Emboscada Final (2019, John Lee Hancock) – Una mirada cansada y hastiada a un suceso real

Esta producción de Netflix es un rara avis respecto a otras que se realizan hoy en día. Comparte con los film de autores consagrados como Eastwood, la quietud de la cámara y la contemplación de los grandes paisajes norteamericanos. Coloca la cámara en un punto de la amplitud de esas llanuras transitadas por las grandes autopistas americanas  y contempla, más que muestra, cómo la vida sucede en tiempo casi real. Hancock, su director, fue guionistas de dos de los títulos más importantes del Eastwood de los 90: Un mundo perfecto (1993, Clint Eastwood) y Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal (1997, Clint Eastwood) y el aroma del primero de ellos se percibe a lo largo de toda la cinta, incrementado todo ello por la coincidencia del protagonista, Kevin Costner.

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No acaban ahí los puntos de conexión. Kevin Costner y Woody Harrelson dan vida a una dupla de maduros descolocados en un mundo cambiante. La técnificación, aunque estemos en 1934,  es un hecho y los cowboys del siglo XIX que representan ambos, se ven envueltos en un entorno que no comprenden y que ha convertido sus propias andanzas juveniles en historias de leyenda de héroes antiguos, vacías de la sucia realidad y, por tanto, dulcificadas hasta la mentira. Un planteamiento muy similar a Space Cowboys (2000, Clint Eastwood).

Estas similitudes no son casuales. Hancock trata así de dotar de clasicismo a la cinta. Realmente los paisajes y la construcción de la pareja protagonista están conseguidos, pero la cinta naufraga porque no sabe atrapar la atención de los espectadores sobre las interesantes cuestiones que plantea y, simplemente, se despista a una caza al asesino, que aunque no lo parezca, no es lo importante.

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Estamos en 1934. Bonnie & Clyde, los famosos asaltantes de caminos de los años treinta a los que dieron vida Warren Beatty y Faye Dunnaway, siembran de policias muertos los caminos de California. Las autoridades son incapaces que atraparlos por un lado porque ellos saben como escaparse y por otro lado porque son como estrellas de rock para la población más deprimida. En una Norteamérica en la que el Big Deal aún no ha hecho efecto y la pobreza desencadenada por el Crack del 29 campa a sus anchas, los dos asaltantes que roban a los ricos y dan a los pobres, tienen el favor de la población. Los siguen en los periódicos como si de la gira de los Rolling Stones se tratase y los periodistas comentan los atuendos que Bonnie exhibe en sus crímenes. Por raro que pueda parecer, ambos asesinos gustan de vestir a la última moda y de copiar a los artistas del Hollywood dorado y eso, a los sensacionalistas medios de la época, les encanta y los tratan como patricios de la alta sociedad. Encumbrados por matar y vestir bien.

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Nada da resultado para atraparlos y el último recurso es resucitar a los Rangers. Los Rangers es un cuerpo cuasi irregular que parecía tener sentido en el antiguo oeste pero al que el tecnificado siglo XX los ha vaciado de sentido. El FBI puebla de micrófonos y escuchas los caminos, pero aún así siguen siendo incapaces de encontrar donde los dos asaltantes se esconden, basicamente porque olvidan el famoso Factor Humano. Frank Hammer (Kevin Costner), el ranger más famoso de la Historia, y Many Gault (Woody Harrelson) su alcoholizado compañero, son enrolados de nuevo para tratar de frenar la escalada de asesinatos. Con tácticas basadas en cómo perseguían a los cuatreros y los asaltantes de bancos, persiguen hasta dar caza a la banda de Clyde.

El proceso de cómo lo logran describe el camino del héroe del protagonista y es aquí cuando la película, y el guionista-director,  deja entrever las cuestiones de fondo que plantea y que son interesantísimas por lo actuales que resultan: la fama incomprensiblemente otorgada a los que menos lo merecen. La tecnificación en exceso, la superficialidad del uso de la ciencia que olvida a los buenos profesionales en favor de métodos, que por ser nuevos simplemente, no tienen por qué ser mejores. La violencia que el ser humano desencadena cuando no encuentra maneras de afrontar problemas que parecen irresolubles. El campo, lo rural, tan vacío y carente de facilidades, tan inaprensible y libre de la supervisión de las grandes ciudades, tan poblado de personas que buscan de manera individual su futuro y en los que las leyes dejan de ser obligatorias para ser circunstanciales. El dolor de un padre ante el monstruo en el que se ha convertido su amado hijo. La mezquindad, la ausencia de honor y de heroidicidad de los actos, y la necesidad de ocultar la parte más fea de la ralidad para mantener vivos los cuentos y leyendas que sirven de enseñanza de valores para las nuevas generaciones.

 

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Preguntas, como decimos, de plena actualidad, pero que la película sólo deja dibujadas, como un fondo del óleo que componen, de manera creíble, Costner y Harrelson.

Es, también, muy interesante, el estudio de la violencia que deja la película y la reflexión de la historia del «manos arriba» que cuenta Harrelson, que plantea cómo, a veces, actos realmente mezquinos son elevados a la categoría de hazaña por gente que nunca estuvo en el lugar y en el momento en el que sucedieron. Y cómo para acabar con los asesinos, a veces, la sociedad recurre a asesinos también.

Nota Interludio: 6

Emboscada Final; Título original The Highwaymen Año2019Duración: 120 min.

DirecciónJohn Lee Hancock; Guion: John Lee Hancock, John Fusco; Música: Thomas Newman ; Fotografía: John Schwartzman; Reparto: Kevin Costner, Woody Harrelson, Kathy Bates, Kim Dickens, Jane McNeill, Mike Young, Johnny McPhail.

 

Capitana Marvel (2019, Anna Boden & Ryan Fleck) … y al final llegó ella.

Tras el shock brutal al Universo Marvel desatado en los últimos minutos de Vengadores: Infinity War, no estaba muy claro cómo iban a salir de este embrollo para presentar una nueva película y un nuevo personaje. La mejor salida era la solución «Hodor» y así lo han demostrado con esta Capitana Marvel. Y a tal fin nos han embarcado en una aventura «hace veinticinco años» y además de presentarnos una nueva historia, la han salpimentado de guiños a aquellos que estos días nos sorprendemos al darnos cuenta de que el malogrado Kurt Cobain nos dejó hace ya la friolera de esos veinticinco años.

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Ver a Brie Larson con una camiseta de NIN casi todo el metraje hace que un segmento de la población sonría sin darse cuenta. Y cuando suena Elastica y su «Connection» ya ni te cuento.

Capitana Marvel ha roto todas las taquillas. Sin embargo, a mi entender, Wonder Woman es mucho mejor película y fue más importante también fuera de las salas de cine. Aún así, Carol Danvers llega la última a la fiesta y promete tener muchísimo peso en la, a punto de estrenarse, Vengadores: Endgame. Veremos quien de las dos quedará establecida como la heroína de masas en los próximos años.

Y, sin temor a equivocarnos, esa sensación que transmite la película es lo mejor de la misma. Sales del cine recargado porque la carismática protagonista ha dado una buena zurra a todos y además has escuchado un montón de grunge y brit pop. ¿se puede pedir más? evidentemente, sí.

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La película está dividida en tres actos muy diferenciados. El primer acto nos situa en la capital del Imperio Kree, una especie alienígena gobernada por una Inteligencia Artificial que está en permanente guerra con otra especie, los Krull, que tiene la curiosas capacidad de metamorfosearse con el aspecto de cualquiera.

Escuchar a Nirvana en una película de super-héroes hace que se cuadre el círculo para todos los miles de seguidores que rondan los cuarenta. Eso es un hecho.

En esta parte, la película parece cortada. Es decir, debía de haber mucho más metraje que no ha cabido en los 120 minutos sobrados que ocupa el film. Si no, no se entiende cómo puede hacerse un primer tercio tan atropellado y sin aparente sentido. En esa fase asistimos a la formación de Vers, uno de los tres personajes que interpreta Brie Larson interpretando al mismo, es decir: Capitana Marvel, Carol Danvers y Vers. Vers, la kree, no puede dormir y prefiere pelear para entrenarse como la mejor luchadora posible para la guerra. Destaca Jude Law. Interpreta bien a Yon-Rogg, superior y mentor de la kree Vers.

