Magnolia (Rufus T. Firefly, 2017)

Conocí a Rufus T. Firefly en un concierto de Radio 3 hace unos años. Puse la tele y sólo alcancé a ver un montón de chavales tocando increiblemente bien un montón de insrumentos y melodías superpuestas. Era el concierto en el que presentaban Nueve (2014) su anterior trabajo, que cuenta con una canción increible llamada ´El Problemático Winston Smith´.

El nueve que titulaba ese trabajo indicaba que esos eran los años que este grupo de Aranjuez, que toma el nombre del personaje que interpretaba Groucho Marx en Sopa de Ganso (Leo McCarey, 1933), llevaba girando. Nueve, que ahora son doce, y sigue la eterna duda en el aire ¿cómo es posible que un grupo tan increible no haya llegado al gran público?

Rufus T. Firefly te puede gustar más o menos. Puedes hasta odiarlo, pues toda expresión artística está sujeta al gusto de quién la disfruta. Pero lo que de ninguna manera puedes obviar es la inestimable calidad que atesoran los integrantes de este grupo. El dominio de los instrumentos que tienen y que les permiten utilizar recursos que otros ni siquiera conocen de su existencia.

Rufus T. Firefly es un grupo que atesora calidad en la ejecución, en la composición y en la producción. Sus canciones son experiencias. Magnolia no es un disco de consumo rápido. Exige del que escucha pero, a cambio, da satisfacción que perdura en el tiempo.

A veces, escuchando las canciones de este disco, parecería que nos encontramos ante una formación entroncada en un Jazz contemporáneo y es que las piezas, aunque cantadas y por tanto canciones, progresan con un frescor de falsa improvisación. Falsa porque si algo me ha quedado claro es que son unos perfeccionistas denodados, que no deben descansar hasta que toda nota que aparezca en las innumerables melodías principales y secundarias esté justificada y empaste en el conjunto.

Bajando al detalle, Magnolia es un disco que podríamos catalogar como psicodélico, progresivo, con elementos electrónicos actuales y ochenteros, con guitarras y bajos poderosos, con una batería que suena a veces espesa y con una voz que desgrana letras sin aparente sentido y que forma poesía de caracter lírico que, sin embargo, llega a implantar versos reconocibles y tarareables en quien la escucha.

Es en definitiva, quizá, lo que pudiera parecer como lo más alejado del main stream actual, una apuesta adulta por música que te hace viajar y recorrer las mentes de sus autores, sin concesiones a gustos masivos, una invitación a vivir una experiencia más que a escuchar un disco. Y sin embargo, también logra colocar un par de temas en buena posición para ser programado no sólo por cadenas especializadas sino por generales y contiene varias candidatas a ser remezcladas y activadas por dj´s para quemar algunas pistas.

Rock, indie psicódélico, progresivo y electrónico. No estamos hablando de música de masas… por ahora.

En un disco de diez temas, tres sobresalen por méritos propios y un cuarto es un puro mecanismo de relojería que atrapa desde la primera escucha y te secuestra durante días y semanas. Balance más que positivo si reconocemos en las seis restantes canciones de notable alto. Me permito desgranar las cuatro ´magníficas´.

Tsukamori da la bienvenida al disco con una melodía inicial sacada de las películas de ordenadores de los años ochenta. Bases punteadas que te ponen sobreaviso de lo que va a venir. Canción que te toma del mano y te mece en los primeros compases del viaje de Magnolia y te deja esas perlas que pueblan el disco: ´que el aullido del viento se haga canción´. Brutal.

Cisne Negro es una canción oscura, trémula, con una melodía de fondo de baquetas sobre la que el grupo va pintando las sucesivas y la voz susurra, más que canta, versos que te sumergen en el mundo del otro lado. El bajo y los sonidos electrónicos hacen un diálogo a lo largo del tema. Grandísima propuesta y candidata evidente a poblar pistas.

