Crítica – Los Últimos Jedi (2017, Rian Jonhson)

Como todas las pre-Navidades de los últimos años nos enfrentamos a una nueva película de Star Wars. Digo «nos enfrentamos a una película de Star Wars» aunque casi mejor debería decir «nos enfrentamos por una película de Star Wars». Las críticas virulentas a favor y en contra de este, simple y llanamente, icono de la cultura pop inundan las redes sociales y los mass media. Como en otras ocasiones he venido diciendo desde este blog, los inundan incluso de manera desaforada y militante, más que, al menos, simuladamente objetiva.

Lo que es un hecho es que tenemos una película de 150 minutos (atención, ¡¡2 horas y media!!) cuya entrada cuesta lo mismo que otra de 90 minutos escasos y que pasa como un suspiro y que es, a ver y de eso muchas veces se trata, un claro exponente de lo que era el cine palomitero de aventuras de los ochenta, esa década mágica que unos poquitos años después de vivirla a todos les parecía hortera pero a la que ahora nos agarramos como la fuente fundamental de la definición de lo que realmente mola por ser el auténtico y primigenio estallido de lo pop y de lo friki cool. Otra cosa bien distinta es que esta película sea de Star Wars. O mejor dicho, que sea de lo que aquellos que vimos algunas de las pelis originales en el cine, en mi caso El Imperio Contraataca y El Retorno del Jedi porque la primera la vi en reposiciones y eso no cuenta para ser un pata negra, consideramos que es Star Wars. Y es que en esta segunda entrega de la tercera trilogía, Rian Jonhson, seamos sinceros: Disney, han tratado de hacer lo que intentó con las precuelas George Lucas pero de manera menos inteligente, es decir, dar sepultura de una manera elegante a la trilogía original y preparar a la masa a lo que viene, al futuro de Star Wars.

Hagámonos todos un favor y veamos esta película como lo que es: una peli de evasión y palomitera. No caigamos en la lucha hater ni en la alabanza porque sí. Estamos ante cine de aventuras. Y en eso, esta peli cumple 100 %.

Así pues, y en la parte de crítica de detalle de más abajo con spoilers indicados etcétera trataré de explicarme para aquellos que ya la hayan visto, esta Los Últimos Jedis es el carpetazo definitivo a los personajes originales y la toma de poder de los nuevos. Para hacer esto han tenido que dedicar mucha ingeniería creativa al asunto y se han decantado por apostar por el humor más que en otras entregas, aunque el humor siempre ha sobrevolado el mundo de Star Wars. Sin embargo, desde el minuto inicial de esta película te das cuenta que la socarronería va a inundar el amplio minutaje. Eso sí, de una manera inteligente y haciendo que funcione la maquinaria de la historia. A veces, también te descubres preguntándote si sin acudir al humor los actores que dan vida al General Hax o a Finn podrían haber desempeñado sus roles en estas películas. Para mí no, pero como ahora esto va de echar también unas risas pues quedan socorridas esas escenas con estos actores.

El humor toma la película con toques irónicos y autoparódicos. Está bien y algunos personajes como Finn o el General Hax lo necesitaban como agua de mayo. Nadie se creería esos roles si tuviesen que desempañarse como caracteres serios.

Es por tanto la película una sucesión de una miríada de tramas sin privilegiar una sobre otra, a excepción de el tour de force de Rey y Kylo Ren. Y es que el fan acérrimo de la Saga se pregunta constantemente a lo largo del metraje por qué Luke no aparece más en pantalla, por qué no instruye más, por qué no nos dice más cosas, pero es que, como decíamos, esto ya no va de Luke o de los Jedis, esto va de Rey y del amigo Kylo Ren. Así de sencillo. Esto va de cómo crear las bases para la Saga del Futuro. Y desde Disney saben que para ello había que mirar hacia atrás un rato pero ya, ahora se trata de mirar hacia adelante. Y a ver, que Rey no necesita más formación Jedi porque Rey ya ha hecho más de lo que ha hecho nunca Luke en una película.