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Pero falta pegamento en la historia y puntos que poder unir con la línea de la trama. Se nos hace trabajar demasiado como espectadores y vale, no estamos ante una película con la complicación de una de Bergmann, pero tampoco tiene mucho sentido que los directores no nos presenten las claves de la historia, por mucho que la historia sea fácil.

Tres actos bien diferenciados conforman la peli de la Capitana Marvel. El primero flojo, el segundo bueno y el tercero regular. Quizá hubiera sido mejor que las aventuras en los noventa de Carol Danvers hubieran tenido más peso en el film, con ese lujo de Samuel L. Jackson de escudero.

En la segunda fase de la película, la marciana Vers aterriza en el 1992 de Terminator 2 y todo mejora sustancialmente. La aparición de Samuel L. Jackson como compañero de la buddy movie en la que se transforma la cinta, obra gran parte del milagro. Hay un momento puntual en el que casi parece un capítulo de Expediente X protagonizado por Nick Furia y Carol Danvers, en vez de Mulder y Scully y la trama lo agradece.

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Luego aparecen más rato los Skrull y se vuelve a convertir en el tebeo que es, aunque no al nivel de otros tebeos que hemos visto. No tiene, ni de lejos, la maravillosa trama y despliegue de personajes de cualquiera de los Vengadores, es obvio, pero tampoco llega a las de Capitán America ni Iron Man, los premium de la fase 1 de Marvel y, ni tan siquiera, a la segunda de Ant-Man.

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A pesar de todo, es una peli de super héroes, protagonizada por una actriz con carisma y oficio, no en vano posee un oscar, con ritmo y bien encardinada en el universo Marvel. Pero eso sí, y a mi modesto entender, no llega ni de lejos a poder igualar a esa magnífica película de aventuras y guiño friki que fue Wonder Woman.

Capitana Marvel; 2019; Dir.: Anna Boden, Ryan Fleck; Producción: Kevin Feige ; Guion: Anna Boden, Ryan Fleck, Geneva Robertson-Dworet, Jac Schaefller ; Fotografia: Ben Davis; Montaje: Elliot Graham, Debbie Berman; Protagonistas: Brie Larson, Jude Law, Ben Mendesohn, Samule L. Jackson, Lashana Lynch, Gemma Chan, Lee Pace, Clark Gregg, Annette Bening.

Nota Interludio: 6.5.

Podcast – Desde Rusia con Amor (1963, Terence Young)

Hola a todos de nuevo. Aquí estamos y os queremos presentar nuestro primer podcast especial sobre James Bond. Hemos elegido Desde Rusia con Amor, la segunda película del espía inglés.

Si te apetece pasar un buen rato «agitado pero no revuelto», descubrir algunas anécdotas interesantes que igual no conocías sobre la película o sobre el autor de las novelas de Bond, Ian Fleming o simplemente recordar las escenas más memorables de la peli, no te cortes y dale al play. Comentarios bien recibidos siempre!

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Podcast – Los Últimos Jedi (Star Wars VIII)

Una crítica de detalle no ha sido suficiente, aunque te invitamos de nuevo a leerla aquí, y hemos decidido dedicar un podcast completo al estreno con más polémica del Universo Star Wars. Escucha nuestro podcast, totalmente personal, en el que analizamos lo que nos ha gustado, y mucho, y lo que nos ha dejado tristes, y mucho, de esta nueva película Star Wars.

En este podcast tratamos de ser objetivos y no caemos en extremos, simplemente decimos lo bueno y lo malo de esta nueva película.

¡¡Que la fuerza te acompañe escuchando nuestro nuevo podcast!!

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Reseña y Crítica – Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017)

Todos los que hemos sentido esa sensación de pasión, amor, admiración, bienestar y gozo que resume la mezcla excitante de ver una película magistral (también aplicable a un libro, disco o cualquier expresión artística) nos hemos preguntado alguna vez qué sería de la vida de sus protagonistas una vez que el fundido en negro los abandonó en su mundo imaginario. Qué ocurriría con la historia de amor de la pareja portagonista. Si vivirían felices y comerían perdices o una discusión por la educación de alguno de sus vástagos llevaría al traste su relación. Es humano y lógico querer una vez y otra revivir esa sensación primigenia y en ello se basa buena parte de la teoría de los arquetipos y del camino del héroe de los amigos Jung y Campbell. Es, en definitiva, humano no poder romper el lazo con aquellos personajes e historias que tanto placer nos han dado.

Por otro lado es necesario apuntar que nos encontramos en una fase de la producción del entretenimiento en el que se han dado la vuelta a muchas cosas y la principal es que el progreso artístico y la innovación, las nuevas historias y la creación de iconos y mitos se está dando mucho más en la televisión que en el cine. Es por eso que parece que mientras Juego de Tronos, Westworld, The Leftovers, Handmaid´s Tale o Narcos reinan en la televisión y en los corazones de los seguidores, logrando de paso dinero ingente con el merchandising, el cine se debe contentar con retomar historias de hace treinta años para conseguir movilizar de manera suficiente al público para que acuda a verlas y se logren magras recaudaciones.

Si lo pensamos bien y si somos fans de estas pelis míticas estamos de enhorabuena. Cada vez es más probable que se retome esa película que te marcó de pequeño y que se aplique a ello el mejor director del momento, con el mejor cast posible. Parece que esto es una tontería pero siempre tenemos la posibilidad de ver Grease 2 o Los Inmortales 2 para darnos cuenta de que años atrás esto no fue así y muy pocas secuelas se trataban con el respeto adecuado para ello y pasaban inmediatamente a engrosar las baldas de los videoclubes, muchas veces sin siquiera pasar por el cine. Estrenada directamente en video, como rezaban las caratulas de los VHS.

Hay muchas secuelas, precuelas y pelis de superhéroes actualmente. Es cierto. Pero al menos se realizan cuidando hasta el más mínimo detalle y con respeto a las originales. Blade Runner 2049 es un ejemplo.

Por otro lado, el pirateo afecta en estos momentos más al cine que a la televisión, básicamente porque Netflix y HBO están sabiendo cómo adaptarse mejor a este mercado actual. También ha llegado a afectar seriamente a la industria las tendencias del público de ver en webs como esta (me gustaría, en realidad el estudio está basado en el agregador Rotten Tomatoes) antes de ir al cine, opiniones de otros usuarios. Según estos estudios los malos resultados de todas las películas estrenadas en el pasado verano 2017 se deben a las opiniones tan polarizadas que se dan en los agregadores de cine.

Por tanto, y aunque en la actualidad dominada por las redes sociales, cualquier cosa o es una obra de arte o es un trozo de mierda humeante, vamos a analizar con sus partes buenas y malas esta esperadísima secuela de una de las películas más importantes de los 80, no sólo por su calidad cinematográfica, que también, sino porque influyó estéticamente de tal manera al mundo que aún hoy en muchas cosas podemos percibir ese ambiente que despedía la caza de Rick Deckard en el Los Ángeles de 2019 buscando los seis pellejudos liderados por Roy Batty.

Ryan Gosling: el nuevo Ford. Denis Villeneuve: el nuevo Scott. Hans Zimmer: el nuevo Vangelis.

Me he aburrido de escuchar que el 70 % del éxito de una película reside en su cast. Puede que sea así. Lo que es cierto es que para Blade Runner 2049 se ha tratado con mimo y detalle todos los apartados técnicos y creativos. Se ha encargado a un director capaz la responsabilidad de dar una vuelta de tuerca sin romper con el pasado a la atmósfera de la película. Villeneuve cumple a la perfección con el trabajo encomendado. Su ambientación y soluciones estéticas permanecerán en la memoria del espectador durante tiempo. Ha logrado hacer lo dificil fácil conectando con la película original y aportando novedades que resultan creibles y encajan aunque quizá eso es lo que algunos criticarán. En su momento Ridley Scott se inventó literalmente un mundo no visto anteriormente. El británico venía del subidón creativo más increible desde Kubrick. Los duelistas, Alien y Blade Runner. Una tripleta literalmente insuperable que compartía una estética infinita. Villeneuve es más técnico que Scott y por tanto no tan rupturista. Aún así, los ambientes son increibles y espectaculares. Y cinematográficos. Piden a gritos ser vistos en pantalla grande.

