Podcast – Desde Rusia con Amor (1963, Terence Young)

Hola a todos de nuevo. Aquí estamos y os queremos presentar nuestro primer podcast especial sobre James Bond. Hemos elegido Desde Rusia con Amor, la segunda película del espía inglés.

Si te apetece pasar un buen rato «agitado pero no revuelto», descubrir algunas anécdotas interesantes que igual no conocías sobre la película o sobre el autor de las novelas de Bond, Ian Fleming o simplemente recordar las escenas más memorables de la peli, no te cortes y dale al play. Comentarios bien recibidos siempre!

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Jack Ryan (Amazon Prime, 2018) – ¿Un Jack Bauer con principios?

Hace años, muchos, vi en el cine una película de submarinos que se quedó para siempre grabada en mi memoria. El protegonista era un atildado analista de la CIA, un agente secreto que distaba mucho de todo aquello que nos recordaba a un agente secreto típico, a James Bond. Sedentario, reflexivo y capaz de aplicar la psicología antes que la acción, Alec Baldwin brillaba en uno de sus mejores papeles como Jack Ryan en A la Caza del Octubre Rojo. Sean Connery le daba la réplica como el capitán del submarino atómico que podía desencadenar la Tercera Guerra Mundial. Era una de esas películas sin respiro que se sacaba de la manga el hermano de Ridley, el desaparecido Tony Scott. Para siempre, la maniobra «el loco Iván» resumiría muchas frases en conversaciones de madrugada y cinefilía. Así empezó todo para mí sobre el personaje más famoso de Tom Clancy.

Luego vendrían las dos películas de Harrison Ford y James Earl Jones en los papeles principales y, también, el gran Ford le daría esa especie de tranquilidad al héroe de Clancy. Nadie diría que Harrison Ford no es un tipo de acción pero estaba claro que la acción era algo que ocurría a su pesar. Esas míticas escenas de un Ryan-Ford de mediana edad, colocandose las gafas de cerca para interpretar imágenes de satélite del desierto argelino, resumían mejor las películas que el mismo Ryan-Ford persiguiendo a los malos y pegando tiros, aunque ciertamente también era algo que ocurría con profusión en las mismas.

A partir de aquí, Ben Affleck y Chris Pine, sus últimos alter ego, fueron sucesivamente reduciendo la edad del héroe y aumentando su testosterona. En taquilla, sus ingresos también se vieron menguados en cada entrega, a pesar de los secundarios de campanillas contratados para dar lustre a las aventuras.

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Jack Ryan y James Greer, interpretados por John Krasinski y Wendell Pierce,respectivamente, reportando a sus superiores de la CIA

Agotada la vida en la pantalla grande y necesitados de resetear a un personaje que es obvio que tiene tirón, los productores se han decantado por un reboot en la época actual y le han asignado la tarea a un actor con carisma, John Krasinski. También han cuidado el casting del resto de personajes, con un gran Wendell Pierce como jefe inmediato de Ryan, así como un sorprendente Timoty Hutton como director de la CIA.

Krasinski es grande. Muy grande. Y físico. Muy físico. A pesar de que tiene una cara de típico americano de Boston que no ha roto un plato y que paga sus impuestos, posee un físico que no encaja con la visión del Ryan que permanecía en mi memoria. Le veo mejor persiguiendo malos pistola en mano, que haciendo análisis de estrategia en una sala de reuniones, a pesar de que los sucesivos directores de los capítulos se empeñan en plantártelo con traje en reuniones y más reuniones. Pero cuando le ves, enorme respecto a los otros, sabes que les puede dar dos tortazos a cada uno si el momento lo requiere. Y lo requerirá, como es obvio.

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Wendell Pierce, su jefe James Greer, sí que encaja como un guante en su personaje. Además, que sea un musulmán que aspira a dirigir la CIA le da un trasfondo y unas capas y dimensiones a su personaje mucho más ricas que el de sus predecesores en las películas de Harrison Ford.

Y con todo, el gran actor de la serie es el palestino Ali Suliman que da vida al adversario de Ryan de una manera creible y contenida. Y brilla, también, en los flashbacks que tratan de explicarnos su descenso a los infiernos del terrorismo internacional.

Ryan aparece en esta serie como un héroe atormentado y con síndrome post-traumático debido a su servicio como marine en Afganistán. Sin embargo, nunca sobrepasa la línea del buen gusto, nunca tiene un mal pensamiento, mantiene su alma inmaculada a pesar de estar tratando contínuamente con el lúmpen y la hez de la sociedad, de toda la sociedad: americana, europea, siria, … lo que resta credibilidad al personaje. Se nos aparece como alguien irreal rodeado de gente real, con luces y sombras, pecados y virtudes, que a él no le «manchan». Termina su trabajo en mitad de Siria, tras eliminar a un par de terroristas y sufrir un ataque brutal del ISIS, y es capaz de tener una cena en unos de los mejores restaurantes de Bostón con el ligue de buena familia que está conociendo.

Esa falta de profundidad del personaje dibujado por Krasinski, hace que incluso Jack Bauer, el personaje de 24, parezca más real que este Ryan, lo que no es bueno de cara a juzgar la labor de los guionistas pues aquel pesonje de Kiefer Sutherland estaba en un show destinado a su lucimiento como hombre de acción absoluto, sin interés alguno por conectar con la realidad, algo a lo que parece que los guionistan sí que aspiran en esta serie.

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La mujer de Suleyman tendrá su particular aventura con conexiones a las migraciones de refugiados tan de actualidad.