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Pero eso no nos debe hacer tener un mal concepto de esta película, todo lo contrario. Como decimos, es un ejercicio de cine de aventuras espaciales notable, bien guionizado y montado, con una música excelente, con unos efectos excelentes y al servicio de la trama, no único fin de la función, con unos personajes bien trazados e interpretados, aunque algunos innecesarios o mal elegidos. Una película que abrirá las mentes de los espectadores más jóvenes y que sirve de inicio de lo que vendrá a partir de ahora. En definitiva, cine palomitero.

Por último, antes de ir al detalle y marcar con el riesgo de spoiler esta crítica, me resulta familiar lo que se ha realizado en esta película. Salvando las distancias, ya ocurrió esto en otra famosa saga. En esa saga hubo un cambio generacional y la primera película tras ese cambio fue seria, adusta, con ecos del pasado. Sin embargo la película que hizo despegar a la nueva generación que se había adueñado de la Saga fue aquella en la que imprimieron un cambio de timón evidente, se entregaron a un humor irónico y, a veces, autoparódico, y rebajaron la intensidad emocional en pos de la acción. Los más viejos del lugar lo habrán identificado. Estoy hablando de La Espía que me amo, la película que hasta Skyfall mantenía los records de recaudación de la Saga de James Bond.

Al detalle

[A partir de aquí Spoilers]

Tenemos un problema evidente con esta película en la cantidad de personajes que tiran de tramas diversas y desvían la atención de lo que, a priori, parece el objetivo no sólo de la película sino de la Saga, es decir, la lucha de los Jedi contra los Sith. El Bien contra el Mal y el Equilibrio de la Fuerza. Sin embargo, como decimos, en esta película el foco hacia ahí es dificil de poner ya que está constantemente moviéndose en mil direcciones. Es más, el arco mejor trazado de la película no es la dualidad del, para mí, terriblemente elegido Adam Driver, Ben Solo, y Daisy Ridley, Rey, sino la madurez como lider que debe alcanzar Poe Dameron. Así es. El único personaje que nítidamente comienza en un lado y, escena tras escena, transita por un conociminto y aprendizaje ayudado de la mano de un mentor, Leia, y de un adversario, la vicealmirante encarnada por Laura Dern, es el personaje de Isaacs que pasa de ser un piloto con carisma pero inútil a la hora de planificar, a un líder a la que la mísmisima Leia le cede el testigo al final de la película.

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Deja esto clara la idea de que Luke y su labor como mentor con dudas no es memorable en esta película y de hecho, sólo la aparición de Yoda, quién me lo iba a decir, nos retrotrae de verdad, repito: quién me lo iba a decir, a las verdaderas escasas escenas que tienen el absoluto mismo espíritu de la trilogía original, al Imperio Contraataca y su instrucción en Dagobah. Y es ahí donde la película remonta por el lado, vamos a decir, nostálgico de la Saga Original. Pero la Saga Original está ya para ese momento herida de muerte y próxima a dar paso a lo nuevo que vendrá, que será seguramente presentado en la película final de esta trilogía que nos ocupa.

Anti intuitivamente, y para finiquitar de manera más evidente aún el tránsito que se avecina, Rian Johnson planta una escena con dos soles en la que el Sol mayor se pone y el sol menor comienza a elevarse mientras Luke comienza su tránsito al mundo de los lejanos y cede también el testigo a Rey como la última y verdadera Jedi.

Por último, la eliminación del lider supremo Snoke, un personaje que no ha sido explicado en ninguna de las dos películas, que se desconoce de dónde viene a no ser que investigues en el universo expandido y que es eliminado de una forma tan simple, no hace más que reafirmar que hay en la casa del ratoncito prisa evidente por empezar con lo nuevo. O por cerrar este tema y pasar a otro, ya sean las películas de Han Solo o Obi – Wan o la explotación de los nuevos personajes del mundo de la Fox, productora que acaban de comprar.

También se hace evidente esto cuando se confirma, aunque podrá cambiar más adelante, que los padres de Rey no son Han y Leia, como podría parecer y sería lo más cercano a la Saga Original y, aunque forzado, lo mejor recibido por un fan acérrimo, sino unos chatarreros sin nombre. En caso de confirmarse en la próxima entrega, daría también carpetazo a la epopeya Skywalker ya que el personaje de Ben Solo, interpretado por el melifluo Adam Driver, no da para cerrar epopeya alguna por mucho que se reforme.