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La actuación de Ryan Gosling, ese tipo que está en absolutamente todas las buenas películas e incluso en alguna de las más malas también, transmite contención y tormenta interior. Es un tipo no tan físico como Fassbender pero con un físico importante. No tan carismático como Di Caprio pero con carisma a raudales. No tan circunspecto e introvertido como Christian Bale pero con una capacidad de mostrar que la procesión va por dentro importante. Es en definitiva el actor que puede tomar el relevo de Harrison ford y lograr lo que aquel no logró ni con Único Testigo ni con A propósito de Henry o El Fugitivo, esto es, el óscar.

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Hans Zimmer sale de esta trampa mortal con una pirueta con doble mortal. Su banda sonora es excelente. A diferencia de la de Vangelis no dispone de visos de una vida separada de la película.

Otro puntal excelente de la película es la banda sonora. Aquí tenemos al gran Hans Zimmer que se apunta un tanto increible al tomar la banda sonora de Vangelis, mítica e icónica, y reinterpretarla manteniendo lo mejor de su original y profundizándola a lo largo del metraje aunque, es cierto, no dispone de ningún tema que a priori pueda ser tan viral como el dedicado a Rachel o el de los títulos de crédito de la primera película. Este año Zimmer se lleva el oscar o por esta peli o por Dunkerque (Christopher Nolan, 2017), creo que eso está claro. Me queda la duda de si Vangelis se ha negado a hacer este trabajo o es que no se lo han ofrecido.

Ana de Armas, el nacimiento de una estrella?

Y aún con estos treas ases mencionados cabe decir que a lo que realmente huele esta película es al inicio de una carrera fulgurante para la cubana Ana de Armas. Hipnotizante, bellísima, interpretando de una manera atractiva a un sueño virtual del protagonista. Ese viejo mito de robot que queremos que se transforme en ser humano interpretado de una forma delicada y creible. Triunfará si sabe elegir sus papeles.

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Y lo malo…

Hay parte mala también en esta película. El guión no desentraña correctamente las premisas que plantea. El personaje de Robin Wright, que inunda de tensión sexual cada una de sus apariciones, está subutilizado en la trama. El personaje de Gaff no resulta coherente con su aparición en la primera película. Y sobre todo el metraje. Excesivo.

Crítica a fondo de la película

[Atención a partir de aquí spoilers] Lo primero que echamos de menos es la voz de Constatino Romero leyendo las frases iniciales que nos informan de que la Tyrell Corp. llegó a fabricar hasta el Nexus 8 (recordemos que Batty y Rachel eran Nexus 6) aunque no dice quién sustituyó a Tyrell. Después, un apagón creado por un colapso medioambiental sume en el caos a la Tierra que sobrevive gracias a un nuevo genio empresarial similar a Tyrell llamado Niander Wallace, interpretado pésimamente por Jared Leto. Wallace compra la Tyrell Corp. y relanza el programa de creación de los replicantes haciendo que siempre obedezcan.  Recurrir a un apagón tecnológico es un buen recurso para explicar el poco avance significativo de la técnica entre ambas películas. Hay avances técnicos pero no los que deberían cubrir 30 años de diferencia, explicado sólo por ese apagón mencionado.

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K, Ryan Gosling, es un Blade Runner que desde inicio se dice que es un replicante, soslayando así la eterna duda que abarcaba a Deckard y que en esta película tampoco se responde correctamente. K es el mejor, trabaja para la señora, Robin Wright en plan mujer absolutamente fatal, uno de los mejores personajes y actuaciones del film.

Robin Wright está soberbia. Borda su papel, el mejor perfilado e interpretado del film.

K inicia la investigación retirando a un replicante (Bautista, el de la lucha libre) que oculta unos huesos. Hasta aquí la película es sobresaliente. La estética es superlativa, la música de Zimmer está al nivel pedido y Gosling da la imagen adecuada para un replicante que caza a replicantes. Es aquí cuando, a mi entender, el guión comienza a flojear por querer imbricar explícitamente esta película con la anterior. Me explico, creo que esta película podría haber sido mayor si hubiese asumido en solitario las tramas de su desarrollo sin recurrir a los personajes de la anterior. Resulta forzado cómo llegamos hasta la deducción de que los huesos son de Rachel y resulta forzado cómo K encuentra a Deckard en Las Vegas. Las escenas de la ciudad en el desierto son espectaculares pero resultan lentas y, lo que es peor, la trama parece innecesaria. Para qué debe ir K a buscar a Deckard si la vieja que lidera la resistencia tiene toda la información necesaria. Por qué K se empeña en salvar a Deckard si Deckard no sabe quién es su hija, ni que existe, ni nada. En definitiva, Deckard sobra en la trama y el director lo sabe y el guionista también. Por eso, cuando todo acaba y vemos a Deckard colocando la mano en la «jaula» de la creadora de recuerdos, la sensación que nos embarga es de pequeña decepción. Decepción porque comprendemos que por satisfacernos como fans de la primera hemos «limitado» la película. Otro tema es que sin Deckard y Rachel la posibilidad de la concepción entre replicantes nos sonase a algo conocido y sin interés.

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Las tramas secundarias, a excepción de la historia de amor entre Joi, Ana de Armas, y K, tampoco convencen. Jared Leto está fatal como el gurú de los replicantes, su búsqueda de una replicante que consiga tener hijos se presenta atropellada y, un poco, sin sentido. La acólita de Leto, la replicante Luv interpretada por la holandesa Sylvia Hoeks, es un cliché con patas y parece sacada de Terminator 3. Toda su búsqueda de K es ininteligible dentro de un metraje de casi tres horas.

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La escena en la que retomamos a Rachel y su ejecución es un «no sé muy bien a qué viene esto» que la cara de Harrison Ford no hace más que reforzar. Y la escena del ejército de replicantes presto a hacer la revolución hace que sueltes un «sapristi, que no hagan de aquí una serie».

En definitiva una gran película técnica que podría haber sido más si no hubiera tenido que enlazarse tanto con su precedente, aunque si no se hubiera enlazado de este modo seguramente esta película no habría salido adelante. Una paradoja propia del universo de Philip K. Dick.

Nota Interludio: 7

 

 

 

 

 

Ghost in the Shell, el alma de la máquina (Rupert Sanders, 2017)

Dentro de la marabunta de proyectos para trasladar a live action películas con solera dentro de la animación, quizá nos enfrentamos en Ghost in the Shell a una de las adaptaciones más difíciles. Ghost in the Shell nació como manga, o comic japonés, a inicios de los noventa dentro de las corrientes cyberpunk que dominaban la ciencia-ficción desde finales de los setenta y que son una vuelta de tuerca desde una perspectiva orgánica a las novelas seminales de robots de Isaac Asimov.

Desde siempre la ciencia ficción ha sido utilizada para realizar preguntas profundas y tratar de responderlas sin estar sometido a las convenciones de la realidad y sin las barreras de la técnica, es decir, desde la libertad. Y así se plantea la historia original de El alma de la Máquina, una revisitación a las preguntas filosóficas primarias del ser humano (quiénes somos, qué es el alma, qué es la individualidad, por qué podemos perderla, cuándo dejamos de ser seres humanos, qué ocurre cuando duermo, qué es la consciencia, …) desde la premisa de una protagonista femenina que resulta del transplante de un cerebro orgánico a un cuerpo sintético. El alma espiritual atrapada en la cáscara física a la que, alegóricamente, se hace referencia en el título.

La Ciencia-Ficción es un género que permite plantear cualquier pregunta sin tener que ceñirse a lo convencional para responderla. Qué es el alma, cuál es el futuro del ser humano, … presentadas en un entorno inventado, nos habilita cualquier línea de pensamiento, por muy irreal que a priori nos parezca.

La película Ghost in the Shell (Mamoru Oshii, 1995) no fue, o al menos en mi ciudad, estrenada en salas comerciales y yo tuve la oportunidad de visionarla en unas jornadas sobre manga que se organizaron en 1997 en la Bibilioteca Municipal Ignacio Aldecoa de Vitoria. Hace nada más y nada menos que 20 años.

Dentro de la colección de películas que se iban a proyectar destacaba como una supernova la brillante Akira (Katsuhiro Ōtomo, 1982) y la sala se llenó para verla. Sin embargo esta, la subtitulada como El Alma de la Máquina, era menos conocida y muy pocos acudimos a la cita, algunos como yo movidos por ver una peli en vez de estudiar algún tema aburrido de la universidad. Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula.

