Ghost in the Shell, el alma de la máquina (Rupert Sanders, 2017)

Dentro de la marabunta de proyectos para trasladar a live action películas con solera dentro de la animación, quizá nos enfrentamos en Ghost in the Shell a una de las adaptaciones más difíciles. Ghost in the Shell nació como manga, o comic japonés, a inicios de los noventa dentro de las corrientes cyberpunk que dominaban la ciencia-ficción desde finales de los setenta y que son una vuelta de tuerca desde una perspectiva orgánica a las novelas seminales de robots de Isaac Asimov.

Desde siempre la ciencia ficción ha sido utilizada para realizar preguntas profundas y tratar de responderlas sin estar sometido a las convenciones de la realidad y sin las barreras de la técnica, es decir, desde la libertad. Y así se plantea la historia original de El alma de la Máquina, una revisitación a las preguntas filosóficas primarias del ser humano (quiénes somos, qué es el alma, qué es la individualidad, por qué podemos perderla, cuándo dejamos de ser seres humanos, qué ocurre cuando duermo, qué es la consciencia, …) desde la premisa de una protagonista femenina que resulta del transplante de un cerebro orgánico a un cuerpo sintético. El alma espiritual atrapada en la cáscara física a la que, alegóricamente, se hace referencia en el título.

La Ciencia-Ficción es un género que permite plantear cualquier pregunta sin tener que ceñirse a lo convencional para responderla. Qué es el alma, cuál es el futuro del ser humano, … presentadas en un entorno inventado, nos habilita cualquier línea de pensamiento, por muy irreal que a priori nos parezca.

La película Ghost in the Shell (Mamoru Oshii, 1995) no fue, o al menos en mi ciudad, estrenada en salas comerciales y yo tuve la oportunidad de visionarla en unas jornadas sobre manga que se organizaron en 1997 en la Bibilioteca Municipal Ignacio Aldecoa de Vitoria. Hace nada más y nada menos que 20 años.

Dentro de la colección de películas que se iban a proyectar destacaba como una supernova la brillante Akira (Katsuhiro Ōtomo, 1982) y la sala se llenó para verla. Sin embargo esta, la subtitulada como El Alma de la Máquina, era menos conocida y muy pocos acudimos a la cita, algunos como yo movidos por ver una peli en vez de estudiar algún tema aburrido de la universidad. Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula.

El anime del 95 en el que esta película se basa es un punto de inflexión en el género. Por ello, esta película va a ser escrutada con lupa por aficionados de todo el mundo.

El tono general de la película, con escenas de acción superlativas junto a escenas sin dialogos y dominadas por una poesia narrativa muy acusada. Las capas del guión con profundidades filosóficas no acostumbradas en una película de animación. La anticipación cyborg que se planteaba, con humanos evolucionados con partes mecánicas, pérdida de intimidad, corrupción política y tramas de poder en el gobierno que dominaban a su antojo a la sociedad a la que pretendían servir. Todo en general, presentado con la riqueza visual acostumbrada en los animes, hacía que quedases atrapado por el universo planteado y su recuerdo perdurase en el tiempo.

Por todo esto, el anuncio de que se iba a trasladar a imagen real suponía una bivalencia entre la ilusión y el temor al «a ver qué van a hacer estos de Hollywood» habitual.

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El cast de la película junto al director Rupert Sanders (el primero de la izquierda); Scarlett, Takeshi Kitano, Juliette Binoche y Pilou Asbæk.

La mayor Mira Killian (Scarlett Johanson) conocida simplemente como «la Mayor» es la lider del equipo de acción de una fuerza especial del gobierno denominada Sección 9. La Mayor es aparentemente normal pero realmente es un experimento, la primera de su especie, un cerebro de una persona transferido mecánicamente a un cuerpo sintético. La Dra. Ouelet (Juliette Binoche) es la responsable científica del proyecto experimental y ejerce de algo parecido a una madre para la Mayor. A ella acude cada vez que tiene que ser reparada tanto física como espiritualmente y la doctora monitoriza todos y cada uno de los recuerdos y sentimientos que la Mayor tiene. La Sección 9 está dirigida por el jefe Aramaki (Takeshi Kitano) y formada por varios humanos con diferentes grados de «evolución«, esto es, de mejoras cibernéticas. De entre todos ellos destaca Batou (Pilou Asbæk) el compañero de la Mayor y, quizá, su único amigo.

Qué es el alma. Qué le da a un ser humano su humanidad. Cómo puede dejar de serlo. Qué es la consciencia y la conciencia. Dónde está el límite entre máquina y humano. Qué te hace dejar de ser un individuo diferente al resto. Estas son las preguntas que se hace el personaje de Scarlett Johansson a lo largo de la película.

La sección 9 está muy relacionada con Industrias Hanka, la desarrolladora principal de robots y mejoras ciber-orgánicas para humanos, aunque se supone que se debe al gobierno.

Una serie de asesinatos de responsables científicos de Industrias Hanka hará que la Mayor y sus compàñeros se internen en una peligrosa investigación en la que un extraño y desconocido personaje amenaza con hackear las mentes conectadas a la «red», el entramado mental al que el 73% de la población mundial se ha integrado una vez que ha decidido evolucionar gracias a las mejoras cibernéticas.

La Mayor deberá avanzar en la investigación mientras se enfrenta a todos y cada uno de sus propios miedos en un paralelismo bastante evidente con las novelas de Sherlock Holmes y el doctor Moriarty. Como sabemos, el ABC de una buena historia es aquella en la que el protagonista tiene un adversario de su nivel o incluso mayor.

Visualmente la película es excepcional. La acción y coreografía de las escenas, los decorados, los robots, el arte en general es absolutamente apabullante. Muchas escenas de la película de anime están directamente trasladadas a la realidad de una manera más que fiel. Los edificios, los ángulos, ambientaciones completas como la de la escena del submarinismo o el propio «nacimiento» de la Mayor son tales y como aparecían en la animación e incluso, en algunos casos, los cambios necesarios para traerlos a la vida han mejorado el conjunto.

Visualmente esta película es un ejercicio notable. Quizá no llega a ser la revolución de Matrix pero sí que es un punto y a parte respecto al resto de películas live action que se han estrenado hasta el momento.

La ciudad, un Tokyo no declarado, peca en exceso de un tributo a Blade Runner (Ridley Scott, 1982) pero se puede entender ya que toda película con una temática cyborg debe beber de la piedra filosofal de la estética del género.

La trama avanza sin respiro, no hay tiempos muertos, es más, se hace corta. Si hay algo que echarle en cara a esta adaptación es que se ha pecado de simplificación en la profundidad del tema. Todas las premisas argumentales están ahí, no se ha obviado ninguna, pero su planteamiento se presenta sin el detalle y la ceremoniosa contemplación del anime. Las escenas que dan pie a hablar del alma, los conflictos con la individualidad, el sentido de la vida, el asesinato de los débiles,…, todo está ahí, pero también es cierto que ocupan menos espacio de metraje que la pura acción espectacular. Muchos opinarán que eso ha restado profundidad a la película pero no seré yo uno de esos. El que quiera preguntarse el por qué de la existencia lo puede hacer con esta película tantas veces como con el anime si no más. Sólo hay que estar dispuesto a leer de manera global el lenguaje cinematográfico total que plantea.

Podemos establecer paralelismos de nuevo con Blade Runner y, es más, seguramente los mismos que dicen que esta película peca de superficial esperarán con el cuchillo entre los dientes la segunda parte de la icónica película de Ridley Scott. Pero no es cierto. Esta película transmite los interrogantes adecuados y es quizá el espectador el que tiene que tomarlos. Puede hacer falta más de un visionado para ello, pero lo mismo pasó en su momento con la historia de los replicantes y, de hecho, el fracaso incial con el que fue recibida, tornó con los años en el éxito incontestable con el que es considerada en la actualidad.

Scarlett Johansson demuestra que es una estrella de acción con trasfondo. No necesita del resto de Vengadores para brillar como protagonista. Ella se basta sola.

En cuanto a los actores creo que debo reconocer que la discutida elección de Scarlett Johansson como el rol protagonista ha sido, viendo el resultado, un absoluto éxito. Scarlett realiza un trabajo redondo interpretando de manera circunspecta a la Mayor cuando se trata de su vida «civil» y de manera ágil y potente cuando la acción así lo requiere. Sus trabajos anteriores como Viuda Negra y como la omnipotente Lucy han hecho que nadie dude de la valía de la actriz como heroína de acción. Y en cuanto al trafondo psicológico que destila el personaje, es pecata minuta frente a otros trabajos a los que se ha enfrentado. Además, Scarlett, «puede» con la película, que descansa totalmente sobre sus hombros de estrella absoluta.

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Scarlett Johansson, estelar en esta película.