Último apunte para otra de las incorporaciones a la Saga, Benicio del Toro. Se echa en falta que no aparezca más. Tiene pocos minutos pero los aprovecha con carisma y presencia en pantalla. Veremos si este personaje es recuperado.

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Y también podríamos hablar de Finn y de su nueva compañera para liberar a Rey de los problemas sentimentales de una forma no traumática y que se centre en su nueva vida como Jedi, pero este personaje, de todos los planteados, es el que mayor pereza me da así que es mejor ocupar ese espacio haciendo referencia a los porgs esas criaturas que presentan en esta película y que funcionan a las mil maravillas solas y en conjunto con Chebwacca. Un acierto.

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Como conclusión, gran película de palomitas y cierre definitivo de todo aquello que representaba la trilogía original. La transición tranquila que quizá Lucas no supo hacer en su momento.

Nota Interludio: 8

Título original: Star Wars: The Last Jedi;  Año: 2017; Duración: 150 min.

DirecciónRian Johnson Guion: Rian Johnson (Personajes: George Lucas)

Música: John Williams; Fotografía: Steve Yedlin

Reparto: Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Oscar Isaac, Mark Hamill, Carrie Fisher, Domhnall Gleeson, Benicio del Toro, Laura Dern, Gwendoline Christie, Kelly Marie Tran, Lupita Nyong’o, Anthony Daniels, Andy Serkis, Warwick Davis

Productora: Lucasfilm / Walt Disney Studios Motion Pictures

Web oficialhttp://www.starwars.com/the-last-jedi/

 

 

ROGUE ONE, Una Historia de Star Wars (Gareth Edwards, 2016)

ATENCIÓN SPOILERS

He dejado pasar unos días desde que fui a ver la película para provocar una debida «decantación» de las emociones que siempre rodean a las películas de Star Wars.

La trilogía «original», junto a E.T. e Indiana Jones, moldearon mi niñez cinematográfica y a lo largo de los años, la nostalgía de las sensaciones que me inundaron mientras las ví de pequeño en una sala enorme de cine, de esas que no existen, fue uno de los motores prinicipales que hicieron carburar mi deseo continuo de lectura y de visionado de películas y series de televisión.

Todo para volver a sentir esas sensaciones que disparaba como un gatillo psicológico esa frase escrita en letras azules sobre fondo negro: Hace mucho tiempo en una galaxia muy lejana…

Cada película nueva de Star Wars es una oportunidad para volver a disfrutar de aquellas primeras sensaciones que nos inundaron hace tanto tiempo. Las expectativas son muy altas y la recompensa para el espectador si se cumplen, también.

Más de mil veces pude ver cada una de las tres primeras películas y también unas cuantas las que forman la segunda trilogía, aunque he de reconocer que no supe entender este remozado total de los mitos tanto narrativos como iconográficos que llevo a cabo, unos dirían perpetró, el pequeño gran George Lucas.

El año pasado, con el estreno del Episodio VII: El Despertar de la Fuerza una pequeña emoción similar a la sentida antaño me embargó. Sí, J.J. Abrahams hizo aquello que los fans deseábamos y que forma parte de la fórmula magistral de la que ahora él es el depositario y que le ha sido confiada por parte de aquellos que la portaron durante años (Spielberg y el propio Lucas sobre todo): atrezzo conectado con la saga original, personajes arquetípicos y fácilmente identificables, una narración suficientemente clara y templada como para poder disfrutar de la presentación de los personajes e integrarlos en la imaginería de la saga, personajes importantes, no caricaturas cgi, alejados de los Jedis para que no recaiga toda la trama sobre ellos y escenas de batalla pero bosquejadas porque se supone que «la batalla final» llegará en un episodio posterior.

Y llenos de jubilo afrontamos la nueva época de Disney al frente de la maquinaria galáctica, sonriendo porque sabíamos que la productora sacaría jugo a su nueva adquisición a base de una peli al año. Y si se mantenía el nivel eso quería decir que íbamos a disfrutar mucho.

Desde que Disney le compró por una cifra astronómica los derechos de explotación del universo Star Wars a George Lucas se ha planificado una estrategia de explotación y grabación de películas similar a la que la compañía de ratoncito ha desarrollado con el universo de los héroes de Marvel.