El anime del 95 en el que esta película se basa es un punto de inflexión en el género. Por ello, esta película va a ser escrutada con lupa por aficionados de todo el mundo.

El tono general de la película, con escenas de acción superlativas junto a escenas sin dialogos y dominadas por una poesia narrativa muy acusada. Las capas del guión con profundidades filosóficas no acostumbradas en una película de animación. La anticipación cyborg que se planteaba, con humanos evolucionados con partes mecánicas, pérdida de intimidad, corrupción política y tramas de poder en el gobierno que dominaban a su antojo a la sociedad a la que pretendían servir. Todo en general, presentado con la riqueza visual acostumbrada en los animes, hacía que quedases atrapado por el universo planteado y su recuerdo perdurase en el tiempo.

Por todo esto, el anuncio de que se iba a trasladar a imagen real suponía una bivalencia entre la ilusión y el temor al «a ver qué van a hacer estos de Hollywood» habitual.

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El cast de la película junto al director Rupert Sanders (el primero de la izquierda); Scarlett, Takeshi Kitano, Juliette Binoche y Pilou Asbæk.

La mayor Mira Killian (Scarlett Johanson) conocida simplemente como «la Mayor» es la lider del equipo de acción de una fuerza especial del gobierno denominada Sección 9. La Mayor es aparentemente normal pero realmente es un experimento, la primera de su especie, un cerebro de una persona transferido mecánicamente a un cuerpo sintético. La Dra. Ouelet (Juliette Binoche) es la responsable científica del proyecto experimental y ejerce de algo parecido a una madre para la Mayor. A ella acude cada vez que tiene que ser reparada tanto física como espiritualmente y la doctora monitoriza todos y cada uno de los recuerdos y sentimientos que la Mayor tiene. La Sección 9 está dirigida por el jefe Aramaki (Takeshi Kitano) y formada por varios humanos con diferentes grados de «evolución«, esto es, de mejoras cibernéticas. De entre todos ellos destaca Batou (Pilou Asbæk) el compañero de la Mayor y, quizá, su único amigo.

Qué es el alma. Qué le da a un ser humano su humanidad. Cómo puede dejar de serlo. Qué es la consciencia y la conciencia. Dónde está el límite entre máquina y humano. Qué te hace dejar de ser un individuo diferente al resto. Estas son las preguntas que se hace el personaje de Scarlett Johansson a lo largo de la película.

La sección 9 está muy relacionada con Industrias Hanka, la desarrolladora principal de robots y mejoras ciber-orgánicas para humanos, aunque se supone que se debe al gobierno.

Una serie de asesinatos de responsables científicos de Industrias Hanka hará que la Mayor y sus compàñeros se internen en una peligrosa investigación en la que un extraño y desconocido personaje amenaza con hackear las mentes conectadas a la «red», el entramado mental al que el 73% de la población mundial se ha integrado una vez que ha decidido evolucionar gracias a las mejoras cibernéticas.

La Mayor deberá avanzar en la investigación mientras se enfrenta a todos y cada uno de sus propios miedos en un paralelismo bastante evidente con las novelas de Sherlock Holmes y el doctor Moriarty. Como sabemos, el ABC de una buena historia es aquella en la que el protagonista tiene un adversario de su nivel o incluso mayor.

Visualmente la película es excepcional. La acción y coreografía de las escenas, los decorados, los robots, el arte en general es absolutamente apabullante. Muchas escenas de la película de anime están directamente trasladadas a la realidad de una manera más que fiel. Los edificios, los ángulos, ambientaciones completas como la de la escena del submarinismo o el propio «nacimiento» de la Mayor son tales y como aparecían en la animación e incluso, en algunos casos, los cambios necesarios para traerlos a la vida han mejorado el conjunto.

Visualmente esta película es un ejercicio notable. Quizá no llega a ser la revolución de Matrix pero sí que es un punto y a parte respecto al resto de películas live action que se han estrenado hasta el momento.

La ciudad, un Tokyo no declarado, peca en exceso de un tributo a Blade Runner (Ridley Scott, 1982) pero se puede entender ya que toda película con una temática cyborg debe beber de la piedra filosofal de la estética del género.

La trama avanza sin respiro, no hay tiempos muertos, es más, se hace corta. Si hay algo que echarle en cara a esta adaptación es que se ha pecado de simplificación en la profundidad del tema. Todas las premisas argumentales están ahí, no se ha obviado ninguna, pero su planteamiento se presenta sin el detalle y la ceremoniosa contemplación del anime. Las escenas que dan pie a hablar del alma, los conflictos con la individualidad, el sentido de la vida, el asesinato de los débiles,…, todo está ahí, pero también es cierto que ocupan menos espacio de metraje que la pura acción espectacular. Muchos opinarán que eso ha restado profundidad a la película pero no seré yo uno de esos. El que quiera preguntarse el por qué de la existencia lo puede hacer con esta película tantas veces como con el anime si no más. Sólo hay que estar dispuesto a leer de manera global el lenguaje cinematográfico total que plantea.

Podemos establecer paralelismos de nuevo con Blade Runner y, es más, seguramente los mismos que dicen que esta película peca de superficial esperarán con el cuchillo entre los dientes la segunda parte de la icónica película de Ridley Scott. Pero no es cierto. Esta película transmite los interrogantes adecuados y es quizá el espectador el que tiene que tomarlos. Puede hacer falta más de un visionado para ello, pero lo mismo pasó en su momento con la historia de los replicantes y, de hecho, el fracaso incial con el que fue recibida, tornó con los años en el éxito incontestable con el que es considerada en la actualidad.

Scarlett Johansson demuestra que es una estrella de acción con trasfondo. No necesita del resto de Vengadores para brillar como protagonista. Ella se basta sola.

En cuanto a los actores creo que debo reconocer que la discutida elección de Scarlett Johansson como el rol protagonista ha sido, viendo el resultado, un absoluto éxito. Scarlett realiza un trabajo redondo interpretando de manera circunspecta a la Mayor cuando se trata de su vida «civil» y de manera ágil y potente cuando la acción así lo requiere. Sus trabajos anteriores como Viuda Negra y como la omnipotente Lucy han hecho que nadie dude de la valía de la actriz como heroína de acción. Y en cuanto al trafondo psicológico que destila el personaje, es pecata minuta frente a otros trabajos a los que se ha enfrentado. Además, Scarlett, «puede» con la película, que descansa totalmente sobre sus hombros de estrella absoluta.

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Scarlett Johansson, estelar en esta película.

Las participaciones como secundarios de lujo del gran Takeshi Kitano y la no menos grande Juliette Binoche se resuelven a favor del japonés por amplia ventaja. A pesar de los años, Kitano continúa siendo Kitano y su aura sigue impertérrita luciendo en pantalla.

Mención especial para el compañero de la mayor Batou, interpretado por el danés Pilou Asbæk y que a los aficionados al mundo de Canción de Hielo y Fuego les sonará por interpretar al furioso Euron Greyjoy. En esta película hace un papel clavado al personaje animado y está soberbio.

En el aspecto musical también es notable la banda sonora, que acompaña a lo largo del metraje con acierto siendo lo que debe ser, música con bases electrónicas a veces inquietante, otras veces resplandeciente.

En definitiva, notable adaptación llevada a cabo por el director Rupert Sanders, del que hasta el momento sólo conociamos Blancanieves, la Leyenda del Cazador (Rupert Sanders, 2012) y sus devaneos con la estrella de la misma, Kristen Stewart.

Dirección: Rupert Sanders;Reparto: Scarlett Johansson, Michael Pitt, Juliette Binoche, Michael Wincott, Pilou Asbaek, Takeshi Kitano, Chin Han , Joseph Naufahu y Christopher ObiTítulo en V.O.: Ghost in the Shell; Nacionalidades: USA Año: 2017 Fecha de estreno: 31-03-2017;Duración: 106 min;Género: AcciónColor o en B/N: Color; Guion: William WheelerFotografía: Jess Hall;Música: Clint Mansell

Nota Interludio: 8.5

La Bella y la Bestia (Bill Condon, 2017)

Disney, ese imperio todopoderoso que controla no sólo al ratón Mickey y el pato Donald sino todo el compendio de Princesas Disney, películas clásicas, Marvel, con los Vengadores, LucasFilms, con Star Wars e Indiana Jones, Pixar, aunque con un acuerdo siempre en peligro, … Bien, pues ese imperio estuvo a punto de pasar a mejor vida en los ochenta.