Las participaciones como secundarios de lujo del gran Takeshi Kitano y la no menos grande Juliette Binoche se resuelven a favor del japonés por amplia ventaja. A pesar de los años, Kitano continúa siendo Kitano y su aura sigue impertérrita luciendo en pantalla.

Mención especial para el compañero de la mayor Batou, interpretado por el danés Pilou Asbæk y que a los aficionados al mundo de Canción de Hielo y Fuego les sonará por interpretar al furioso Euron Greyjoy. En esta película hace un papel clavado al personaje animado y está soberbio.

En el aspecto musical también es notable la banda sonora, que acompaña a lo largo del metraje con acierto siendo lo que debe ser, música con bases electrónicas a veces inquietante, otras veces resplandeciente.

En definitiva, notable adaptación llevada a cabo por el director Rupert Sanders, del que hasta el momento sólo conociamos Blancanieves, la Leyenda del Cazador (Rupert Sanders, 2012) y sus devaneos con la estrella de la misma, Kristen Stewart.

Dirección: Rupert Sanders;Reparto: Scarlett Johansson, Michael Pitt, Juliette Binoche, Michael Wincott, Pilou Asbaek, Takeshi Kitano, Chin Han , Joseph Naufahu y Christopher ObiTítulo en V.O.: Ghost in the Shell; Nacionalidades: USA Año: 2017 Fecha de estreno: 31-03-2017;Duración: 106 min;Género: AcciónColor o en B/N: Color; Guion: William WheelerFotografía: Jess Hall;Música: Clint Mansell

Nota Interludio: 8.5

La Bella y la Bestia (Bill Condon, 2017)

Disney, ese imperio todopoderoso que controla no sólo al ratón Mickey y el pato Donald sino todo el compendio de Princesas Disney, películas clásicas, Marvel, con los Vengadores, LucasFilms, con Star Wars e Indiana Jones, Pixar, aunque con un acuerdo siempre en peligro, … Bien, pues ese imperio estuvo a punto de pasar a mejor vida en los ochenta.

Los video-juegos, el video casero y sobre todo, la marcha del gran animador Don Bluth de la compañía del ratón y la fundación de su propio estudio, estuvieron a punto de dar al traste con la compañía fundada por el gran Walt. Sé que puede parecer una locura, pero en 1988 nadie daba un duro por el estudio de animación. Se consideraba tierra quemada. Sus parques de atracciones perdían dinero a espuertas y el cartel de cierre estuvo a punto de ser colgado varias veces.

No nos debe sorprender pues la otra gran compañía que domina la actualidad, Apple, también estuvo a punto de quebrar en esa época. Y es que los ochenta significaron un cambio en el consumidor medio tan importante como el que, con todo el bombo internetero, estamos sufriendo ahora. Si no más.

Pero como le pasó a la empresa de la manzana cuando reincorporaron a Steve Jobs, Disney se recuperó volviendo a sus orígenes, que en su caso era crear películas con historias que marcasen generaciones. Y eso fue lo que ocurrió en 1.989 con La Sirenita (Ron Clements, 1989). La bonita y simple historia de amor de Ariel, la hija del Rey del mar, atrapó de tal manera al público  que por sí sola fue capaz de girar a favor la caida libre de Disney.

El siguiente y ambicioso paso lo dieron en 1.991 con La Bella y la Bestia (Gary Trousdale y Kirk Wise, 1991), primera película de animación que logró el increible hito de ser nominada a mejor película en la ceremonía de los oscars junto a nada menos que JFK (Oliver Stone, 1.991), Bugsy (Warren Beatty, 1.991), El Príncipe de las Mareas (Barbra Streissand, 1.991) y la ganadora, El Silencio de los Corderos (Jonathan Demme, 1.991). Recordemos que por aquella época sólo cinco películas competían por la estatuilla de mejor película y, entre ellas, se coló este hito en la animación.

Por todo esto, la adaptación a live motion de La Bella y la Bestia no podía ser cualquier cosa, ni se podía resolver de cualquier manera y el Estudio ha querido tirar la casa por la ventana. Actores famosísimos y muy competentes, un director especializado en hacer películas éxitos de crítica y público, efectos especiales a tutiplén y la historia, extendida por más de dos horas dando al espectador todo lo que, posiblemente, estaba esperando.

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Emma Watson, la bella «de verdad».

Y sin embargo, tras su visionado nos queda un sentimiento de, al menos, pequeña ¿decepción? No sé si sabré explicarlo pero tratemos de hacerlo.

Los primeros minutos de la película nos introducen en la historia de La Bestia (Dan Stevens), un insoportable y mal criado príncipe que es encantado por una hechicera por su hortera forma de vida, centrada en lo más superfluo. Tiene de plazo para cambiar hasta que caiga el último pétalo de una rosa encantada y como hándicap le convierte en un monstruo horrible, que sin embargo, al menos a mí, me parece hasta mono.

Bella (Emma Watson) es una, redundantemente, bella habitante de un pequeño y recóndito pueblo del interior de Francia a pocos kilómetros del castillo encantado en el que La Bestia padece su hechizo.  A pesar de su belleza, sus vecinos la consideran un bicho raro porque le gusta leer (sí amigos, así es) y, parece, no tiene interés por casarse.

Su padre Maurice (Kevin Kline), otro bicho raro, parece relojero o inventor, no sabemos muy bien. Se dedica a hacer pequeños mecanismos que vende en un mercado, posiblemente en París. Bella siempre le pide a Maurice que le traiga una rosa y su padre siempre lo hace. Un hábito que les dará más de un problema como veremos.

Gastón (Luke Evans) suspira por casarse con Bella, pero lejos de ver en ella la mujer fuerte y decidida que es, lo que ve es una muesca más en sus victorias. Él es un cazador y Bella, la presa más cotizada entre las casaderas del pueblo.

A su lado Le Fou (Josh Gad) un simpático personaje con un carácter gay evidente que suspira por Gastón y le lisonjea repetidamente. Este personaje es el primer acercamiento a un homosexual realizado desde Disney y, por ello, será recordado para siempre.

Una tormenta en la noche atrapa a Maurice a su vuelta al pueblo y deberá resguardarse en el castillo encantado, allí cometerá un error y La Bestia le atrapará. A partir de ahí, una valiente Bella luchará por liberar a su padre y de paso conocerá el amor verdadero, ese que sólo se basa en el interior.

En definitiva la historia es la que es, no busquemos nada más pues si bien es cierto que se ha añadido metraje y, para ello, se ha dotado de más trasfondo a los dos personajes principales, no lo es menos que esos añadidos no logran dar información importante o necesaria y por tanto, como dice siempre el maestro de guionistas Robert MacKee «si una escena no hace que el espectador cambie su punto de vista entre el incio y el final, sobra, elimínala».

Eso sí, todo está maravillosamente realizado. El espíritu de cuento de hadas que tenía el original es pasmosamente trasladado a la imagen real y Emma Watson es una Bella competente, aunque el pelotón de haters de la actriz se empeñarán en llamarla sosa. Emma realmente transmite al personaje principal femenino y le da su, objetivamente hablando, belleza. Aunque eso sí, la belleza esté en el interior y, para demostrarlo, hasta invente una lavadora (sí amigos, han leido bien, una lavadora). Porque Bella no sólo es una cara bonita, tiene mucho más en su interior.

Kevin Kline y Luke Evans me parecen lo mejor de la película. Hacía mucho que no disfrutábamos del enorme Kevin Kline y aquí lo hace genial, creible y con esa calidez que transmite siempre este actor, del que más nos gustaría ver, si fuese posible. Luke Evans, el intérprete del despreciable Gastón, también desempeña a gran nivel, haciendo de un personaje deleznable alguien que resulta hasta simpático en su estupidez.

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El Cast al completo. Celine Dion incluida.

En cuanto a LeFou, dificil de calificar. Como hemos dicho es el primer acercamiento a lo gay por parte de una major tan conservadora como la del ratoncito y, aunque está tratado de manera exquisita, no deja de ser el contrapunto cómico de la obra y en el baile final, ese punto cómico se desbarra en un breve pero forzado intercambio de parejas. Aún así, el actor, Josh Gad, ejecuta su dificil rol de manera notable y, en general, el personaje se hace querer.

Qué podemos decir de todo el jaleo de personajes del castillo, todos esos utensilios encantados. Lo principal es que los efectos especiales son de altura. El próximo óscar de efectos tiene aquí a un gran candidato. Los objetos inanimados cobran vida de forma creíble y se humanizan acertadamente. No hay ni un pero.

En cuanto a La Bestia, lo comentado. No es tan horrible como debería para mi entender. Es hasta encantador y a veces parece más un chebwaca amable que una bestia peligrosa.