Llega el turno a embarcarnos en la aventura que describe cómo se robaron los planos de la Estrella de la Muerte. Varios meses esperando el estreno y lo primero que sorprende son la secuencia inicial, la ausencia de las letras en curso al infinito y la presentación de un personaje de nuevo en su niñez.

Me surgen las dudas de por qué se ha vuelto a incluir la tragedia familiar como motivación del viaje del héroe en esta película. Las fases del viaje o periplo del héroe en el monomito, según Joseph Campbell,  son aquellas que recorren todos los héroes de todos los mitos de todas las culturas.

Estas fases incluyen la llamada mágica al héroe y su rechazo a la misma, la muerte del padre y la aceptación de la llamada, el olvido de las raíces mágicas, la aparición del maestro que conoció al padre y que devuelve al camino al héroe y le muestra la magia, el viaje de aprendizaje durante el cual debe superar unas cuantas pruebas, siempre fallando en las primeras pues nada se obtiene sin esfuerzo, la llegada al sitio mágico o incluso al infierno, el compañero de aventura que ayuda al héroe para redimirse a sí mismo, la lucha contra el adversario, que casi siempre es el hermano, refiriendo a la lucha contra uno mismo ya que todos somos una dualidad, la obtención del triunfo o conocimiento, el renacimiento y el regreso del héroe con el conocimiento que hará progresar a la sociedad.

La trilogía original funciona a todos los niveles porque sigue las reglas clásicas de las aventuras y mitos. Si se analiza, la aventura de Skywalker cubre los mismos pasos que las de Ulises, Gilgamesh, …

Muy resumidas y de una forma muy personal esas son las fases que Campbell atribuye a todos los mitos que perduran hasta nuestros días. Lucas reconoce que descubrió a Joseph Cambell cuando estaba escribiendo el guión de Star Wars y que se sorprendió a sí mismo pues, sin saberlo, estaba trazando una historia que cumplía a rajatabla el modelo clásico descrito por el estudioso de las mitologías del mundo.

Si tomamos, por ejemplo, cualquier clásico Disney, veremos que las fases se siguen casi exactas. Por ejemplo el éxito de este invierno, Vaiana (John Musker, Ron Clements, 2016), sigue al pie de la letra todas las premisas, si bien es cierto que concentra en el personaje de la abuela tanto la tarea de mostrar la magia del mundo a la protagonista, como la muerte e ignición de la travesía de las pruebas, como una ayuda mágica en la travesía. Pero a grandes rasgos el mito está construido observando estas reglas clásicas y funciona. 

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LONDON, ENGLAND – DECEMBER 13: (L to R) Producer Kathleen Kennedy, cast members Forest Whitaker, Riz Ahmed, Felicity Jones, Diego Luna, Mads Mikkelsen, Alan Tudyk and director Gareth Edwards attend a fan screening of ‘Rogue One: A Star Wars Story’ at the BFI IMAX on December 13, 2016 in London, England. (Photo by David M. Benett/Dave Benett/WireImage)

Ocurre aquí, sin embargo, que sólo hay trazos de cada fase. La madre de Jyn Erso (Felicity Jones) nuestra heroina, muere pero eso no afecta a la protagonista, resultando su muerte un hecho casi futil. Aparece el maestro o mentor en la historia, Saw Guerrera, que no hace nada. Sólo le da una charla a la protagonista de muy poco empaque y eso hace que el cambio de actitud de Erso y cómo vence la habitual negativa a aceptar la tarea encomendada resulte atropellada. Todos sabemos que ella lo va a hacer pero cómo lo resuelve el director no es creíble.

El compañero en busca de redención, el espía Cassian Andor (Diego Luna), es un personaje excesivamente adulto en el contexto de la película. Este personaje hubiera sido un diamante con más desarrollo, pero queda reducido y simplificado en exceso dentro del atropello general que es la primera mitad de la película.

Esta película tiene un problema importante con sus roles principales. Todos sabemos desde el inicio que no van a continuar y eso hace que el público sienta frialdad por ellos. La actuación del dúo protagonista no aporta tampoco el calor necesario.

