perdidos, pero ¡con cada capítulo! y ¡poblando de spoilers un medio totalmente main stream! Esto, que yo sepa, nunca había pasado. Y es que JdT ha llegado pisando fuerte a la generalidad.

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Peñíscola (Castellón) – Escenario de la Sexta Temporada de JdT

Pero ¿cómo y de dónde han salido todos esos millones de seguidores? Es cierto que la masa crítica estaba formada. Los que ya tenemos cierta edad recordamos nuestros tiempos mozos cuando íbamos con el libro rosa compilado de El Señor de los Anillos , el de El Círculo de Lectores, y cómo la gente te solía mirar. Sorprendentemente llegamos, unos quince años después, a ver cómo los fans de El Señor de los Anillos hacían de las pelis de Peter Jackson un completo éxito de crítica y, sobre todo, público. Me hacía recordar lo que solía oír cuando era crío «¿quién va a ir a ver una peli de enanos y elfos?«. Pues realmente fue mucha gente. Y así se constató que la épica medieval y la fantasía era un posible objeto de entretenimiento. Y de negocio.

¿Es la Sexta temporada la mejor de la serie?

El punto de inflexión para Juego de Tronos, en mi opinión, lo marca la cuarta temporada, sin perder de vista la Boda Roja, claro. Los huérfanos de épica, tramas con toques de fantasía y, seamos sinceros, tramas adultas, con temas adultos, que pueden ocurrir en ambientes en los que aparecen dragones y achicharran a un enemigo sin que por eso resulten ridículos o infantiles, toda esa población, que se encuentran en una pinza generacional entre cerca de los treinta a cerca de los cuarenta y cinco, se enamora de Juego de Tronos. Todos esos que, aunque no la seguían desde la primera temporada, empezaron a tomarla en serio e interesarse con los videos de youtube que recogían las reacciones a la Boda Roja, devoraron las tres primeras temporadas y llegaron como telespectadores preparados y formados en su universo a la cuarta temporada y esta temporada no les defraudó.

Personajes como Oberyn Martel, Olena Tyrell, Cersei y Tyrion Lannister, el drama Stark y Theon Greyjoy despedazado poco a poco por Ramsey Nieve. La depravación, el odio, la ira y, sobre todo, el azar que hace de Juego de Tronos lo más parecido a la vida siendo tan poco parecido a la vida. Todo eso se condensó de tal manera en la cuarta temporada que disparó a la serie de Weiss & Benioff de tal manera que ya nunca más pudiera ser tomada como una serie con enanos y dragones, nada más. Llegó hasta la cima. Se hicieron rankings de preferencias entre los telespectadores y desplazó a Perdidos como el número uno. Los críticos razonaban que Tyrion Lannister era un personaje muy rico, con al menos las famosas doce dimensiones de Toni Soprano. Tocó el cielo.

Y sin embargo, la quinta temporada supuso para los seguidores una pequeña decepción. Tramas estiradas como el chicle, material literario escaso, mensajes contrapuestos y poco claros y el anti climax de la muerte de Jon Nieve, lanzaron sobre la serie la sombra de la duda sobre su futuro. Comentarios sobre si Martin iba o no iba a publicar por fin Vientos de invierno, si la serie se separaba definitivamente de los libros porque no había material suficiente y que HBO planeaba parar la serie hasta la publicación del nuevo libro porque los guionistas no sabían qué hacer y que cubrirían ese parón con una mini serie sobre la rebelión de Robert, ocultaron lo realmente importante de la quinta temporada y que sólo hemos sabido ver ahora, con el paso de la sexta: el mejor capítulo fue el nueve, como casi siempre, pero en este caso, Casa Austera, era un capítulo sin base literaria y, sin embargo, magnífico, excepcional, quizá el mejor de toda la serie hasta ese momento.

Sin darnos cuenta de esto comenzamos a visionar la sexta y nos atragantamos con la velocidad. No había libros detrás, ya no había cortapisas, los guardianes de la verdad, los  lectores fundamentalistas, ya no tenían argumentos para contrarrestar lo que aparecía en la pantalla y se pudieron relajar. Los personajes caían como moscas, los giros iban uno detrás de otro. Jon resucitaba en el segundo capítulo cuando todos pensábamos que no iba a ocurrir tan rápido y llegábamos a la muerte de Hodor casi sin respiración y pensando «¿cómo van a superar esto?». Y entonces, con parada breve en un soporífero octavo, llego el nueve. La «Batalla de los bastardos«. Algo así como ver Braveheart pero «más adentro todavía». Y después el diez. Cersei se coronaba y todos, absolutamente todos, saltábamos en el sofá viendo a Daenerys partiendo a Poniente y a Jon coronado por aclamación como Rey en el Norte.

Estamos, es cierto, ante la serie más influyente de la historia reciente de la televisión. De las últimas décadas. Y además, de la serie más cuidada técnicamente. Es cierto que el casting no llega, por ejemplo, al nivel actoral de la primera temporada de The Wire o algunos puntos de Breaking Bad. O que Twin Peaks supuso una ruptura tal que seguramente cambió la televisión y, de alguna manera, posibilitó la fiebre actual por la series de televisión, mostrando a los directores y guionistas de primer nivel que una serie era quizá el entorno perfecto para dar un verdadero arco a un personaje, por extensión y por dimensión. No. Juego de Tronos no es una revolución de ese estilo. Pero es una revolución. La fantasía adulta es mainstream desde esta sexta temporada. Y estamos de enhorabuena.

Y ahora ¿qué?

La Séptima temporada se estrenará en abril en el verano de 2017. Se dice, se comenta, que Daenerys amarrará su enorme flota Targaryan-Martell-Greyjoy en las costas de Zumaia. No está claro si será una temporada completa. Se cree que para que haya dos deberán dividir en ocho episodios cada una y que no se esperará un año entero para estrenar la última. HBO ha confirmado dos temporadas de 8 episodios. Lo que está claro es que Cersei caerá matando. Pero caerá. Meñique traicionará a Jon de alguna manera y arrastrará a Sansa tras él. Y Daenerys se sentará en el Trono de Hierro quién sabe si rodeada por las cenizas de una Desembarco del Rey tomada a Fuego e Ira. Y a partir de ahí ¿qué?

Los Caminantes Blancos y el Cuervo de Tres Ojos.

Casi nada.