–O– , es quizá el tema más parecido a lo que podría denominarse como éxito masivo en el mundo de Rufus T. Firefly y presenta una propuesta basada en el bajo otra vez y las codas electrónicas mientras los versos, también esta vez negros como boca de lobo, hacen el trabajo de recordarte que esto no es otro disco de consumo rápido sino algo más. Por ahí aparece también Basquiat y otras referencias a las ciudades y a la vida interior. Es también un tema bailable y brillante. Finaliza con un corolario electrónico que parece sacado directamente del ochenta más electrónico y psicodélico.

Finalmente está la canción del disco. Río Wolf. Para mí lo más potente que he escuchado en mucho tiempo. Una mezcla extraña y sin embargo adictiva. La guitarra y batería de Led Zeppelin con la electrónica de unos Pink Floyd, … no sé, absolutamente increible esta canción en la que además la letra raya la excelencia, con unos versos increibles: ´tengo el poder del fracaso / kilómetros de derrotas/ voy a saltar en pedazos / para llover en tus sábana…´ Se podría decir más alto pero no más claro, Río Wolf es lo mejor que he escuchado de un grupo español en años, quizá desde Los Amigos que Perdí de Dorian o alguna canción del debút de Vetusta Morla.

Río Wolf es grande. Muy grande. Un diez.

Dicho todo esto, os recomiendo efusivamente la escucha de este disco y me encomiendo a las giras veraniegas, porque lo que queda claro tras la primera canción es que si bueno es el disco, su producción, su composición y su ejecución, si se traslada de manera al menos parcial a los conciertos estos serán memorables.

Nota Interludio: 9.

Magnolía; Rufus T. Firefly; 2017; Datos de la grabación extraídos de su página web: Víctor Cabezuelo: Guitarra eléctrica, sintes, rodhes, piano, arpegiadores y voz; Julia Martín-Maestro: Batería, percusión, electrónica; Carlos Campos: Guitarra eléctrica y efectos; Miguel de Lucas: Bajo y moog; Manuel Cabezalí: Guitarra eléctrica; Martí Perarnau IV: Sintes y programaciones; Rodrigo Cominero: Teclados y coros; Grabado por Dany Richter en El Lado Izquierdo y por Víctor Cabezuelo en El Lago Naranja; Mezclado por Manuel Cabezalí; Masterizado por Hay Zeelen; Producido por Víctor Cabezuelo y Manuel Cabezalí.

Os dejo incrustado el disco en Spotify:

 

 

Daybreaks (Norah Jones, 2016)

Decía Robert Mitchum que ser actor consistía, básicamente, en entrar a la escena por donde te indicaban, decir tu frase y tratar de no tropezarte con ningún mueble. Esconde la provocadora boutade del grandísimo actor que dio vida, entre otros, al recordadísimo reverendo de La Noche del Cazador, dos verdades tan incontestables como quizá contradictorias.

La primera es la autoimportancia que muchos artistas ortorgan a su trabajo con la consiguiente pérdida de naturalidad que, en ocasiones, imposta el resultado. Hay que tener en cuenta que Mitchum desempeñó su actividad rodeado de compañeros adscritos al famoso Método Stanislavski, método que obligaba al actor no a emular ser un personaje sino a convertirse en el personaje, buceando incluso muchos años atrás en la vida del mismo para encontrar las motivaciones que le hacían actuar como lo hacía en la obra de teatro o película en la que trabajaba. A todas luces necesario para algunos personajes, pero no para otros, en los que se llega al exceso y a la pérdida total de la frescura necesaria que debe acompañar toda obra creativa.

La segunda verdad es que cuando un artista llega a un estatus dentro de su profesión muchas veces le basta simplemente con estar y hacer lo que se espera de él. Los automatismos y las herramientas mil veces usadas y probadas son suficientes para afrontar cualquier nuevo trabajo y asumir un riesgo o cambiar el paso, es algo que no se plantea. Todo esto dicho desde el absoluto respeto a toda tarea de creación.