El piloto enviado por el padre de Erso, Bodhi Rook, es sometido a tortura mental  que se indica como incapacitanye, pero parece superarla por completo en apenas diez minutos de reloj.

En definitva, hasta la llegada a la base rebelde de Yavin 4 la presentación de la protagonista, su padre, Saw Guerrera, la miniaventura en la luna de Jedha, la muerte del padre etc… parece pensado para una saga en vez de para una película de 2 horas, y el uso de la tijera en la sala de montaje deja una sensación al espectador de inusitada frialdad hacia la heroina.

Todo comienza a mejorar en Yavin 4 con la aparición del consejo rebelde, Bail Organa, Mon Mothma, la preparación de la aventura y el envío al centro de memoria del Imperio.

Y es aquí cuando la película se destapa como lo que es, una película bélica de primer orden. La aparición de Darth Vader, un digitalizado Peter Cushing como Grand Moff Tarkin, sorprende mucho que no sea una aparición esporádica sino profusa, el adversario Director Imperial Orson Krennic, …  salpimentan de manera adecuada la película.

Visualmente la película es envidiable y los guiños a los fans son incontables. Por un momento nos encontramos en Los Cañones de Navarone en el universo Star Wars y los usuarios del juego Battlefront se sorprenden escena tras escena deseando descargarse la extensión en sus casas para poder practicar al menos parcialmente las aventuras de los rebeldes.

El tercio final de la película es espectacular. Muchos sólo nos habíamos sentido así cuando vimos la batalla del Retorno del Jedi y a Lando Calrissian y al Almirante Ackbar comandando la Flota Rebelde.

Sorprende la Alianza Rebelde como un ejército poderoso, capaz de atacar un planeta imperial y llevar a cabo una batalla de tú a tú a la Armada Imperial y no rechina nada en este planteamiento.

Tampoco rechina el casting, y es que los actores secundarios, pilotos y demás, lucen bigotes y cortes de pelo propios de los setenta, de tal manera que podrían haber poblado cualquiera de las películas clásicas.

La Banda Sonora es correcta. Michael Giacchino hace un buen trabajo recuperando parte de la banda original de John Williams y añadiéndole la nueva, intercambiando su aparición dependiendo del momento. Aunque no emociona, no desentona.

Finalmente, los últimos minutos de la película son una absoluta maquinaria perfectamente engrasada para el seguidor de Star Wars y todo, todo, todo hace que te quedes pegado en la butaca esperando más y más. Y llegar a casa para ponerte el Episodio IV del tirón. Y luego el V. Y terminar con el VI.

El engarce con el episodio IV es perfecto. Rogue One abre la visión de la película inicial del universo Star Wars y sirve de complemento perfecto de esta. Terminar de ver Rogue One y no desear revisionar el Episodio IV es casi imposible.

Es por tanto una buena película esta Rogue One, aunque desequilibrada, con un tercio final excelente pero que peca de una presentación errónea de los personajes principales y que hace que cualquier mínima aparición de los personajes clásicos sea celebrada por los espectadores, que permanece najenos al devenir de Jyn Erson y Cassian Andor. Incluso de ese buen personaje digital K2 interpretado por el gran Alan Tudyk.

Rogue One. Una historia de Star Wars. Dir: Gareth Edwards. Guión: Chris Weitz, Tony Gilroy (Historia: John Knoll, Gary Whitta; Personajes: George Lucas); Act: Felicity Jones, Diego Luna, Ben Mendelsohn, Donnie Yen, Jiang Wen, Mads Mikkelsen, Forest Whitaker, Alan Tudyk, Riz Ahmed, Jonathan Aris, Jimmy Smits, Alistair Petrie, Genevieve O’Reilly, Valene Kane, Warwick Davis Música: Michael Giacchino; The Walt Disney Company.

Nota Interludio: 7.5

PD: Mientras escribía esta crítica han comunicado la muerte de la actriz Carrie Fisher. La fuerza esté contigo Princesa Leia.

PPD: Muy recomendable si queréis ver más analogías del monomito y del trabajo de Joseph Campbell aplicado a la obra de Lucas el siguiente programa de Iker Jimenez en donde explicaban de una forma muy amena las razones por las que Star Wars se ha convertido en un icono de la cultura pop.

http://www.cuatro.com/_7d8c0ba1