En resumen, un buen ejercicio que sin embargo no engancha. Primero porque la historia no tiene ningún punto nuevo de vista y lo añadido no aporta más que metraje. A diferencia de lo logrado por Maléfica (Robert Stromberg, 2.014), mucho más arriesgada (y más corta también) o la reciente El libro de la selva (Jon Favreu, 2016), con una revisita plagada de acción sin respiro, aquí vemos de nuevo la historia, con planos calcados en ocasiones. Muy bien hechos, sin duda, pero directamente trasladados a «personas». Es más, las incoherencias primigenias de la historia (que sólo importe el interior pero que Bella sea hermosísima y que La Bestia sea transformado en un bello príncipe) no se resuelven de ninguna manera, resultando cuando menos naïf la intención de que la historia pueda ser adulta, algo que no ocurre en las anteriormente mencionadas.

Y segundo porque a esta película el doblaje, tal y como yo la ví, le hace un flaco favor. Y es que al final del encantamiento descubriremos a la mayor pléyade de actores de renombre juntados últimamente por una película que sin embargo, y al no escuchar sus voces, han pasado desapercibidos por todo el metraje.

La música, al final estamos ante un musical, es la conocida. Hasta Celine Dion se ha animado a grabar la canción. En definitiva, lo dicho, han tirado la casa por la ventana.

Y lo último… mirándolo bien, yo no sé si a la muy decidida Bella le gusta más su amado con forma humana o con forma de Bestia. Para mí, más lo segundo.

Beauty and The Beast; Director: Bill CondonWriters: Stephen Chbosky (screenplay), Evan Spiliotopoulos (screenplay); Stars: Emma Watson, Dan Stevens, Luke Evans, …

Nota Interludio: 7

Whiplash (Damian Chazelle, 2014)

Secuestrados por el fenómeno La La Land, Ciudad de las Estrellas (Damian Chazelle, 2016) , hemos decidido revisitar Whiplash (Damian Chazelle, 2014) la primera película, al menos con distribución generalizada, de su director, el verdadero enfant terrible del nuevo cine norteamericano, el jovencísimo Damian Chazelle.

El planteamiento de esta película es conocido y, de hecho, ya se ha rodado por gente como Alan Parker, Fama (Alan Parker, 1980) o Bob fosse, All that Jazz (Bob Fosse, 1979), esto es, el esfuerzo sobre humano que se les pide a algunos para lograr la inmortalidad según el canon actual, es decir, la fama.

¿El fin justifica los medios? ¿para lograr el éxito hay que llevar al extremo a las personas? ¿puede un profesor o un superior maltratar a un estudiante con el fin de sacar lo mejor de él? De estos temas habla de una forma magistral esta película.

Neiman (Miles Teller) es un jovencísimo estudiante de un conservatorio de Nueva York. Es bateria suplente de una de las bandas de jazz del conservatorio. Su sueño es convertirse en el nuevo Buddy Rich, una leyenda del jazz. Para ello, para hacer historia, tiene un objetivo. Todos los días entrena con las baquetas para lograr que el profesor Terence Fletcher (J.K. Simmons) se fije en él. Fletcher dirige la big band más importante del conservatorio y muchos de los que la integran podrán optar a contratos con las casas de discos más importantes como Blue Note o, incluso, integrar la Lincoln Center Jazz Orchestra, la más prestigiosa banda de Jazz del mundo, dirigida por Winton Marsalis y que tantas veces hemos tenido la suerte de ver en el festival de Jazz de Vitoria. Esta orquestra está formada sólo por quince miembros y de ellos, sólo hay un bateria.

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J.K. Simmons (Fletcher), Miles Teller (Neimann( y el director Damian Chazelle.

Fletcher es un tirano. Maltrata a los integrantes de su banda física y, sobre todo, psicológicamente. Busca la excelencia basándose en la dominación y, por ello y paradójicamente, consigue que los músicos le rindan pleitesía ciega. Como muchas veces ocurre en la vida real y tantos ejemplos tenemos, los músicos se desviven y permiten cualquier exceso del profesor simplemente porque creen que así conseguirán su objetivo y lograrán triunfar. Y cada uno de ellos, lo único que buscan es triunfar, lograr salir de esa banda de conservatorio disparados hacia el olimpo del Jazz.

Pudiera parecernos que los músicos de Jazz son personas relajadas y fraternales. Nada más lejos de la realidad. El Jazz se maneja por la competitividad extrema. Muchos son los llamados pero muy pocos los elegidos.

Como en muchas de estas películas, sorprende al común de los mortales la competencia descarnada que se establece entre los músicos de una disciplina tan, por así decirlo, libre y fraternal como es el jazz. Cómo los músicos que ocupan la silla en la banda deben velar para que nada ni nadie les robe su sitio. Cómo se llega casi a lo físico para defenderlo. Y cómo la exigencia extrema se vuelve dramática para las vidas personales de estos ejecutores.

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J.K. Simmons observando a Miles Teller en una rueda de prensa.

Neiman y su padre, un profesor de instituto de literatura que quiso ser escritor pero no terminó escribiendo nada, fueron abandonados por su madre años atrás. El profesor no dudará de, públicamente, referirse a esta vivencia personal del bateria para lograr que este se aplique con más esfuerzo. Es más, no dudará, de recurrir a cualquier dato personal de cualquiera de sus pupilos para hacer que estos se esfuercen más. Para, según él, motivarlos.

J. K. Simmoms está excelente pero es también cierto que su personaje es un caramelo. Ganó el óscar en 2.015.

Guarda la película un par de escenas protagonizadas por los dos actores principales que quedarán para el recuerdo en la mente del espectador. Especialmente esa en la que el profesor demuestra al  alumno que sabe si se está o no adelantando al ritmo que marca la partitura.

La interpretación del profesor, realizada de forma apreciable por J. K. Simmons, le valió un oscar en la ceremonia de 2.015. Inteligentemente, Chazelle, muestra un par de escenas que humanizan en cierta medida al tirano. Fletcher se comporta como un verdadero hijo de puta con los músicos de su banda pero, entendemos, no es un hijo de puta. Sólo cree que comportándose así logrará sacar de ellos lo mejor posible. Aquí la película desliza peligrosamente entre las arenas movedizas de la justificación por el fin buscado y la denuncia de este tipo de actividades.

Damián Chazelle dirigió y escribió esta película con treinta años. Ha escrito y dirigido La La Land con treinta y dos. Maneja un lenguaje cinematográfico fuera de su generación. Sólo mueve rápido la cámara si es necesario. Pausa los momentos, coloca la cámara donde hay que colocarla. En definitiva, es un gran autor. Estamos de enhorabuena.

Una conversación entre ambos protagonistas ilustra el problema que plantea la película de una manera magistral. Mientras el profesor cree que si el director de la banda en la que comenzó su carrera Charlie Parker no le hubiera tirado un plato a la cabeza, éste nunca hubiera llegado a ser Bird, el alumno le indica que haciendo eso igual muchos buenos interpretes se desencantan y abandonan y, aunque él no lo dice, todos recordamos que Bird fue un sublime músico pero un gran desgraciado ser humano. Fletcher concluye que las dos peores palabras del idioma son «buen trabajo», por lo que descubrimos en ese momento a un extremista irredento.

El profesor cree que el Jazz está muerto porque ya no se exige lo que se debería a los intérpretes. Ya no hay Brids, ni Gillespies porque ahora, se haga como se haga se dice «buen trabajo». La película nos coloca frente a un problema moral y aunque no se decanta por una solución concreta sí que, peligrosamente, se acerca a la del fin justifica los medios.

Termina la película con el verdadero tour de force entre ambos intérpretes. Una escena que parece que termina con un giro realmente copernicano pero no, continúa y continúa hasta lograr que ambos se miren por primera vez directamente a los ojos, descrito todo de forma realmente cinematográfica por un entonadísimo director.

Miles Teller hace una gran actuación. Le hemos visto en películas cono los Juegos del Hambre y otras. Pero aquí demuestra que es un gran actor de tan sólo treinta años. Se hablará de él.

Además de mejor actor, la película consiguió el óscar de mejor montaje y de mejor sonido en 2.015, un total de tres de las cinco nominaciones con las que partía.

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Miles Teller con su «instrumento de trabajo» en Whiplash.

En definitiva una película con un planteamiento simple pero que atrapa al espectador gracias a cómo está contado y quién lo está contando.

Whiplash; 2014; Dir: Damian Chazelle; Int: Miles Teller, J. K. Simmons, Miriam Benoist, Paul Reiser; Guión: Damian Chazelle; Música: Justin Hurwitz.

Nota Interludio: 8.

Magnolia (Rufus T. Firefly, 2017)

Conocí a Rufus T. Firefly en un concierto de Radio 3 hace unos años. Puse la tele y sólo alcancé a ver un montón de chavales tocando increiblemente bien un montón de insrumentos y melodías superpuestas. Era el concierto en el que presentaban Nueve (2014) su anterior trabajo, que cuenta con una canción increible llamada ´El Problemático Winston Smith´.