Hay, además de la historia del surgimiento de Suleiman y su hermano, otras dos historias muy interesantes y que se van entrecruzando de una manera que resulta cuando menos inteligente. Se trata de las minitramas protagonizadas por la mujer del terrorista y por el piloto de drones del ejercito americano. Ambas historias parecen del todo alejadas de la trama principal en su presentación y, sin embargo, jugarán un papel determinante para que toda la historia funcione como un mecanismo y guarde consistencia.

Por lo demás, la producción exhibe un nivel ejemplar, con localizaciones perfectas, viajes a Europa, Siria, el Congo y cualquier otra localización en la que cualquier película de espías actual debe tener acción. Es entretenida y, aunque algo lastrada por el protagonista, está bien resuelta. Tiene potencial de mejora y habrá que ver cómo evoluciona en la segunda temporada que ya ha sido confirmada con el fichaje de Jordi Mollá incluido.

Nota Interludio: 7

Casino Royale (Ian Fleming, 1953)

No soy un verdadero experto sobre el mundo de James Bond pero he de reconocer que a lo largo de los años sí me he convertido en un buen aficionado. He visionado todas las películas varias veces y he leido sobre ellas en libros de cine. James Bond es una saga y como tal disfruta de una cosmogonía propia con sus pequeñas claves y mensajes más o menos ocultos, que un aficionado disfruta descubriendo. Universal Exports, Felix Leyter, Spectra, Q, M y Monney Penny son algunos de los recurrentes en la filmografía del espía por antonomasia.

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Ian Fleming, autor de James Bond y espía en la Armada Británica durante la II Guerra Mundial

 

Por tanto conocía más o menos el detalle del Bond cinematográfico pero he de reconocer que nunca había leido una de las novelas que sirvieron de origen al mismo y es más, tenía cierta reticencia pues presumía que estarían plagadas de los tópicos que rodean al héroe. Nada más lejos de la realidad.

Es la literatura de Fleming más detallada de lo que esperaba. Sus obras no son largas es más, en su gran mayoría prefería el relato corto o el cuento, pero dedica gran parte de su extensión a describir físicamente a los personajes con un detalle que hace que te los representes perfectamente. Psicológicamente es menos exhaustivo pero sí ejerce su labor al menos en los principales. Las escenas están bien construidas y te da detalles que ahora parecen naif pero que en la época, en la que por ejemplo el uso del avión estaba circunscrito a una pequeña parte de la población, debían parecen absolutamente exclusivos y exóticos. Donde sí que dedica lo mejor de su capacidad literaria es al propio Bond. Fleming dibuja un personaje hastiado, desencantado de casi todo, un asesino por obligación que odia matar, alguien sin embargo muy dotado para ello y que se enfrenta a todo aquel que quiere utilizarlo. Siente lealtad por M más allá de lo que podría confesar y la relación con su superior es quizá lo más interesante de esta y de las sucesivas novelas.

Bond participa del juego, no sólo del que se realiza en la mesas de los casinos, sino del otro, del gran juego, ese al que las dos potencias se dedicaron durante la Guerra Fría utilizando para ello efectivos que ya sabían lo que era matar porque lo habían hecho con fruición durante la contienda mundial. No lo hace inocentemente sino que lo ejecuta reconociendo cuando no le cuentan la verdad para que no pregunte demasiado. Sabiendo mejor que alguno de los jefes de Estado Mayor que le reparten el trabajo de lo que se trata el mismo. Aborreciéndolo y sin embargo haciéndolo porque cree fervientemente que no hay otra solución.

El autor describe a los rusos de una manera realista que recuerda bosquejos de lo que luego el gran Le Carré desmenuzaría hasta las últimas consecuencias en las obras de Smiley. Relata las tensiones entre los diversos poderes soviéticos y las diferentes organizaciones de seguridad que los pueblan y cómo hay gente que se aprovecha de la situación para lograr poder, algunas veces a cualquier precio.

En esta aventura Bond debe enfrentarse a un tesorero de la red que el espionaje ruso tiene desplegado en Europa, llamado Le Chifre, en un casino, en Francia. En principio es elegido por ser el mejor jugador de Bacarrá del departamento y el gobierno le deja una cantidad de dinero para que se haga pasar por un excéntrico millonario.

Personajes de uno y otro bando desfilarán por la aventura. El adversario de Bond, Le Chifre, que trabaja para los rusos igual que lo hizo con la resistencia durante la guerra. Vesper Lynd, una atractiva compañera impuesta al agente. René Mathis, un espía del servicio francés y Felix Leyter, importante personaje de la CIA que ayudará a 007.

El Bond de Fleming no es un súper héroe. Sangra y pierde más que gana. Cuando gana lo hace en igual medida por sus aciertos como por la ayuda de otros y de lo único que está seguro es de que todo es pasajero. No es un animal sexual. De hecho le cuesta entablar relación con las mujeres y, a pesar de su atractivo físico, no ejerce esa tensión sexual de la manera que el personaje cinematográfico nos tiene acostumbrados. A Bond le gusta comer y beber y ambas cosas también se describen minuciosamente en la novela. De hecho, Bond crea un cóctel llamado Vesper y la receta es descrita en el libro.

En definitiva, Casino Royale es una buena novela de espías ambientada en la guerra fría, en esa Francia tablero de la partida de ajedrez entre las dos potencias. Se lee muy rápido y deja varias escenas que se te clavarán por dentro por su crudeza. El protagonista se llama James Bond pero estoy seguro de que no se parece en nada al James Bond que crees conocer.

Casino Royale, Ian Fleming, 1953.

Nota Interludio: 6,5.