Adolece Daybreaks, el último disco de Norah Jones, de ambos problemas lo que hace que quede lastrado a pesar de que es un disco amable y sensible. Y es que Norah Jones por un lado ha hecho un disco sin muchas concesiones a quienes van a oirlo desde círculos fuera del ambiente jazzistico y por el otro, su evidente capacidad como cantante y compositora, le ha permitido reunir un conjunto de canciones que no llegan a atrapar a pesar de ser todas correctas.

Daybreaks es un disco bonito, bien cantado, bien tocado y bien producido. Otra cosa es que sea relevante. Norah Jones es una de los mayores exponentes del Pop-Jazz moderno. Ha vendido unos 50 millones de discos a lo largo de su carrera y está enraizada en el mainstream. Quizá esperábamos algún tema o hit que nos elevase en este nuevo trabajo que se anunciaba como el retorno a la senda de su primer gran disco, Come Away With Me.

Al oirlo, el disco te gusta, no es posible que las canciones que lo forman no te parezcan sensibles y bonitas, pero no pasa de ahí. Es decir, se escucha pero no te atrapa. Cuesta querer repetir una canción tras su escucha. Cuesta identificarse con los temas.

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Norah al piano.

Analizando más a detalle las canciones podemos decir que hay de tres grandes grupos: las primeras, las que pertenecen al Jazz clásico, gobernadas por un piano como hilo conductor y a las que pone la guinda la estupenda voz de la cantante. En el segundo grupo, aquellas que se acercan más al pop, con el uso de caja de sonido en vez de batería en vivo y que están bastante conectadas con un trabajo anterior de la artista, The Fall. Por último, hay un par en las que el country sazona los ritmos.

En definitiva un remix de estilos, algo habitual en de la obra de la artista, pero al que, en este caso, no consigue dotar de sensación de continuidad y unidad a lo largo del disco.

A pesar de todo, hay muy buenas canciones y sobre todo debo remarcar dos.

La primera Flipside, una canción con un piano rápido, tremendamente cantada y que nos devuelve una apuesta interesante por parte de Jones. Quizá el mayor riesgo del disco.

La otra una preciosa balada jazz clásica, And Then There Was You, que realmente demuestra que vocalmente es una superdotada y que podría haber estado en el repertorio de cualquier gran dama clásica de Jazz.

También, apuntar que hay una versión de Neil Young, Don´t Be Denied, que está bastante bien.

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Norah Jones y Neil Young en un concierto.

En definitiva, un disco bonito, que demuestra los valores de Norah Jones como una de las cantantes más dotadas del Jazz moderno pero que, para mí, no aporta nada nuevo o remarcable.

A pesar de esta humilde opinión que os traigo, quiero terminar esta crítica apuntando que el disco ha sido muy bien recibido por la crítica en general y ha debutado como número uno en las listas de Jazz de EEUU y los principales países europeos. Al César, lo que es del César.

Nota Interludio: 6,5

Daybreaks (2016). Norah Jones. Blue Notes Records.

Os adjunto el disco en Spotify.

American English (Tor Miller, 2016)

Este disco me ha encantado. Lo digo de antemano porque prefiero que no creais que voy a tratar de ser neutral en esta reseña. Para mí ha sido una sorpresa mayúscula y me ha gustado casi por completo, aunque reconozco que un par de cortes de los trece que lo componen podrían sobrar. Aún así, me parece un gran disco y sobre todo el comienzo de una gran carrera que tendrá en un futuro, seguro, cotas más altas tanto de fama como de creatividad. Y es que con Tor Miller lo bueno, aún cuando lo presente está muy bien, seguro que está por venir.