El nueve que titulaba ese trabajo indicaba que esos eran los años que este grupo de Aranjuez, que toma el nombre del personaje que interpretaba Groucho Marx en Sopa de Ganso (Leo McCarey, 1933), llevaba girando. Nueve, que ahora son doce, y sigue la eterna duda en el aire ¿cómo es posible que un grupo tan increible no haya llegado al gran público?

Rufus T. Firefly te puede gustar más o menos. Puedes hasta odiarlo, pues toda expresión artística está sujeta al gusto de quién la disfruta. Pero lo que de ninguna manera puedes obviar es la inestimable calidad que atesoran los integrantes de este grupo. El dominio de los instrumentos que tienen y que les permiten utilizar recursos que otros ni siquiera conocen de su existencia.

Rufus T. Firefly es un grupo que atesora calidad en la ejecución, en la composición y en la producción. Sus canciones son experiencias. Magnolia no es un disco de consumo rápido. Exige del que escucha pero, a cambio, da satisfacción que perdura en el tiempo.

A veces, escuchando las canciones de este disco, parecería que nos encontramos ante una formación entroncada en un Jazz contemporáneo y es que las piezas, aunque cantadas y por tanto canciones, progresan con un frescor de falsa improvisación. Falsa porque si algo me ha quedado claro es que son unos perfeccionistas denodados, que no deben descansar hasta que toda nota que aparezca en las innumerables melodías principales y secundarias esté justificada y empaste en el conjunto.

Bajando al detalle, Magnolia es un disco que podríamos catalogar como psicodélico, progresivo, con elementos electrónicos actuales y ochenteros, con guitarras y bajos poderosos, con una batería que suena a veces espesa y con una voz que desgrana letras sin aparente sentido y que forma poesía de caracter lírico que, sin embargo, llega a implantar versos reconocibles y tarareables en quien la escucha.

Es en definitiva, quizá, lo que pudiera parecer como lo más alejado del main stream actual, una apuesta adulta por música que te hace viajar y recorrer las mentes de sus autores, sin concesiones a gustos masivos, una invitación a vivir una experiencia más que a escuchar un disco. Y sin embargo, también logra colocar un par de temas en buena posición para ser programado no sólo por cadenas especializadas sino por generales y contiene varias candidatas a ser remezcladas y activadas por dj´s para quemar algunas pistas.

Rock, indie psicódélico, progresivo y electrónico. No estamos hablando de música de masas… por ahora.

En un disco de diez temas, tres sobresalen por méritos propios y un cuarto es un puro mecanismo de relojería que atrapa desde la primera escucha y te secuestra durante días y semanas. Balance más que positivo si reconocemos en las seis restantes canciones de notable alto. Me permito desgranar las cuatro ´magníficas´.

Tsukamori da la bienvenida al disco con una melodía inicial sacada de las películas de ordenadores de los años ochenta. Bases punteadas que te ponen sobreaviso de lo que va a venir. Canción que te toma del mano y te mece en los primeros compases del viaje de Magnolia y te deja esas perlas que pueblan el disco: ´que el aullido del viento se haga canción´. Brutal.

Cisne Negro es una canción oscura, trémula, con una melodía de fondo de baquetas sobre la que el grupo va pintando las sucesivas y la voz susurra, más que canta, versos que te sumergen en el mundo del otro lado. El bajo y los sonidos electrónicos hacen un diálogo a lo largo del tema. Grandísima propuesta y candidata evidente a poblar pistas.

–O– , es quizá el tema más parecido a lo que podría denominarse como éxito masivo en el mundo de Rufus T. Firefly y presenta una propuesta basada en el bajo otra vez y las codas electrónicas mientras los versos, también esta vez negros como boca de lobo, hacen el trabajo de recordarte que esto no es otro disco de consumo rápido sino algo más. Por ahí aparece también Basquiat y otras referencias a las ciudades y a la vida interior. Es también un tema bailable y brillante. Finaliza con un corolario electrónico que parece sacado directamente del ochenta más electrónico y psicodélico.

Finalmente está la canción del disco. Río Wolf. Para mí lo más potente que he escuchado en mucho tiempo. Una mezcla extraña y sin embargo adictiva. La guitarra y batería de Led Zeppelin con la electrónica de unos Pink Floyd, … no sé, absolutamente increible esta canción en la que además la letra raya la excelencia, con unos versos increibles: ´tengo el poder del fracaso / kilómetros de derrotas/ voy a saltar en pedazos / para llover en tus sábana…´ Se podría decir más alto pero no más claro, Río Wolf es lo mejor que he escuchado de un grupo español en años, quizá desde Los Amigos que Perdí de Dorian o alguna canción del debút de Vetusta Morla.

Río Wolf es grande. Muy grande. Un diez.

Dicho todo esto, os recomiendo efusivamente la escucha de este disco y me encomiendo a las giras veraniegas, porque lo que queda claro tras la primera canción es que si bueno es el disco, su producción, su composición y su ejecución, si se traslada de manera al menos parcial a los conciertos estos serán memorables.

Nota Interludio: 9.

Magnolía; Rufus T. Firefly; 2017; Datos de la grabación extraídos de su página web: Víctor Cabezuelo: Guitarra eléctrica, sintes, rodhes, piano, arpegiadores y voz; Julia Martín-Maestro: Batería, percusión, electrónica; Carlos Campos: Guitarra eléctrica y efectos; Miguel de Lucas: Bajo y moog; Manuel Cabezalí: Guitarra eléctrica; Martí Perarnau IV: Sintes y programaciones; Rodrigo Cominero: Teclados y coros; Grabado por Dany Richter en El Lado Izquierdo y por Víctor Cabezuelo en El Lago Naranja; Mezclado por Manuel Cabezalí; Masterizado por Hay Zeelen; Producido por Víctor Cabezuelo y Manuel Cabezalí.

Os dejo incrustado el disco en Spotify:

 

 

Lion (2016, Garth Davies)

Lion es una película que consigue transmitir todo lo que su autor, el director Garth Davies, se propone. Expone la durísima situación de los niños en India. Expone la dificultad de incorporarse a una vida llena de comodidades cuando se proviene de la casi nada. Expone, también, los demonios internos de los niños adoptados y cómo el ser humano en igualdad de condiciones reacciona de diferentes maneras. Expone lo dificil que es ser padres de niños adoptados y cómo, muchas veces, las personas que se enfrentan a situaciones de niños con traumas muy profundos no saben cómo tomar las decisiones correctas. Y, por último, nos enfrenta a la pérdida del arraigo y lo importante que es para cualquier persona conocer de dónde venimos, aunque sea únicamente para recopilar esa información y añadirla a la respuesta de la pregunta fundamental que todos nos hacemos a lo largo de nuestra vida, ¿quién soy?

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Dev Patel, actor, y Garth Davies, Director, de Lion.

Saroo es un niño de 5 años que vive junto a su hermano mayor Gudu, su hermanita Shekila y su joven madre Kamla en una pequeña aldea india. Todos son muy felices dentro de la enorme pobreza que les rodea, con esa felicidad que a veces nos cuentan los cooperantes que trabajan sobre el terreno en la zona. Trapichean por aquí y por allí para conseguir un poco de alimento que echarse a la boca pero siempre sonriendo.

Saroo adora a su hermano mayor y le sigue en todas las aventuras que este emprende para conseguir algo de dinero para la familia. Un día, ambos, comienzan un viaje por tren para acudir a un trabajo. En la primera etapa del mismo, el pequeño, se pierde.

Saroo y su familia vive en la pobreza más absoluta pero féliz. Con esa felicidad que te transmiten los cooperantes que la han visto sobre el terreno. Esa felicidad por simplemente vivir y compartir la vida con los seres queridos.

Inusitadamente la peli se transforma en un documental realista de la situación de la India en el que el director, sin una sola palabra pero ayudado de una banda sonora extraordinaria, sigue las aventuras de Saroo para sobrevivir. Sobrevivir al día día y a los innumerables peligros que acechan a los niños de las calles de Calcuta: policia corrupta, mafias que trafican con los pequeños, palizas, …

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Actor Dev Patel, screenwriter Luke Davies, actress Nicole Kidman, actor Sunny Pawar and director Garth Davis

Tras mil vicisitudes el pequeño acaba con sus huesos en una institución en la que puede parecer que la situación no va a mejorar mucho respecto a lo vivido en las calles pero una activista le consigue una familia adoptiva en Australia. El pequeño viaja hasta Tasmania y conoce a John y Sue (David Wenham y Nicole Kidman) sus nuevos padres, unos adinerados y bondadosos australianos, que se transforman desde el inicio en su familia.

Tras un año de felicidad absoluta, la pareja australiana adopta a otro niño, Mantosh, un niño que ha sufrido lo mismo o más que Saroo pero que no ha sido capaz de digerirlo de igual manera y tiene crisis de nervios con autolesiones.