Los video-juegos, el video casero y sobre todo, la marcha del gran animador Don Bluth de la compañía del ratón y la fundación de su propio estudio, estuvieron a punto de dar al traste con la compañía fundada por el gran Walt. Sé que puede parecer una locura, pero en 1988 nadie daba un duro por el estudio de animación. Se consideraba tierra quemada. Sus parques de atracciones perdían dinero a espuertas y el cartel de cierre estuvo a punto de ser colgado varias veces.

No nos debe sorprender pues la otra gran compañía que domina la actualidad, Apple, también estuvo a punto de quebrar en esa época. Y es que los ochenta significaron un cambio en el consumidor medio tan importante como el que, con todo el bombo internetero, estamos sufriendo ahora. Si no más.

Pero como le pasó a la empresa de la manzana cuando reincorporaron a Steve Jobs, Disney se recuperó volviendo a sus orígenes, que en su caso era crear películas con historias que marcasen generaciones. Y eso fue lo que ocurrió en 1.989 con La Sirenita (Ron Clements, 1989). La bonita y simple historia de amor de Ariel, la hija del Rey del mar, atrapó de tal manera al público  que por sí sola fue capaz de girar a favor la caida libre de Disney.

El siguiente y ambicioso paso lo dieron en 1.991 con La Bella y la Bestia (Gary Trousdale y Kirk Wise, 1991), primera película de animación que logró el increible hito de ser nominada a mejor película en la ceremonía de los oscars junto a nada menos que JFK (Oliver Stone, 1.991), Bugsy (Warren Beatty, 1.991), El Príncipe de las Mareas (Barbra Streissand, 1.991) y la ganadora, El Silencio de los Corderos (Jonathan Demme, 1.991). Recordemos que por aquella época sólo cinco películas competían por la estatuilla de mejor película y, entre ellas, se coló este hito en la animación.

Por todo esto, la adaptación a live motion de La Bella y la Bestia no podía ser cualquier cosa, ni se podía resolver de cualquier manera y el Estudio ha querido tirar la casa por la ventana. Actores famosísimos y muy competentes, un director especializado en hacer películas éxitos de crítica y público, efectos especiales a tutiplén y la historia, extendida por más de dos horas dando al espectador todo lo que, posiblemente, estaba esperando.

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Emma Watson, la bella «de verdad».

Y sin embargo, tras su visionado nos queda un sentimiento de, al menos, pequeña ¿decepción? No sé si sabré explicarlo pero tratemos de hacerlo.

Los primeros minutos de la película nos introducen en la historia de La Bestia (Dan Stevens), un insoportable y mal criado príncipe que es encantado por una hechicera por su hortera forma de vida, centrada en lo más superfluo. Tiene de plazo para cambiar hasta que caiga el último pétalo de una rosa encantada y como hándicap le convierte en un monstruo horrible, que sin embargo, al menos a mí, me parece hasta mono.

Bella (Emma Watson) es una, redundantemente, bella habitante de un pequeño y recóndito pueblo del interior de Francia a pocos kilómetros del castillo encantado en el que La Bestia padece su hechizo.  A pesar de su belleza, sus vecinos la consideran un bicho raro porque le gusta leer (sí amigos, así es) y, parece, no tiene interés por casarse.

Su padre Maurice (Kevin Kline), otro bicho raro, parece relojero o inventor, no sabemos muy bien. Se dedica a hacer pequeños mecanismos que vende en un mercado, posiblemente en París. Bella siempre le pide a Maurice que le traiga una rosa y su padre siempre lo hace. Un hábito que les dará más de un problema como veremos.

Gastón (Luke Evans) suspira por casarse con Bella, pero lejos de ver en ella la mujer fuerte y decidida que es, lo que ve es una muesca más en sus victorias. Él es un cazador y Bella, la presa más cotizada entre las casaderas del pueblo.

A su lado Le Fou (Josh Gad) un simpático personaje con un carácter gay evidente que suspira por Gastón y le lisonjea repetidamente. Este personaje es el primer acercamiento a un homosexual realizado desde Disney y, por ello, será recordado para siempre.

Una tormenta en la noche atrapa a Maurice a su vuelta al pueblo y deberá resguardarse en el castillo encantado, allí cometerá un error y La Bestia le atrapará. A partir de ahí, una valiente Bella luchará por liberar a su padre y de paso conocerá el amor verdadero, ese que sólo se basa en el interior.

En definitiva la historia es la que es, no busquemos nada más pues si bien es cierto que se ha añadido metraje y, para ello, se ha dotado de más trasfondo a los dos personajes principales, no lo es menos que esos añadidos no logran dar información importante o necesaria y por tanto, como dice siempre el maestro de guionistas Robert MacKee «si una escena no hace que el espectador cambie su punto de vista entre el incio y el final, sobra, elimínala».

Eso sí, todo está maravillosamente realizado. El espíritu de cuento de hadas que tenía el original es pasmosamente trasladado a la imagen real y Emma Watson es una Bella competente, aunque el pelotón de haters de la actriz se empeñarán en llamarla sosa. Emma realmente transmite al personaje principal femenino y le da su, objetivamente hablando, belleza. Aunque eso sí, la belleza esté en el interior y, para demostrarlo, hasta invente una lavadora (sí amigos, han leido bien, una lavadora). Porque Bella no sólo es una cara bonita, tiene mucho más en su interior.

Kevin Kline y Luke Evans me parecen lo mejor de la película. Hacía mucho que no disfrutábamos del enorme Kevin Kline y aquí lo hace genial, creible y con esa calidez que transmite siempre este actor, del que más nos gustaría ver, si fuese posible. Luke Evans, el intérprete del despreciable Gastón, también desempeña a gran nivel, haciendo de un personaje deleznable alguien que resulta hasta simpático en su estupidez.

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El Cast al completo. Celine Dion incluida.

En cuanto a LeFou, dificil de calificar. Como hemos dicho es el primer acercamiento a lo gay por parte de una major tan conservadora como la del ratoncito y, aunque está tratado de manera exquisita, no deja de ser el contrapunto cómico de la obra y en el baile final, ese punto cómico se desbarra en un breve pero forzado intercambio de parejas. Aún así, el actor, Josh Gad, ejecuta su dificil rol de manera notable y, en general, el personaje se hace querer.

Qué podemos decir de todo el jaleo de personajes del castillo, todos esos utensilios encantados. Lo principal es que los efectos especiales son de altura. El próximo óscar de efectos tiene aquí a un gran candidato. Los objetos inanimados cobran vida de forma creíble y se humanizan acertadamente. No hay ni un pero.

En cuanto a La Bestia, lo comentado. No es tan horrible como debería para mi entender. Es hasta encantador y a veces parece más un chebwaca amable que una bestia peligrosa.

En resumen, un buen ejercicio que sin embargo no engancha. Primero porque la historia no tiene ningún punto nuevo de vista y lo añadido no aporta más que metraje. A diferencia de lo logrado por Maléfica (Robert Stromberg, 2.014), mucho más arriesgada (y más corta también) o la reciente El libro de la selva (Jon Favreu, 2016), con una revisita plagada de acción sin respiro, aquí vemos de nuevo la historia, con planos calcados en ocasiones. Muy bien hechos, sin duda, pero directamente trasladados a «personas». Es más, las incoherencias primigenias de la historia (que sólo importe el interior pero que Bella sea hermosísima y que La Bestia sea transformado en un bello príncipe) no se resuelven de ninguna manera, resultando cuando menos naïf la intención de que la historia pueda ser adulta, algo que no ocurre en las anteriormente mencionadas.

Y segundo porque a esta película el doblaje, tal y como yo la ví, le hace un flaco favor. Y es que al final del encantamiento descubriremos a la mayor pléyade de actores de renombre juntados últimamente por una película que sin embargo, y al no escuchar sus voces, han pasado desapercibidos por todo el metraje.

La música, al final estamos ante un musical, es la conocida. Hasta Celine Dion se ha animado a grabar la canción. En definitiva, lo dicho, han tirado la casa por la ventana.

Y lo último… mirándolo bien, yo no sé si a la muy decidida Bella le gusta más su amado con forma humana o con forma de Bestia. Para mí, más lo segundo.