Tor Miller. Neoyorquino de Brooklyn. Veintidos años. Veintidos años, lo vuelvo a decir porque es casi increible que alguien que firma alguna de las canciones de este disco acabe, por así decirlo, de entrar en la veintena. Este cantante dotado de una voz personalísima que bebe en las profundas aguas de Bowie, Elton John, Jeff Buckley y quizá del mejor Billie Joel desde los mejores discos del propio Billie Joel, afronta desde su piano unas veces  y otras con un fondo electrónico o con arreglos propios de una banda sonora e incluso desde el dudúa de típica película de los cincuenta un trabajo sobrio, personal y transparente. Ejecuta un par de baladas que no desentonarían en el repertorio de Adele o de cualquier otro de las damas de la música inglesa actual y demuestra que puede batirse en un duelo con ellas saliendo vivo de esa liza. Pero no es un cantante de baladas. Y es que tampoco es un cantante pop, ni un one front man, aunque sea todo eso y seguramente más. Enorme potencial el que simplemente deja entrever en este trabajo el señor Miller aunque, he de reconocer que oir del tirón este disco puede resultar intenso. Capas y capas de producción que sobresaturan el momento final dejan como resultado una experiencia por la que hay que pasar para saber qué diablos se cuece en el Nueva York que se acerca al dos mil veinte y que, oyendo a este cantante, se ha saltado por completo los noventa y dos mil para afrontar esta época armado hasta los dientes con los mejores setenta.

El primer corte, Surrender, es una canción abigarrada, con pared de de sonido al estilo Phil Spector, que nos recuerda algún éxito de John Newman apuntalada por sus coros lejanos y que termina en un anti climax. Y ahí aparece Midnight, una oda desgarrada al Nueva York actual y al otro, al mítico, a aquel que todos tenemos grabado en el cerebro por las películas de Scorsese. Alguien puede sentirse sólo en la medianoche de la capital del mundo se pregunta Tor armado por su piano y su voz tan particular. Grandísima letra para esta grandísima canción que merece ser leida al menos una vez para entender por completo lo que nos quiere decir este piano man.

Pasamos a Always en la que Tor nos dice que sí, que sabe lo que son unas bases programadas  y que también las puede usar bien, que todo en esta vida no son los setenta y nos presenta una canción trepidante y muy actual, para conectar rápidamente, salvando las distancias, al estilo de unos One Republic refinados.

Carter & Cash fue mi primer contacto con él hace ya meses, escuchada en Radio 3, y es un pelotazo en toda regla. Diferente y atemporal, con ritmo, que te engancha y te descubres tarareando horas después. Si la escuchas y te gusta la escucharás más y más, garantizado.

Llega la balada por antonomasia del disco, Washington Square Park, donde Tor muestra la patita a las Adele del mundo y les dice «aquí estoy yo» y canta pasando por todas las fases de voz, desde el falsete hasta la profundidad, con una falsa desnudez bien producida que no deja sólo al cantante pero tampoco le molesta, haciendo poco a poco cada vez más, añadiendo cuerda y voces en los momentos precisos para darle épica al tema. A algunos les enamorará y a otros les cansará pero a todos les va a parecer un tema bueno y valiente.

Headlights, refresca la situación tan dramática del anterior tema y nos devuelve a la fórmula del éxito piano más voz que poco a poco va tomando forma en tema, de esos que sabes que en un concierto va a ser un momentazo, con voz en grito incluida. Gran canción.

Pasamos por cortes hasta llegar al que ahora mismo es mi tema preferido del disco, All Fall Down, he de reconocer que estoy totalmente entregado a esta pieza con un coro que te infecta directamente el centro neurológico del ritmo desde el inicio. No te abandona.

The Dirt es una balada du-dua y compone esa pequeña dosis de extraña rareza puramente americana y cincuentera que no desentona en un entorno tan iconoclasta como es este American English y hace que Tor sea más Joel que nunca.

Todo acaba con Stampede que encierra mucha producción y toques coldplayeros y nos sumerge en un pozo de melancolía pero con una luz al final del tunel.