«A Long Way Home» es el título del libro en el que se basa la película, libro que narra la historia real de Saroo Brierley y de cómo consiguió encontrar sus raíces veinticinco años después de perderse en una estación de tren de un pueblo remoto de la India, cuando contaba apenas cinco años.

Tras una elipsis de veinte años volvemos a encontrarnos ya con un Saroo (Dev Patel) joven y triunfador, un Mantosh (Divian Ladwa) con serios problemas de adicciones y unos John y Sue que tratan de llevarlo lo mejor que pueden pero queriendo de igual manera, es decir mucho, a ambos chicos.

Vemos a partir de este momento como Saroo vive de espaldas a su pasado y cómo este le alcanza y le pone contra la pared. Cómo trata de hacer una vida normal junto a su novia Lucy (Rooney Mara) y cómo le es imposible por esa cuenta pendiente que tiene con su familia real.

Comienza una búsqueda incansable de aquella aldea india, buscando ayudado por las nuevas tecnologías durante años hasta que de una manera casi accidental,  resuelta de una forma poética por el director, la encuentra.

Se abre aquí la última parte de la película en la que el director eleva el espíritu de la adudiencia hasta dejarle una sensación reconfortante que sólo este tipo de películas consigue y que el director, como comentaba al principio de la reseña, logra con éxito absoluto.

Lion no es una obra maestra pero es, sin lugar a dudas, una película que cuenta una historia real absolutamente maravillosa. Contada de una manera preciosa, con unas imágenes de la India excepcionales y una banda sonora descollante. Patina un poco en la parte del Saroo adulto pero nos deja una actuación, en esa fase de la historia, de Nicole Kidman increiblemente contenida, resumida en unos primeros planos que te desarman mientras la actriz nos cuenta la historia de su personaje de esa manera que sólo sabía hacer la Kidman en sus mejores años.

www.lionmovie.com recauda fondos para ayudar a los miles de niños que viven en las calles en la India. Este es también uno de los mensajes que da esta película, la voluntad de superación que puede hacer que la vida de estos niños mejore y que nos concierne a todos.

Como colofón unas imágenes de los personajes reales en los que se basa la historia coronan la película en sus créditos finales haciendo que salgas de la sala con ese optimismo que te dan las historias de auténtica superación personal, inspiradoras y conmovedoras a partes iguales.

Lion está nominada a seis premios de la Academia de los Oscars: Mejor Película, Mejor Actor de reparto (Dev Patel), Mejor Actriz de reparto (Nicole Kidman), Mejor Guión Adaptado, Mejor Banda Sonora y Mejor Fotografia.

Lion; 2016; Garth Davies; The Weinstein Company; Act: Dev Patel, Nicole Kidman, Rooney Mara; Guión: Luke Davies; Basada en el libro: A Long Way Home de Saroo Brierley; Música: Volker Bertelmann, Dustin O´Halloran; Fotografía: Greig Fraser.

Nota Interludio: 8

Daybreaks (Norah Jones, 2016)

Decía Robert Mitchum que ser actor consistía, básicamente, en entrar a la escena por donde te indicaban, decir tu frase y tratar de no tropezarte con ningún mueble. Esconde la provocadora boutade del grandísimo actor que dio vida, entre otros, al recordadísimo reverendo de La Noche del Cazador, dos verdades tan incontestables como quizá contradictorias.

La primera es la autoimportancia que muchos artistas ortorgan a su trabajo con la consiguiente pérdida de naturalidad que, en ocasiones, imposta el resultado. Hay que tener en cuenta que Mitchum desempeñó su actividad rodeado de compañeros adscritos al famoso Método Stanislavski, método que obligaba al actor no a emular ser un personaje sino a convertirse en el personaje, buceando incluso muchos años atrás en la vida del mismo para encontrar las motivaciones que le hacían actuar como lo hacía en la obra de teatro o película en la que trabajaba. A todas luces necesario para algunos personajes, pero no para otros, en los que se llega al exceso y a la pérdida total de la frescura necesaria que debe acompañar toda obra creativa.

La segunda verdad es que cuando un artista llega a un estatus dentro de su profesión muchas veces le basta simplemente con estar y hacer lo que se espera de él. Los automatismos y las herramientas mil veces usadas y probadas son suficientes para afrontar cualquier nuevo trabajo y asumir un riesgo o cambiar el paso, es algo que no se plantea. Todo esto dicho desde el absoluto respeto a toda tarea de creación.

Adolece Daybreaks, el último disco de Norah Jones, de ambos problemas lo que hace que quede lastrado a pesar de que es un disco amable y sensible. Y es que Norah Jones por un lado ha hecho un disco sin muchas concesiones a quienes van a oirlo desde círculos fuera del ambiente jazzistico y por el otro, su evidente capacidad como cantante y compositora, le ha permitido reunir un conjunto de canciones que no llegan a atrapar a pesar de ser todas correctas.

Daybreaks es un disco bonito, bien cantado, bien tocado y bien producido. Otra cosa es que sea relevante. Norah Jones es una de los mayores exponentes del Pop-Jazz moderno. Ha vendido unos 50 millones de discos a lo largo de su carrera y está enraizada en el mainstream. Quizá esperábamos algún tema o hit que nos elevase en este nuevo trabajo que se anunciaba como el retorno a la senda de su primer gran disco, Come Away With Me.

Al oirlo, el disco te gusta, no es posible que las canciones que lo forman no te parezcan sensibles y bonitas, pero no pasa de ahí. Es decir, se escucha pero no te atrapa. Cuesta querer repetir una canción tras su escucha. Cuesta identificarse con los temas.

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Norah al piano.

Analizando más a detalle las canciones podemos decir que hay de tres grandes grupos: las primeras, las que pertenecen al Jazz clásico, gobernadas por un piano como hilo conductor y a las que pone la guinda la estupenda voz de la cantante. En el segundo grupo, aquellas que se acercan más al pop, con el uso de caja de sonido en vez de batería en vivo y que están bastante conectadas con un trabajo anterior de la artista, The Fall. Por último, hay un par en las que el country sazona los ritmos.

En definitiva un remix de estilos, algo habitual en de la obra de la artista, pero al que, en este caso, no consigue dotar de sensación de continuidad y unidad a lo largo del disco.

A pesar de todo, hay muy buenas canciones y sobre todo debo remarcar dos.

La primera Flipside, una canción con un piano rápido, tremendamente cantada y que nos devuelve una apuesta interesante por parte de Jones. Quizá el mayor riesgo del disco.

La otra una preciosa balada jazz clásica, And Then There Was You, que realmente demuestra que vocalmente es una superdotada y que podría haber estado en el repertorio de cualquier gran dama clásica de Jazz.

También, apuntar que hay una versión de Neil Young, Don´t Be Denied, que está bastante bien.

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Norah Jones y Neil Young en un concierto.

En definitiva, un disco bonito, que demuestra los valores de Norah Jones como una de las cantantes más dotadas del Jazz moderno pero que, para mí, no aporta nada nuevo o remarcable.

A pesar de esta humilde opinión que os traigo, quiero terminar esta crítica apuntando que el disco ha sido muy bien recibido por la crítica en general y ha debutado como número uno en las listas de Jazz de EEUU y los principales países europeos. Al César, lo que es del César.

Nota Interludio: 6,5

Daybreaks (2016). Norah Jones. Blue Notes Records.

Os adjunto el disco en Spotify.

Assassin´s Creed (Justin Kurzel, 2016)

Dificil tarea la de afrontar esta crítica. Assasin´s Creed, uno de los blockbusters de finales de 2016 inicios de 2017, está siendo vapuleado indiscriminadamente de una manera casi general cuando, en principio, no es una película redonda pero tampoco mala.

Partamos de que la idea en la que se basa, la del video juego original y sus secuelas, es complicada de asimilar por alguien que no ha tenido la oportunidad de pasar un rato frente a la consola, ya que en la peli no dedican el tiempo suficiente para explicar sus premisas y resulta en exceso un in media res. Por esto, parece que el protagonista viaja en el tiempo y se da de mamporros con un montón de gente sin motivación ni causa.

Assasin´s Creed no es redonda, está lejos de ello, pero tiene algunos puntos a su favor. Sobre todo la presencia de Fassbender y la Sevilla digitalizada por la que se mueven como personajes de videojuego Aguilar y María, la pareja de Asesinos de 1.492.

Expliquemos pues algunos datos del videojuego que conviene conocer antes de ver la película. La premisa del juego es que nuestro protagonista puede viajar al pasado gracias a una tecnología, El Animus, desarrollada por una multinacional, Abstergo. En ese pasado el prota se reencarna en uno de sus antepasados, que justo resulta que es miembro de una sociedad secreta llamada Assassins. Esta sociedad, basada en los Hassassin musulmanes, lleva una lucha durante siglos con los Templarios.