Beauty and The Beast; Director: Bill CondonWriters: Stephen Chbosky (screenplay), Evan Spiliotopoulos (screenplay); Stars: Emma Watson, Dan Stevens, Luke Evans, …

Nota Interludio: 7

Whiplash (Damian Chazelle, 2014)

Secuestrados por el fenómeno La La Land, Ciudad de las Estrellas (Damian Chazelle, 2016) , hemos decidido revisitar Whiplash (Damian Chazelle, 2014) la primera película, al menos con distribución generalizada, de su director, el verdadero enfant terrible del nuevo cine norteamericano, el jovencísimo Damian Chazelle.

El planteamiento de esta película es conocido y, de hecho, ya se ha rodado por gente como Alan Parker, Fama (Alan Parker, 1980) o Bob fosse, All that Jazz (Bob Fosse, 1979), esto es, el esfuerzo sobre humano que se les pide a algunos para lograr la inmortalidad según el canon actual, es decir, la fama.

¿El fin justifica los medios? ¿para lograr el éxito hay que llevar al extremo a las personas? ¿puede un profesor o un superior maltratar a un estudiante con el fin de sacar lo mejor de él? De estos temas habla de una forma magistral esta película.

Neiman (Miles Teller) es un jovencísimo estudiante de un conservatorio de Nueva York. Es bateria suplente de una de las bandas de jazz del conservatorio. Su sueño es convertirse en el nuevo Buddy Rich, una leyenda del jazz. Para ello, para hacer historia, tiene un objetivo. Todos los días entrena con las baquetas para lograr que el profesor Terence Fletcher (J.K. Simmons) se fije en él. Fletcher dirige la big band más importante del conservatorio y muchos de los que la integran podrán optar a contratos con las casas de discos más importantes como Blue Note o, incluso, integrar la Lincoln Center Jazz Orchestra, la más prestigiosa banda de Jazz del mundo, dirigida por Winton Marsalis y que tantas veces hemos tenido la suerte de ver en el festival de Jazz de Vitoria. Esta orquestra está formada sólo por quince miembros y de ellos, sólo hay un bateria.

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J.K. Simmons (Fletcher), Miles Teller (Neimann( y el director Damian Chazelle.

Fletcher es un tirano. Maltrata a los integrantes de su banda física y, sobre todo, psicológicamente. Busca la excelencia basándose en la dominación y, por ello y paradójicamente, consigue que los músicos le rindan pleitesía ciega. Como muchas veces ocurre en la vida real y tantos ejemplos tenemos, los músicos se desviven y permiten cualquier exceso del profesor simplemente porque creen que así conseguirán su objetivo y lograrán triunfar. Y cada uno de ellos, lo único que buscan es triunfar, lograr salir de esa banda de conservatorio disparados hacia el olimpo del Jazz.

Pudiera parecernos que los músicos de Jazz son personas relajadas y fraternales. Nada más lejos de la realidad. El Jazz se maneja por la competitividad extrema. Muchos son los llamados pero muy pocos los elegidos.

Como en muchas de estas películas, sorprende al común de los mortales la competencia descarnada que se establece entre los músicos de una disciplina tan, por así decirlo, libre y fraternal como es el jazz. Cómo los músicos que ocupan la silla en la banda deben velar para que nada ni nadie les robe su sitio. Cómo se llega casi a lo físico para defenderlo. Y cómo la exigencia extrema se vuelve dramática para las vidas personales de estos ejecutores.

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J.K. Simmons observando a Miles Teller en una rueda de prensa.

Neiman y su padre, un profesor de instituto de literatura que quiso ser escritor pero no terminó escribiendo nada, fueron abandonados por su madre años atrás. El profesor no dudará de, públicamente, referirse a esta vivencia personal del bateria para lograr que este se aplique con más esfuerzo. Es más, no dudará, de recurrir a cualquier dato personal de cualquiera de sus pupilos para hacer que estos se esfuercen más. Para, según él, motivarlos.

J. K. Simmoms está excelente pero es también cierto que su personaje es un caramelo. Ganó el óscar en 2.015.

Guarda la película un par de escenas protagonizadas por los dos actores principales que quedarán para el recuerdo en la mente del espectador. Especialmente esa en la que el profesor demuestra al  alumno que sabe si se está o no adelantando al ritmo que marca la partitura.

La interpretación del profesor, realizada de forma apreciable por J. K. Simmons, le valió un oscar en la ceremonia de 2.015. Inteligentemente, Chazelle, muestra un par de escenas que humanizan en cierta medida al tirano. Fletcher se comporta como un verdadero hijo de puta con los músicos de su banda pero, entendemos, no es un hijo de puta. Sólo cree que comportándose así logrará sacar de ellos lo mejor posible. Aquí la película desliza peligrosamente entre las arenas movedizas de la justificación por el fin buscado y la denuncia de este tipo de actividades.

Damián Chazelle dirigió y escribió esta película con treinta años. Ha escrito y dirigido La La Land con treinta y dos. Maneja un lenguaje cinematográfico fuera de su generación. Sólo mueve rápido la cámara si es necesario. Pausa los momentos, coloca la cámara donde hay que colocarla. En definitiva, es un gran autor. Estamos de enhorabuena.

Una conversación entre ambos protagonistas ilustra el problema que plantea la película de una manera magistral. Mientras el profesor cree que si el director de la banda en la que comenzó su carrera Charlie Parker no le hubiera tirado un plato a la cabeza, éste nunca hubiera llegado a ser Bird, el alumno le indica que haciendo eso igual muchos buenos interpretes se desencantan y abandonan y, aunque él no lo dice, todos recordamos que Bird fue un sublime músico pero un gran desgraciado ser humano. Fletcher concluye que las dos peores palabras del idioma son «buen trabajo», por lo que descubrimos en ese momento a un extremista irredento.

El profesor cree que el Jazz está muerto porque ya no se exige lo que se debería a los intérpretes. Ya no hay Brids, ni Gillespies porque ahora, se haga como se haga se dice «buen trabajo». La película nos coloca frente a un problema moral y aunque no se decanta por una solución concreta sí que, peligrosamente, se acerca a la del fin justifica los medios.

Termina la película con el verdadero tour de force entre ambos intérpretes. Una escena que parece que termina con un giro realmente copernicano pero no, continúa y continúa hasta lograr que ambos se miren por primera vez directamente a los ojos, descrito todo de forma realmente cinematográfica por un entonadísimo director.

Miles Teller hace una gran actuación. Le hemos visto en películas cono los Juegos del Hambre y otras. Pero aquí demuestra que es un gran actor de tan sólo treinta años. Se hablará de él.

Además de mejor actor, la película consiguió el óscar de mejor montaje y de mejor sonido en 2.015, un total de tres de las cinco nominaciones con las que partía.

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Miles Teller con su «instrumento de trabajo» en Whiplash.

En definitiva una película con un planteamiento simple pero que atrapa al espectador gracias a cómo está contado y quién lo está contando.

Whiplash; 2014; Dir: Damian Chazelle; Int: Miles Teller, J. K. Simmons, Miriam Benoist, Paul Reiser; Guión: Damian Chazelle; Música: Justin Hurwitz.

Nota Interludio: 8.

Lion (2016, Garth Davies)

Lion es una película que consigue transmitir todo lo que su autor, el director Garth Davies, se propone. Expone la durísima situación de los niños en India. Expone la dificultad de incorporarse a una vida llena de comodidades cuando se proviene de la casi nada. Expone, también, los demonios internos de los niños adoptados y cómo el ser humano en igualdad de condiciones reacciona de diferentes maneras. Expone lo dificil que es ser padres de niños adoptados y cómo, muchas veces, las personas que se enfrentan a situaciones de niños con traumas muy profundos no saben cómo tomar las decisiones correctas. Y, por último, nos enfrenta a la pérdida del arraigo y lo importante que es para cualquier persona conocer de dónde venimos, aunque sea únicamente para recopilar esa información y añadirla a la respuesta de la pregunta fundamental que todos nos hacemos a lo largo de nuestra vida, ¿quién soy?

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Dev Patel, actor, y Garth Davies, Director, de Lion.