American English me ha encantado. Desde la portada con esas letras a lo American Gigolo, esa foto excelente con ese toque totalmente setentero y ese look a lo Bryan Ferry de Tor. Un gran disco que puede que pase desapercibido pero que anuncia que Tor Miller de tan sólo veintidos años va a ser uno de los autores americanos con más proyección en los próximos años, sin duda. Descúbrelo.

American English. Tor Miller, 2016. Glassnote Records.

Nota Interludio: 9

A continuación os incrusto el disco en Spotify y algunos videos de youtube de actuaciones en directo bastante flipantes, demostrando la voz que tiene. No te lo pierdas.

Nothing´s Real (Shura, 2016)

Primer disco que traemos a Interludio Creativo y hemos elegido uno que seguro hace las delicias de todos aquellos que leeis este Blog. Este albúm, Nothing´s Real, se lanzó por Polydor el 8 de Julio de 2016 por lo que está todavía calentito.

Shura es una cantante muy joven, veinticinco años la contemplan, nacida en la ciudad de Manchester y si bien es cierto que en las Islas la música forma parte fundamental de la educación y, por tanto, es un vergel de producción, de estilos y de innovación contínua, no es menos cierto que Manchester es el enclave donde muchas de las revoluciones musicales han tenido origen, siendo la más representativa el movimiento Madchester, por lo que la actividad en esta ciudad es especialmente intensa y representativa. Shura toma la electrónica como via de expresión con todas las tonalidades y posibilidades de los últimos 30 años desarrolladas en ese enclave.

El otro punto fundamental sobre el que bascula la artista es el actual revival de los 80 que está teniendo lugar en todas las expresiones de la cultura: cine (Drive), series de tv (Stranger Things, Narcos, …), música (La Rouge o incluso temas de Arcade Fire, …). Shura lo adapta a sus cualidades resultando en una especie de Madonna pero con una elegancia y sensibilidad a flor de piel. No es en vano la comparación con Madonna ya que hay arreglos que nos recuerdan a la reina del pop de la época de Like a Virgin pero, como digo, Shura consigue que no chirríen y los aprovecha con una personalidad tal que al instante te descubres viajando a su mundo y explorándolo como si fuese absolutamente nuevo y único.

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Once canciones separadas por dos cortes introductorios llamados (i) y (ii) a modo de separación de las antiguas caras de los discos de vinilos presentan este Nothing´s Real.

Destaca su voz cercana a, otra vez, Madonna en ocasiones y en otras a una Kylie Minogue menos chillona, rebosante de calidad y frescura. Controla los tiempos y las canciones y les da un toque especial a  cada una.

Empieza la homónima Nothing´s Real mostrando todas las virtudes pero sin elevar por encima del bien el conjunto del corte. Touch, la tercera, sí que lo consigue y es en la primera que vemos el verdadero potencial de esta autora y cantante. Es hipnótica la base y cómo su voz va susurrando la letra estrofa tras estrofa. Un gran tema, delicado y redondo.

Kids´N¨Stuff contínua la senda de Touch sin quizá llegar a esa altura pero abriendo nuevos puntos de conexión con la Cicconne.

Indecision actúa como un trasunto del archifamoso Celebration de Madonna. Las comparaciones se repiten y sin embargo nunca como algo que menoscabe el trabajo de la de Manchester, simplemente como una categoría en la que sus temas encajan, nada más.

What Happened to Us? conecta de una manera sorprendente con el mejor Fleetwood Mac y con algo diferente y bonito, resultando una canción otra vez redonda y menos electrónica, más preparada para el Mainstream a pesar de la letra explícita. Esta es mi preferida del disco.

Tongue Tied también raya el nivel alto y me convence de que este disco es muy interesante, que Shura es un valor a seguir y que podría funcionar en radiofórmula tranquilamente.

Make it Up, la canción con la que la descubrí, explicita a lo que nos referimos con la vuelta a los ochenta y está también preparada para sonar mucho en la radio.