Aquí destacan las primeras ideas brillantes de los creadores del videojuego, esto es, los Asesinos son los buenos, los Templarios los malos y la acción ya ha pasado, es decir, el protagonista sólo la revive en una especie de visualizador del espacio-tiempo, lo que llaman El Animus.

Abstergo, Animus, Asesinos, Templarios, Fruto del Edén, … toda una serie de terminología que puebla esta película y que es necesario, al menos, identificar para no acabar perdido.

Como seguro que os habéis dado cuenta, el personaje que más mola a nivel visual y de acción es el del pasado. El que ocupa el tiempo actual permanece como en Matrix o en Avatar, es decir, enchufado a una máquina y quieto. A pesar de esto, lo que diferencia este concepto de otros es que el héroe debe volver con el conocimiento adquirido pasivamente durante la visualización del pasado a la actualidad y, en el ahora, terminar el trabajo. Así pues la parte de acción en el presente es importante y no se puede obviar pese a que a muchos no les interese tanto.

Por todo esto, aunque esta superproducción echa el resto en los efectos y secuencias ambientados en el pasado, dota de peso específico también al tiempo actual, concediendo minutos y diálogo a los principales en las instalaciones de Abstergo de la actualidad, pese a que al espectador lo que le aptece es seguir las aventuras de sus antepasados en la época de los Reyes Católicos. Para mejorar algo han desarrollado para El Animus un visual brazo mecánico con holografias, mucho más aparente que la sala en la que el protagonista se conectaba en el video juego. En esto, la película acierta.

La historia no es una adaptación directa de ninguna de las versiones del videojuego.

La adaptación ha desestimado retomar alguna de las historias conocidas en los videojuegos y plantea una nueva totalmente, centrada en el libre albedrío y la busqueda por parte de los malvados Templarios del Fruto del Edén, que no sería la archifamosa manzana sino la localización en la cadena del genoma humano de los genes esepecíficos que determinan el por qué un ser humano es individual y puede pensar y actuar por sí mismo. Aunque se equivoque.

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El reparto en el estreno de Madrid.

Callum Lynch (Michael Fassbender) un chico que a los nueve años ve cómo su padre asesina a su madre, da tumbos por la vida hasta que termina acusado por un asesinato y es condenado a muerte. Tras la ejecución, despierta en los laboratorios de Abstergo, la mencionada industria. Allí, la doctora Sophia Rikkin (Marion Cotillard) será su cicerone por las instalaciones y por la aventura de los viajes en el tiempo. El padre de Sophia, el doctor Alan Rikkin (Jeremy Irons), es el Director de los laboratorios y necesita encontra el Fruto del Edén cuanto antes si quiere mantener su estatus en la sociedad de los Templarios modernos.

En el pasado, cuando Callum se introduce en El Animus, nos encontramos en la Sevilla de 1.492 justo antes de que los Reyes Católicos conquisten Granada y asistimos a las andanzas de El Mentor del grupo de asesinos (Carlos Bardem) que está formado, entre otros, por Aguilar de Nerja, el antepasado de Callum, y María (Ariane Labed). Allí los Templarios están dirigidos por los reyes y su brazo ejecutor, el inquisidor mayor Torquemada (Javier Gutierrez).

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El reparto en el estreno de Nueva York.

A partir de aquí la acción salta de la Sevilla de 1.492, en la que la Inquisición campa a sus anchas, al Madrid actual, donde descendientes de Asesinos se hacina en el laboratorio de la multinacional esperando su turno para viajar al pasado.

La acción salta de la actualidad al siglo XV. De unos laboratorios situados al lado del Calderón a una Sevilla en mitad de un auto de fé.

Como hemos dicho a nivel visual no se puede ni de lejos comparar las escenas de acción que se suceden en Sevilla con lo que ocurre en una sala de laboratorio y la película se descompensa por mantener la premisa y apostar por el presente.

La escena de María y Aguilar escapando de los Templarios por edificios y tejados de Sevilla es espectacular y no desmerece ninguna de las aventuras de los héroes de cualquiera de los videojuegos. Qué decir de El Salto de Fé que realiza Aguilar en dos ocasiones. Impresionante.
El Salto de Fé impresiona. No desmerece para nada el videojuego.

Por poner una pega al apartado visual, el exceso de polvo en el ambiente limita, y mucho, la visibilidad de la pantalla. Colocar ese recurso siempre que viajamos a una localización del pasado cansa.

Respecto a las diferentes actuaciones destaca sobremanera la presencia de Fassbender. Una sola escena, en la que los guardianes se lo llevan a rastras mientras él medio enloquece, vale para dar la medida de este actor de portentosa presencia. Por otro lado ejerce también de productor así que se ha guardado de aparecer bien en toda la película.

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La pareja protagonista

Cotillard bien pero sin esforzarse y con el freno echado. Resulta creible en su papel de adversario frágil pero nada más.

Otra película en la que actua Javier Gutierrez, en auténtico sprint hacia el estrellato.

Jeremy Irons pues pasa por allí pero sin más. Es alucinante que uno de los actores más impresionantes del cine de los noventa continue su caida libre actoral durante años. Eso sí, con cada vez más títulos en cartera. Brendan Gleeson y Charlotte Rampling no pasan de los escasos dos minutos de metraje por lo que vamos a dejarles sin calificar como a esos jugadores que salen en los minutos de la basura de los partidos mediocres.

Michael Fassbender, Marion Cotillard, Jeremy Irons, Brendan Gleeson, Charlotte Rampling, Ariene Labed y hasta Javier Gutierrez. Si algo tiene esta película es un auténtico reparto de campanillas. Otra de las críticas más oidas es que se ha desaprovechado el potencial disponible.

Sí que quiero resaltar tres actuaciones. La primera la presencia de Javier Gutierrez como Torquemada. Otra vez Javier Gutierrez en otra película y es que este asturiano ha decidido despegar definitivamente y en 2.016 ha aparecido en mil películas y series y en todas ha rendido bien. En este caso, rinde de manera correcta aunque una prótesis en la nariz hace que te despistes cuando aparece en pantalla. Pero ahí esta Javier en un blockbuster de primer orden y es para felicitarse y felicitarle.

El segundo punto positivo es la franco-griega Ariane Labed que sabe imprimirle al personaje de María una intensidad que traspasa la pantalla a pesar de que su personaje carece casi de texto.

Por último mencionar la aparición de Michael Kenneth Williams como Moussa, que no es que lo haga espectacular pero ver de nuevo al Omar de The Wire siempre es una buena noticia.

La banda sonora es un mero acompañante, o al menos a mí no me ha transmitido mucho más el trabajo de Jed Kurzel. Sí una de las canciones “Entrance Song” del grupo The Black Angels que está bien.

Hasta ahora, como habéis podido leer, no hay excesivas razones para decir que esta película sea un peliculón pero tampoco para rebajarle a categoría de fail supremo. Sin embargo hay dos mensajes que subyacen a esta obra del director Justin Kurzel y dependiendo de cómo reaccione el espectador ante ellos saldrá del cine sintiéndose engañado y por tanto desechando la propuesta, o neutro y clasificando la película como otra peli de palomitas con algunas escenas buenas de acción etc…

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Javier Gutierrez, Fassbender y Justin Kurzel, el director de la cinta.

El primero es la sensación de artefacto no reconocido. En el cine actual muchas películas son el comienzo de sagas y todas las productoras andan detrás de lograr replicar los éxitos de Disney con Star Wars o Los Vengadores o de Warner Bros con Harry Potter. Muchas de ellas lo son y lo reconocen. Sin embargo, los últimos fracasos de la serie Divergente y los míticos de La Brújula Dorada o Eragon, entre otros, parecen haber pesado en los productores de esta cinta que sólo en el tercio final de la película sacan la patita y dan un giro argumental brusco y, si me lo preguntais a mí, innecesario que sumerge la cinta en ser una simple preparación de las futuras secuelas. Este giro hace que muchos espectadores salgan del cine con cierta sensación de que le han robado la cartera y que simplemente han asistido a una preparación de merchandising futuro. Ahí, la película, falla de forma estrepitosa.

Rechina no admitir que esta es la primera de un montón de películas y demás artículos relacionados con los Asesinos y los Templarios. Los productores han tenido miedo de ser claros en esto y la película se resiente por ello.

El segundo es un poco más filosófico y es compartido con la saga de videojuegos que, desde su aparición, ha sido muchas veces catalogada de reaccionaria e incluso de inducir a la violencia. El mensaje moral de la película consiste básicamente en justificar la aparición y las acciones del Credo, esto es, de los Asesinos. Para ello, repiten hasta la extenuación una serie de lemas que, si se analizan, pueden resultar escalofriantes ya que emparejan la libertad humana al uso de la violencia contra los prójimos y, sobre todo, justifican la eliminación física de personas si obstaculizan dicha libertad humana o lo que los Asesinos consideren como un bien superior.