Saroo es un niño de 5 años que vive junto a su hermano mayor Gudu, su hermanita Shekila y su joven madre Kamla en una pequeña aldea india. Todos son muy felices dentro de la enorme pobreza que les rodea, con esa felicidad que a veces nos cuentan los cooperantes que trabajan sobre el terreno en la zona. Trapichean por aquí y por allí para conseguir un poco de alimento que echarse a la boca pero siempre sonriendo.

Saroo adora a su hermano mayor y le sigue en todas las aventuras que este emprende para conseguir algo de dinero para la familia. Un día, ambos, comienzan un viaje por tren para acudir a un trabajo. En la primera etapa del mismo, el pequeño, se pierde.

Saroo y su familia vive en la pobreza más absoluta pero féliz. Con esa felicidad que te transmiten los cooperantes que la han visto sobre el terreno. Esa felicidad por simplemente vivir y compartir la vida con los seres queridos.

Inusitadamente la peli se transforma en un documental realista de la situación de la India en el que el director, sin una sola palabra pero ayudado de una banda sonora extraordinaria, sigue las aventuras de Saroo para sobrevivir. Sobrevivir al día día y a los innumerables peligros que acechan a los niños de las calles de Calcuta: policia corrupta, mafias que trafican con los pequeños, palizas, …

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Actor Dev Patel, screenwriter Luke Davies, actress Nicole Kidman, actor Sunny Pawar and director Garth Davis

Tras mil vicisitudes el pequeño acaba con sus huesos en una institución en la que puede parecer que la situación no va a mejorar mucho respecto a lo vivido en las calles pero una activista le consigue una familia adoptiva en Australia. El pequeño viaja hasta Tasmania y conoce a John y Sue (David Wenham y Nicole Kidman) sus nuevos padres, unos adinerados y bondadosos australianos, que se transforman desde el inicio en su familia.

Tras un año de felicidad absoluta, la pareja australiana adopta a otro niño, Mantosh, un niño que ha sufrido lo mismo o más que Saroo pero que no ha sido capaz de digerirlo de igual manera y tiene crisis de nervios con autolesiones.

«A Long Way Home» es el título del libro en el que se basa la película, libro que narra la historia real de Saroo Brierley y de cómo consiguió encontrar sus raíces veinticinco años después de perderse en una estación de tren de un pueblo remoto de la India, cuando contaba apenas cinco años.

Tras una elipsis de veinte años volvemos a encontrarnos ya con un Saroo (Dev Patel) joven y triunfador, un Mantosh (Divian Ladwa) con serios problemas de adicciones y unos John y Sue que tratan de llevarlo lo mejor que pueden pero queriendo de igual manera, es decir mucho, a ambos chicos.

Vemos a partir de este momento como Saroo vive de espaldas a su pasado y cómo este le alcanza y le pone contra la pared. Cómo trata de hacer una vida normal junto a su novia Lucy (Rooney Mara) y cómo le es imposible por esa cuenta pendiente que tiene con su familia real.

Comienza una búsqueda incansable de aquella aldea india, buscando ayudado por las nuevas tecnologías durante años hasta que de una manera casi accidental,  resuelta de una forma poética por el director, la encuentra.

Se abre aquí la última parte de la película en la que el director eleva el espíritu de la adudiencia hasta dejarle una sensación reconfortante que sólo este tipo de películas consigue y que el director, como comentaba al principio de la reseña, logra con éxito absoluto.

Lion no es una obra maestra pero es, sin lugar a dudas, una película que cuenta una historia real absolutamente maravillosa. Contada de una manera preciosa, con unas imágenes de la India excepcionales y una banda sonora descollante. Patina un poco en la parte del Saroo adulto pero nos deja una actuación, en esa fase de la historia, de Nicole Kidman increiblemente contenida, resumida en unos primeros planos que te desarman mientras la actriz nos cuenta la historia de su personaje de esa manera que sólo sabía hacer la Kidman en sus mejores años.

www.lionmovie.com recauda fondos para ayudar a los miles de niños que viven en las calles en la India. Este es también uno de los mensajes que da esta película, la voluntad de superación que puede hacer que la vida de estos niños mejore y que nos concierne a todos.

Como colofón unas imágenes de los personajes reales en los que se basa la historia coronan la película en sus créditos finales haciendo que salgas de la sala con ese optimismo que te dan las historias de auténtica superación personal, inspiradoras y conmovedoras a partes iguales.

Lion está nominada a seis premios de la Academia de los Oscars: Mejor Película, Mejor Actor de reparto (Dev Patel), Mejor Actriz de reparto (Nicole Kidman), Mejor Guión Adaptado, Mejor Banda Sonora y Mejor Fotografia.

Lion; 2016; Garth Davies; The Weinstein Company; Act: Dev Patel, Nicole Kidman, Rooney Mara; Guión: Luke Davies; Basada en el libro: A Long Way Home de Saroo Brierley; Música: Volker Bertelmann, Dustin O´Halloran; Fotografía: Greig Fraser.

Nota Interludio: 8

Assassin´s Creed (Justin Kurzel, 2016)

Dificil tarea la de afrontar esta crítica. Assasin´s Creed, uno de los blockbusters de finales de 2016 inicios de 2017, está siendo vapuleado indiscriminadamente de una manera casi general cuando, en principio, no es una película redonda pero tampoco mala.

Partamos de que la idea en la que se basa, la del video juego original y sus secuelas, es complicada de asimilar por alguien que no ha tenido la oportunidad de pasar un rato frente a la consola, ya que en la peli no dedican el tiempo suficiente para explicar sus premisas y resulta en exceso un in media res. Por esto, parece que el protagonista viaja en el tiempo y se da de mamporros con un montón de gente sin motivación ni causa.

Assasin´s Creed no es redonda, está lejos de ello, pero tiene algunos puntos a su favor. Sobre todo la presencia de Fassbender y la Sevilla digitalizada por la que se mueven como personajes de videojuego Aguilar y María, la pareja de Asesinos de 1.492.

Expliquemos pues algunos datos del videojuego que conviene conocer antes de ver la película. La premisa del juego es que nuestro protagonista puede viajar al pasado gracias a una tecnología, El Animus, desarrollada por una multinacional, Abstergo. En ese pasado el prota se reencarna en uno de sus antepasados, que justo resulta que es miembro de una sociedad secreta llamada Assassins. Esta sociedad, basada en los Hassassin musulmanes, lleva una lucha durante siglos con los Templarios.

Aquí destacan las primeras ideas brillantes de los creadores del videojuego, esto es, los Asesinos son los buenos, los Templarios los malos y la acción ya ha pasado, es decir, el protagonista sólo la revive en una especie de visualizador del espacio-tiempo, lo que llaman El Animus.

Abstergo, Animus, Asesinos, Templarios, Fruto del Edén, … toda una serie de terminología que puebla esta película y que es necesario, al menos, identificar para no acabar perdido.

Como seguro que os habéis dado cuenta, el personaje que más mola a nivel visual y de acción es el del pasado. El que ocupa el tiempo actual permanece como en Matrix o en Avatar, es decir, enchufado a una máquina y quieto. A pesar de esto, lo que diferencia este concepto de otros es que el héroe debe volver con el conocimiento adquirido pasivamente durante la visualización del pasado a la actualidad y, en el ahora, terminar el trabajo. Así pues la parte de acción en el presente es importante y no se puede obviar pese a que a muchos no les interese tanto.

Por todo esto, aunque esta superproducción echa el resto en los efectos y secuencias ambientados en el pasado, dota de peso específico también al tiempo actual, concediendo minutos y diálogo a los principales en las instalaciones de Abstergo de la actualidad, pese a que al espectador lo que le aptece es seguir las aventuras de sus antepasados en la época de los Reyes Católicos. Para mejorar algo han desarrollado para El Animus un visual brazo mecánico con holografias, mucho más aparente que la sala en la que el protagonista se conectaba en el video juego. En esto, la película acierta.

La historia no es una adaptación directa de ninguna de las versiones del videojuego.

La adaptación ha desestimado retomar alguna de las historias conocidas en los videojuegos y plantea una nueva totalmente, centrada en el libre albedrío y la busqueda por parte de los malvados Templarios del Fruto del Edén, que no sería la archifamosa manzana sino la localización en la cadena del genoma humano de los genes esepecíficos que determinan el por qué un ser humano es individual y puede pensar y actuar por sí mismo. Aunque se equivoque.

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El reparto en el estreno de Madrid.