White Lights es la típica ida de olla de algunos discos, una canción de más de diez minutos que comienza normal pero luego se mantiene durante minutos y minutos en una trasgresión que seguramente gustará a los que también buscan mezclas y bases en este disco pero que no convencerá al resto. Algo similar le ocurre a The Space Tapes, un tema que en concierto es muy probable que eleve a la audiencia y que Shura utilice para demostrar sus valores en una vertiente más ácida y muy conectada con lo que hablábamos al principio de la tradición de Manchester.

En definitiva, un disco muy, muy interesante de una artista con escasos veinticinco años y que a pesar de que ya tenía otros EPs publicados no conocía y que está llamada a decir mucho en el futuro. La seguiremos con mucha atención.

Nothing´s Real, Shura, 2016. Polydor. Música Electropop, Indietrónica.

Nota Interludio: 8

A continuación os dejo el albúm en Spotify y os inserto algunas canciones de Shura de Youtube. Por favor, escuchadlo, no os defraudará.

 

GoGo Penguin – Trío de Jazz desde Manchester 

Cumplía 40 años el Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz en este inicio de julio de 2016 y entre todos los conciertos programados hubo como siempre que elegir, no porque no hubiese variedad y categoría entre los participantes sino por todo lo contrario. Como todos los años nos centramos en los programados en el Teatro Principal que selecciona los artistas con más proyección y además los programa a una hora de tarde, las seis, que favorece que asistas al concierto y luego empalmes con todos los demás actos del festival o, si no puedes o tienes otros compromisos, disfrutes de un pequeño oasis musical y luego retornes a tus quehaceres diarios.

Al final el concierto seleccionado fue el de «la banda de Jazz más importante de Gran Bretaña» según la presentaron al inicio del mismo,  es decir, el trío GoGo Penguin. La formación está compuesta por un pianista, Chris Illingworth, un bajo, Nick Blacka, y un batería, Rob Turner, originarios de Manchester, extremadamente jóvenes y con una vocación de fusión del jazz con los ritmos electrónicos, bases y loops pregrabadas incluidas, que, sin dejar de traicionar una vocación original y con pureza, le da un toque que llega a conectar sin dificultades con el público más generalista. Y es quizá esa capacidad la que explica que desde la publicación de su segundo disco, v2.0 (2014), estén cosechando críticas positivas y su nombre se extienda por festivales y conciertos.

Como decía suenan realmente bien en directo, aprovechando la línea argumental que les da un piano prodigiosamente tocado que sin embargo no opaca al resto de instrumentos. El contrabajo, ya sea atacado con los dedos o con un electrizante arco, imprime el carácter particular a las composiciones que, sin embargo, alcanzan la categoría de power jazz cuando la batería empuja al trío.

Se percibe que les está llegando su momento en cómo afrontan el concierto, cómo dominan los tiempos y cómo engarzan una composición tras otra, sabiendo lo preciso del mecanismo que late por debajo del talento los tres.

Tres discos resumen su trayectoria: Fanfares (2012); v2.0 (2014) y Man Made Object (2016). Este último bajo el sello de la siempre prestigiosa Blue Note Récords, algo que les enorgullece y no olvidan de recordar en el concierto.

Voy a traeros cuatro de sus composiciones más características y que tuve la suerte de oír en directo en el concierto.

Comenzamos por Initiate, de su último disco Man Made Object (2016) una composición de corte tradicional que es capaz de transportarte a una mañana de sol entre claros de un bosque otoñal.

De su segundo disco, v2.0 (2014), el que realmente les puso en órbita, os presento el tema que les resume de la mejor manera posible, Hopopono.

Su primer disco Fanfares (2012), quizá el más intimista, tenía pequeñas joyas como este Akasthesia:

Y ya para terminar quizá el tema que les puede hacer llegar de manera más masiva al público y que me hace preguntarme qué podría hacer este trío con la banda sonora de una película de la saga Bourne, por ejemplo. Se trata de Protest, del último disco Man Made Object (2016).

Si tienes la oportunidad de verlos no te lo pierdas.