Tal planteamiento es algo así como abrir la caja de Pandora de la Filosofia y la Moral en una película de entretenimiento de masas. Algo que pasará desapercibido en general pero que puede que llegue a calar en alguien y termine el silogismo de una forma sorprendentemente parecida a como se concluyó en épocas pasadas. Mitad del siglo XX por poner sólo uno de los muchos ejemplos a lo largo de nuestra historia.

Justificar asesinatos en pro del bien común… un jardín en el que esta película se introduce de lleno sin saber muy bien cómo salir.

Sin ser tan dramático y dejando los videojuegos aparte, podemos decir que esta dualidad que se puede observar en los personajes principales del film (libertad vs. uso de la violencia) ha sido un intento fallido de dotar de un transfondo psicológico mayor del que necesitaban las motivaciones de los mismos. Fallido porque no está bien resuelto y el planteamiento es más detallado que el nudo y el desenlace. Y eso, como sabemos, concluye en que no entendamos el por qué de la progresión del arco de los protagonistas y no funcionen como personajes coherentes. En definitiva un error en el haber del director y del guionista.

Assasin´s Creed. 2.016. Dir: Justin Kurzel; GuiónMichael LesslieAdam Cooper ; ActMichael FassbenderMarion CotillardJeremy IronsBrendan GleesonCharlotte RamplingMichael Kenneth WilliamsAriane Labed y Javier Gutierrez. Producción de Regency y Ubisoft.

Nota Interludio: 6,5

El Hombre de las Mil Caras (Alberto Rodriguez, 2016)

Julio Verne dijo una vez «Todo lo que un hombre pueda imaginar, otro lo podrá llevar a cabo» y a lo largo de los años esta frase se ha ido transformando en la universalmente conocidad «la realidad puede superar a la ficción». En esta película se demuestra que así es.

El Hombre de las Mil Caras es una película de espías y como tal tiene todos los ingredientes puros del género: un protagonista inteligente y calculador que mueve a sus peones sin contarles toda la información para que sólo conozcan lo que deben ejecutar, políticos enfangados en toda clase de chanchullos que manejan los fondos públicos a su antojo, periodistas de investigación que son utilizados como armas arrojadizas entre unos y otros y el espectador, que trata de desgranar la historia viendo evolucionar la trama, a veces lográndolo otras siendo engañado, siempre arrastrado por los giros de la historia.

La novedad es que en esta película el fondo es real. Puede que no todos los personajes secundarios, e incluso el mismo narrador, lo sean y se ajusten a artificios de guión para hacer más digerible la historia pero Paesa, Roldán, Belloch, Vera, Sancristoblal, Asunción, El Mundo, El Pais y los Mil Quinientos millones de pesetas robados por el director de la Guardia Civil, si lo son. Y eso, al final, es lo más aterrador.

En la película se nos presenta a Francisco Paesa, encarnado bien por Eduard Fernandez, como un morador de los bajos fondos del estado, habitante de la sentina de la corrupción y los servicios de inteligencia pero con un fondo patriota. La primera acción que nos enseñan es la Operación Sokoa de 1986 en la que mediante la venta a ETA de unos misiles con un localizador se pudo desarticular la armeria de los terroristas. Por esta acción Paesa nunca recibió el dinero acordado con Interior y encuentra el director en esto una razón para hacer del personaje alguien con el que empatizar y con una motivación para lo que hará después. Esto no es más que una treta del guión ya que Paesa nunca fue alguien con quien empatizar y no necesitó ninguna motivación para lo que luego haría pero, a nivel de la película, funciona y te descubres sintiendo simpatía por el espía.

Aparece en la vida del manipulador otro de los grandes personajes de los noventa, Luis Roldán y su esposa. El retrato realizado de Roldán por Carlos Santos es magnífico. Un simulador tanto con su esposa como con los demás. Alguien atrapado por las incoherencias de su vida que se engaña incluso a sí mismo atribuyéndose gustos exquisitos cuando los suyos reales son prosaicos. Alguien débil y sin embargo capaz de engañar a un número enorme de personas. Alguien que se sorprende de lo que ha llegado a hacer pero que lejos de arrepentirse y cambiar, reincide en sus errores una y otra vez. Alguien que dice muchas veces «correcto» aunque no entienda a lo que se lo está diciendo.

Destaca el personaje de la mujer de Roldan interpretado con dureza por Marta Etura y que realmente parece el único personaje coherente de toda esta historia. Asume con diligencia lo hecho y tira hacia adelante. Además, durante toda esta situación se encuentra embarazada de su primer hijo algo que añade dramatismo a su historia personal.

Las secuencias sucesivas nos muestran cómo se llevó a cabo toda la operación de Roldán por parte de Paesa, cómo iba contando lo que querían oir a cada uno de los personajes secundarios que poblaban su entorno, cómo Roldán no salió de París en casi un año mientras todos creían que estaba en Bangkogh o en Venezuela. Cómo preparó todo aquel asunto de Laos y el capitán Khan. Cómo hizo desaparecer como un mago el dinero del ex-director de la Benemérita, a pesar de los esfuerzos de la jueza Ferrer para bloquearlo. Toda, en fin, esa situación sonrojante para nuestro gobierno y, por extensión, para todos nosotros. Lo hace mediante un ritmo alto y un montaje dinámico que, sin embargo, se alarga en exceso haciendo perder el impulso de la historia. Están bien los cortes a modo de capítulos que plantea el director.

Mención especial merece Jose Coronado que se hace cargo de un personaje no real, conjunción de varios que poblaron los aledaños de Paesa, y de la narración en off de toda la película. Literalmente lo borda. Creo que es la mejor actuación de Coronado de los últimos años, construye a un aventurero seductor que ayuda al espectador a percatarse de la manipulación a la que nos está sometiendo el protagonista de una manera excelente. Gran actuación.

La película está dirigida por el efectista Alberto Rodriguez de una manera acertada para el tipo de historia que nos ocupa aunque, como siempre me ocurre con este director, se perciben homenajes más que evidentes a otras obras recientes. Si en la Isla Mínima, True Detective se nos representaba en casi cada escena, sin quitarle mérito a esa buena película, aquí el montaje, el tipo de música elegido y la narración nos recuerda a series actuales estilo House of Cards y otras cercanas a David Fincher.

Eduard Fernandez recibió la Concha de Plata al mejor actor en el Festival de San Sebastian 2016 por su correcta transformación en Francisco Paesa.

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Para terminar recordar que esta historia de Luis Roldán es sólo una de las múltiples protagonizada por este personaje de leyenda negra. Merecería una serie ya que sólo ese formato podría permitir explorar todas las aventuras y operaciones afrontadas por el espía. Por de pronto, y si queréis conocer más del ínclito, podéis acercaros a la obra de Manuel Cerdán en la que se basa esta película Paesa: El Espía de las mil caras (Manuel Cerdán, Plaza & Janés Editores, 2005), que al menos tiene otras siete aventuras de este tipo a lo largo de más de cuarenta años. Recomendable lectura para conocer una parte oculta de nuestra historia del siglo XX.

El Hombre de las mil caras, 2016, Dir: Alberto Rodriguez, Int: Eduard Fernandez, José Coronado, Carlos Santos, Marta Etura, Emilio Gutiérrez Caba, Pablo Casablanc, … Guión: Alberto Rodriguez y Rafael Cobos, basados en el libro de Manuel Cerdán; Música: Julio de la Rosa; ProducenZeta Cinema / Atresmedia Cine / Atípica Films / Sacromonte

 Nota Interludio: 7

PD: Excelente Cartel de la Película, una auténtica obra de arte realizado por Gabriel Moreno.

Casino Royale (Ian Fleming, 1953)

No soy un verdadero experto sobre el mundo de James Bond pero he de reconocer que a lo largo de los años sí me he convertido en un buen aficionado. He visionado todas las películas varias veces y he leido sobre ellas en libros de cine. James Bond es una saga y como tal disfruta de una cosmogonía propia con sus pequeñas claves y mensajes más o menos ocultos, que un aficionado disfruta descubriendo. Universal Exports, Felix Leyter, Spectra, Q, M y Monney Penny son algunos de los recurrentes en la filmografía del espía por antonomasia.

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Ian Fleming, autor de James Bond y espía en la Armada Británica durante la II Guerra Mundial

 

Por tanto conocía más o menos el detalle del Bond cinematográfico pero he de reconocer que nunca había leido una de las novelas que sirvieron de origen al mismo y es más, tenía cierta reticencia pues presumía que estarían plagadas de los tópicos que rodean al héroe. Nada más lejos de la realidad.