Callum Lynch (Michael Fassbender) un chico que a los nueve años ve cómo su padre asesina a su madre, da tumbos por la vida hasta que termina acusado por un asesinato y es condenado a muerte. Tras la ejecución, despierta en los laboratorios de Abstergo, la mencionada industria. Allí, la doctora Sophia Rikkin (Marion Cotillard) será su cicerone por las instalaciones y por la aventura de los viajes en el tiempo. El padre de Sophia, el doctor Alan Rikkin (Jeremy Irons), es el Director de los laboratorios y necesita encontra el Fruto del Edén cuanto antes si quiere mantener su estatus en la sociedad de los Templarios modernos.

En el pasado, cuando Callum se introduce en El Animus, nos encontramos en la Sevilla de 1.492 justo antes de que los Reyes Católicos conquisten Granada y asistimos a las andanzas de El Mentor del grupo de asesinos (Carlos Bardem) que está formado, entre otros, por Aguilar de Nerja, el antepasado de Callum, y María (Ariane Labed). Allí los Templarios están dirigidos por los reyes y su brazo ejecutor, el inquisidor mayor Torquemada (Javier Gutierrez).

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El reparto en el estreno de Nueva York.

A partir de aquí la acción salta de la Sevilla de 1.492, en la que la Inquisición campa a sus anchas, al Madrid actual, donde descendientes de Asesinos se hacina en el laboratorio de la multinacional esperando su turno para viajar al pasado.

La acción salta de la actualidad al siglo XV. De unos laboratorios situados al lado del Calderón a una Sevilla en mitad de un auto de fé.

Como hemos dicho a nivel visual no se puede ni de lejos comparar las escenas de acción que se suceden en Sevilla con lo que ocurre en una sala de laboratorio y la película se descompensa por mantener la premisa y apostar por el presente.

La escena de María y Aguilar escapando de los Templarios por edificios y tejados de Sevilla es espectacular y no desmerece ninguna de las aventuras de los héroes de cualquiera de los videojuegos. Qué decir de El Salto de Fé que realiza Aguilar en dos ocasiones. Impresionante.
El Salto de Fé impresiona. No desmerece para nada el videojuego.

Por poner una pega al apartado visual, el exceso de polvo en el ambiente limita, y mucho, la visibilidad de la pantalla. Colocar ese recurso siempre que viajamos a una localización del pasado cansa.

Respecto a las diferentes actuaciones destaca sobremanera la presencia de Fassbender. Una sola escena, en la que los guardianes se lo llevan a rastras mientras él medio enloquece, vale para dar la medida de este actor de portentosa presencia. Por otro lado ejerce también de productor así que se ha guardado de aparecer bien en toda la película.

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La pareja protagonista

Cotillard bien pero sin esforzarse y con el freno echado. Resulta creible en su papel de adversario frágil pero nada más.

Otra película en la que actua Javier Gutierrez, en auténtico sprint hacia el estrellato.

Jeremy Irons pues pasa por allí pero sin más. Es alucinante que uno de los actores más impresionantes del cine de los noventa continue su caida libre actoral durante años. Eso sí, con cada vez más títulos en cartera. Brendan Gleeson y Charlotte Rampling no pasan de los escasos dos minutos de metraje por lo que vamos a dejarles sin calificar como a esos jugadores que salen en los minutos de la basura de los partidos mediocres.

Michael Fassbender, Marion Cotillard, Jeremy Irons, Brendan Gleeson, Charlotte Rampling, Ariene Labed y hasta Javier Gutierrez. Si algo tiene esta película es un auténtico reparto de campanillas. Otra de las críticas más oidas es que se ha desaprovechado el potencial disponible.

Sí que quiero resaltar tres actuaciones. La primera la presencia de Javier Gutierrez como Torquemada. Otra vez Javier Gutierrez en otra película y es que este asturiano ha decidido despegar definitivamente y en 2.016 ha aparecido en mil películas y series y en todas ha rendido bien. En este caso, rinde de manera correcta aunque una prótesis en la nariz hace que te despistes cuando aparece en pantalla. Pero ahí esta Javier en un blockbuster de primer orden y es para felicitarse y felicitarle.

El segundo punto positivo es la franco-griega Ariane Labed que sabe imprimirle al personaje de María una intensidad que traspasa la pantalla a pesar de que su personaje carece casi de texto.

Por último mencionar la aparición de Michael Kenneth Williams como Moussa, que no es que lo haga espectacular pero ver de nuevo al Omar de The Wire siempre es una buena noticia.

La banda sonora es un mero acompañante, o al menos a mí no me ha transmitido mucho más el trabajo de Jed Kurzel. Sí una de las canciones “Entrance Song” del grupo The Black Angels que está bien.

Hasta ahora, como habéis podido leer, no hay excesivas razones para decir que esta película sea un peliculón pero tampoco para rebajarle a categoría de fail supremo. Sin embargo hay dos mensajes que subyacen a esta obra del director Justin Kurzel y dependiendo de cómo reaccione el espectador ante ellos saldrá del cine sintiéndose engañado y por tanto desechando la propuesta, o neutro y clasificando la película como otra peli de palomitas con algunas escenas buenas de acción etc…

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Javier Gutierrez, Fassbender y Justin Kurzel, el director de la cinta.

El primero es la sensación de artefacto no reconocido. En el cine actual muchas películas son el comienzo de sagas y todas las productoras andan detrás de lograr replicar los éxitos de Disney con Star Wars o Los Vengadores o de Warner Bros con Harry Potter. Muchas de ellas lo son y lo reconocen. Sin embargo, los últimos fracasos de la serie Divergente y los míticos de La Brújula Dorada o Eragon, entre otros, parecen haber pesado en los productores de esta cinta que sólo en el tercio final de la película sacan la patita y dan un giro argumental brusco y, si me lo preguntais a mí, innecesario que sumerge la cinta en ser una simple preparación de las futuras secuelas. Este giro hace que muchos espectadores salgan del cine con cierta sensación de que le han robado la cartera y que simplemente han asistido a una preparación de merchandising futuro. Ahí, la película, falla de forma estrepitosa.

Rechina no admitir que esta es la primera de un montón de películas y demás artículos relacionados con los Asesinos y los Templarios. Los productores han tenido miedo de ser claros en esto y la película se resiente por ello.

El segundo es un poco más filosófico y es compartido con la saga de videojuegos que, desde su aparición, ha sido muchas veces catalogada de reaccionaria e incluso de inducir a la violencia. El mensaje moral de la película consiste básicamente en justificar la aparición y las acciones del Credo, esto es, de los Asesinos. Para ello, repiten hasta la extenuación una serie de lemas que, si se analizan, pueden resultar escalofriantes ya que emparejan la libertad humana al uso de la violencia contra los prójimos y, sobre todo, justifican la eliminación física de personas si obstaculizan dicha libertad humana o lo que los Asesinos consideren como un bien superior.

Tal planteamiento es algo así como abrir la caja de Pandora de la Filosofia y la Moral en una película de entretenimiento de masas. Algo que pasará desapercibido en general pero que puede que llegue a calar en alguien y termine el silogismo de una forma sorprendentemente parecida a como se concluyó en épocas pasadas. Mitad del siglo XX por poner sólo uno de los muchos ejemplos a lo largo de nuestra historia.

Justificar asesinatos en pro del bien común… un jardín en el que esta película se introduce de lleno sin saber muy bien cómo salir.

Sin ser tan dramático y dejando los videojuegos aparte, podemos decir que esta dualidad que se puede observar en los personajes principales del film (libertad vs. uso de la violencia) ha sido un intento fallido de dotar de un transfondo psicológico mayor del que necesitaban las motivaciones de los mismos. Fallido porque no está bien resuelto y el planteamiento es más detallado que el nudo y el desenlace. Y eso, como sabemos, concluye en que no entendamos el por qué de la progresión del arco de los protagonistas y no funcionen como personajes coherentes. En definitiva un error en el haber del director y del guionista.

Assasin´s Creed. 2.016. Dir: Justin Kurzel; GuiónMichael LesslieAdam Cooper ; ActMichael FassbenderMarion CotillardJeremy IronsBrendan GleesonCharlotte RamplingMichael Kenneth WilliamsAriane Labed y Javier Gutierrez. Producción de Regency y Ubisoft.

Nota Interludio: 6,5