Es la literatura de Fleming más detallada de lo que esperaba. Sus obras no son largas es más, en su gran mayoría prefería el relato corto o el cuento, pero dedica gran parte de su extensión a describir físicamente a los personajes con un detalle que hace que te los representes perfectamente. Psicológicamente es menos exhaustivo pero sí ejerce su labor al menos en los principales. Las escenas están bien construidas y te da detalles que ahora parecen naif pero que en la época, en la que por ejemplo el uso del avión estaba circunscrito a una pequeña parte de la población, debían parecen absolutamente exclusivos y exóticos. Donde sí que dedica lo mejor de su capacidad literaria es al propio Bond. Fleming dibuja un personaje hastiado, desencantado de casi todo, un asesino por obligación que odia matar, alguien sin embargo muy dotado para ello y que se enfrenta a todo aquel que quiere utilizarlo. Siente lealtad por M más allá de lo que podría confesar y la relación con su superior es quizá lo más interesante de esta y de las sucesivas novelas.

Bond participa del juego, no sólo del que se realiza en la mesas de los casinos, sino del otro, del gran juego, ese al que las dos potencias se dedicaron durante la Guerra Fría utilizando para ello efectivos que ya sabían lo que era matar porque lo habían hecho con fruición durante la contienda mundial. No lo hace inocentemente sino que lo ejecuta reconociendo cuando no le cuentan la verdad para que no pregunte demasiado. Sabiendo mejor que alguno de los jefes de Estado Mayor que le reparten el trabajo de lo que se trata el mismo. Aborreciéndolo y sin embargo haciéndolo porque cree fervientemente que no hay otra solución.

El autor describe a los rusos de una manera realista que recuerda bosquejos de lo que luego el gran Le Carré desmenuzaría hasta las últimas consecuencias en las obras de Smiley. Relata las tensiones entre los diversos poderes soviéticos y las diferentes organizaciones de seguridad que los pueblan y cómo hay gente que se aprovecha de la situación para lograr poder, algunas veces a cualquier precio.

En esta aventura Bond debe enfrentarse a un tesorero de la red que el espionaje ruso tiene desplegado en Europa, llamado Le Chifre, en un casino, en Francia. En principio es elegido por ser el mejor jugador de Bacarrá del departamento y el gobierno le deja una cantidad de dinero para que se haga pasar por un excéntrico millonario.

Personajes de uno y otro bando desfilarán por la aventura. El adversario de Bond, Le Chifre, que trabaja para los rusos igual que lo hizo con la resistencia durante la guerra. Vesper Lynd, una atractiva compañera impuesta al agente. René Mathis, un espía del servicio francés y Felix Leyter, importante personaje de la CIA que ayudará a 007.

El Bond de Fleming no es un súper héroe. Sangra y pierde más que gana. Cuando gana lo hace en igual medida por sus aciertos como por la ayuda de otros y de lo único que está seguro es de que todo es pasajero. No es un animal sexual. De hecho le cuesta entablar relación con las mujeres y, a pesar de su atractivo físico, no ejerce esa tensión sexual de la manera que el personaje cinematográfico nos tiene acostumbrados. A Bond le gusta comer y beber y ambas cosas también se describen minuciosamente en la novela. De hecho, Bond crea un cóctel llamado Vesper y la receta es descrita en el libro.

En definitiva, Casino Royale es una buena novela de espías ambientada en la guerra fría, en esa Francia tablero de la partida de ajedrez entre las dos potencias. Se lee muy rápido y deja varias escenas que se te clavarán por dentro por su crudeza. El protagonista se llama James Bond pero estoy seguro de que no se parece en nada al James Bond que crees conocer.

Casino Royale, Ian Fleming, 1953.

Nota Interludio: 6,5.

 

El Guión (Robert McKee)

Acercarse a El Guión de Robert McKee (Detroit, 1941), obra cumbre del gurú de los gurús del mundo de la escritura audiovisual, es un ejercicio más sencillo de lo que pudiera parecer. Esta reseña no trata de explicar la Biblia a un profesor de Teología aplicada, al que poco o nada podemos aportar, sino dar ánimos a cualquier persona a zambullirse en una obra que nos descubre, tic, tac, tic, tac, los mecanismos que subyacen en las historias que vemos en cualquier serie de television o película. No voy a posicionarme en ninguno de los bandos que aclaman como héroe a McKee o pugnan por derribarlo por farsante, que de todo hay, pues creo que para un neófito en estos temas la lectura de apenas veinte o treinta hojas del manual que nos ocupa hará que expanda su mente y vislumbre todas las posibilidades y herramientas de las que dispone un escritor para narrarnos una historia.

Es importante saber que McKee es de esos profesionales que reivindica el género sobre lo impersonal, la tradición oral sobre las digresiones narrativas y la vigencia de las estructuras y leyes de la novela tradicional americana sobre toda la retahíla de giros y saltos temporales de la nueva novela europea o el realismo mágico latinoamericano. Es también McKee un estajanovista, que aprecia el talento si y sólo si está acompañado del trabajo duro y que pone como ejemplo a toda aquella generación de escritores americanos (Chandler, Hammet, Williams, Capote, …) que siendo increibles autores literarios trabajaron a destajo para el 7º arte y, sobre todo, lo hicieron bien, siguiendo las leyes de la narración y haciendo que el espectador viajase de inicio a fin de la trama cambiando la polaridad de su ánimo tal y como ellos habían previsto.

En El Guión de McKee se nos explican las estructuras de una historia, desde los giros, a las escenas, tramas y por fín a la estructura global de la película o serie. Se nos explica qué es cada una y cómo están planteadas con la idea general del autor de que todo aquello que no aporta información debe ser eliminado y por tanto, si en una película te descubres preguntándote a qué ha venido incluir esa escena porque no te aportado nada, estarás descubriendo uno de los peores fallos en los que puede caer el guionista.

También se nos detallan las dimensiones de los personajes, categorías a los que se adscribe cada uno de ellos y motivaciones internas y externas para la actuación en cualquier situación.

Todo está explicado acudiendo a ejemplos de películas tradicionales, siendo aquellas de Ingman Bergman y también de Polanski, Schrader y otras, las más utilizadas por la admirtación que le despiertan al autor.

No faltan los gráficos explicativos, los fragmentos completos de guiones comentados y en definitva todo lo necesario para ilustrar los ejemplos suficientes para que uno de los trabajos más antiguos del mundo, el de contador de historias, sea realizado de tal manera que el receptor del mensaje reciba lo que el autor quiere transmitir siguiendo las claves necesarias para que la historia le atrape y le haga interesarse por ella.

En definitiva, este libro es una gran experiencia para todo aquel al que le guste el cine o las series, pero también para todo aquel que disfrute con una novela o un relato, pues como dice el autor, esta forma de describir tramas y personajes no es únicamente aplicable a lo audiovisual sino a toda historia, pues está basada en las leyes primigenias que gobiernan las narraciones desde que el ser humano, sentado alrededor de una hoguera, decidió hacer volar su imaginación y contar historias.

Algunos alumnos famosos de los cursos de McKee son: Peter Jackson, Jane Campion, Andrew Stanton, Geoffrey Rush, Paul Haggis, Akiva Goldsman, William Goldman, Joan Rivers, Meg Ryan, Rob Row, David Bowie, Kirk Douglas, John Cleese, Steve Pressfield, Russell Brand, …

Algunas series o películas realizadas por alumnos de McKee son: Breaking Bad, Juego de Tronos, Friends, Frozen, Dowton Abbey, House of Cards, El Lobo de Wall Street, …

Los alumnos de McKee han ganado: 60 oscars y 200 Emmys…

El Guión (Robert McKee, 1997), Alba Minus Editorial, edición en castellano.

Nota Interludio: Si te interesa saber cómo te cuentan lo que te cuentan … Imprescindible.

PD: Asistí hace unos cuatro o cinco años a una de sus clases magistrales. A pesar de que es cierto lo que algunos de sus detractores dicen, basicamente que está endiosado hasta el extremo y que él personalmente no ha ganado ni un sólo oscar porque a diferencia del otro gran gurú de los guiones americanos, el gran Aaron Sorkin, no le interesa arriesgarse en solitario y prefiere estar en la trastienda tras el ejército de alumnos que firman finalmente el guión, la capacidad que demuestra para demostrar basicamente por qué una hitoria puede triunfar o no es asombrosa. Fueron casi cinco horas plagadas de ejemplos brillantes e incluso de generación de una historia en vivo francamente increible. Toda un experiencia increible. Ya hace cinco años decía que la edad de oro de la televisión había llegado y que el desarrollo real de personajes sólo se podía hacer en una serie de televisión. Para él esto había sido posible gracias a Los Soprano, serie en la que él fue invitado a desarrollar tramas y personajes por los productores ejecutivos. De esa clase saqué sobre todo la idea de cómo funciona un equipo de guionistas, algo menos creativo y más de trabajo puro y duro de lo que podría parecer.