Series TV – El Alienista (Netflix, 2018) – La serie que lo tiene todo… excepto alma

Basada en la novela homonima de Caleb Carr (The Alienist, 1994, Ediciones B), esta serie nos enfrenta a una premisa muy atractiva: nos encontramos a final del siglo XIX, la ciencia vive una revolución en todas sus disciplinas y entre todas, la mente humana se ha convertido en el apartado de estudio más revolucionario. Mientras Freud lleva un tiempo enfrentándose a casos de histeria en París y a las primeras interpretaciones de los sueños, el Dr. Laszlo Kreizler (Daniel Brühl), un alemán acomodado emigrado a los Estados Unidos, intenta aplicar todos estos nuevos conceptos revolucionarios a la investigación criminal, bajo el amparo del que en un futuro será uno de los presidentes de los Estados Unidos más revolucionarios, Theodore Roosevelt (Brian Geragthy).

Para dar una idea del Estado del Arte en el que nos encontramos, cada episodio nos recuerda que los Psicólogos o Psiquiatras, ni siquiera se denominan aún así en los Estados Unidos, sino que continúan denominándose Alienistas, es decir, estudiosos de los espíritus que poseen y alienan el cuerpo del enfermo.

Jack el Destripador está actuando en Londres. Un asesino similar actúa en Nueva York, pero allí un Psicólogo Criminal ayudará a la policia a detenerlo. Ese es el punto de partida de esta serie de suspense.

Al otro lado del charco y en esas fechas, Jack el Destripador está operando en el Londres victoriano y la trama nos presenta un remedo del asesino de Whitechapel pero trasplantado a un Nueva York poblado por personajes históricos como los representantes de los 500 (las familias que controlan Nueva York y que, como siempre, tratan por todos los medios que el Statu Quo se perpetúe), de entre ellos un magníficamente interpretado J. P. Morgan (Michael Ironside, mil años después de V o de Desafio Total pero con esa presencia que te atrapa como espectador), el mencionado Roosevelt, y otros.

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Acompañando al Alienista (interpretado por Daniel Brühl), tenemos al dibujante de sucesos John Moore (Luke Evans) que nos presenta a un acomodado neoyorkino que gusta de visitar casas de lenocinio y que, a falta de una cámara de fotos, se gana la vida haciendo dibujos in situ de los asesinados que luego los periódicos publican. La relación entre ambos, antiguos compañeros de universidad, basculará a lo largo de la serie entre la amistad y el odio, para volver a la amistad, y luego al odio, componiendo una sinfonía de desconcierto en el espectador que, muchas veces, no sabrá a qué atenerse.

Un psicólogo con un oscuro pasado familiar, un dibujante de sucesos que frecuenta prostíbulos y lugares de mal vivir para purgar un fracaso amoroso y una secretaria de la policia que lucha porque la tomen en serio, forman el triángulo de personajes principales de esta producción.

Cierra el último vértice del triángulo de los personajes principales Sara Howard (Dakota Faning), otra representante de la alta burguesía neoyorkina que trata de escapar como puede a las convenciones sociales y al machismo imperantes que la atrapan dentro de los roles femeninos de la época, a pesar de que ella aspira a ser una oficial de policia, a poder ser, de homicidios.

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La señorita Howard se sentirá fascinada por el Dr. Kreizler, mientras que el dibujante Moore tratará de descubrir si lo que siente hacia ella es amor o simplemente camaradería.

Completan, aunque en un segundo plano, el equipo de investigación los hermanos Isaacson, dos jovencísimos oficiales de policía que utilizan toda clase de técnicas científicas a sus investigaciones y tienen, además, que enfrentarse a su condición de judíos dentro de un cuerpo de policía preponderantemente irlandés. Recuerdan al personaje de From Hell en su uso de las nuevas técnicas.

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Vemos, como primera sensación de la serie y desde el primer minuto, que el ambiente del Nueva York clásico, así como la ropa, los instrumentos, … todo ha sido representado al detalle, de una manera eficaz y muy elegante.

El trío protagonista es de excepción. Actores portentosos y con una capacidad para aguantar el primer plano increíble. Sin embargo, la imposibilidad por empatizar con un personaje como el del doctor, interpretado por un frío no, gélido Daniel Brühl, lastra la serie de tal manera que la sume en la abulia.

Además, yendo al detalle de cada personaje, esa gelidez no se circunscribe sólo al doctor, sino que les sume a todos en una sensación de separación tal que impide que ni uno sólo te resulte atractivo. Se entiende que es algo buscado quiza para representar el encorsetamiento de la sociedad de esos días pero, hasta en las situaciones en las que parece que cualquier convencionalismo ha sido superado por un giro dramático, la separación y gelidez que despenden los actores hace que te preguntes si estamos ante una representación de la realidad o ante una simulación. No te llega. No traspasa.

La dirección de actores de esta serie no ha sabido utilizar todo el potencial del que disponía. La empatía con los personajes es altamente improbable.

Quizá sólo haya una escena en la que realmente te encuentras viendo lo que parece realidad y está protagonizada por la sirvienta Mary Palmer (interpretada por la hawaiana Q’orianka Kilcher).

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Por lo demás, la trama resulta correcta. Una investigación de una serie de asesinatos que nos hará ver la sociedad de la época en la ciudad que se intuía iba a convertirse en la capital del mundo y en la que la pelea entre el futuro y el pasado se hacía cada vez más evidente. Antiguos rituales indios provenientes del lejano oeste, que aún continuaba activo por la época, se mezclará con las previsiones de que la electricidad iluminará las calles más pronto que tarde. En definitiva, un paisaje de transición tecnológica parecido al actual, por otro lado.

Como conclusión se puede decir que el mimo demostrado en los apartados técnicos, fotografía y de vestuario, queda empañado por la deficiente dirección de actores, y la gelidez de la que hacen gala a lo largo de todos los capítulos impide que el conjunto resulte lo suficentemente atractivo para que un espectador medio se interese por la serie. Una serie que lo tiene todo, excepto alma.

Nota Interludio: 6.5

Título original: The Alienist; Año2018.

DirecciónJames Hawes, Jakob Verbruggen, Paco Cabezas

Guion: Hossein Amini, Kristina Lauren Anderson, Cary Joji Fukunaga (Novela: Caleb Carr).

Fotografía: P.J. Dillon, Gavin Struthers.

RepartoDaniel Brühl, Luke Evans, Dakota Fanning, Martin McCreadie, Anson Boon, Eugenia Caruso, Ezra Fieremans, Matt Lintz, Antonio Magro, Emanuela Postacchini, Peter Rugman, Giovanni Scotti, Douglas Smith, Dan Bradford, Clare Calbraith, Brian Geraghty

 

 

 

Las Puertas de Anubis (Tim Powers, 1983)

Os traigo en esta reseña uno de los pilares sobre los que mi afición a la lectura se aposenta, a saber: Las Puertas de Anubis (Tim Powers, 1983).

Tim Powers, el autor, es uno de los integrantes del «Grupo de California» un grupo de jóvenes escritores que merodeaban en los alrededores de Philip K. Dick y le tomaban por mentor. Está reconocido como uno de los autores de Fantasía más importantes de finales del siglo pasado y de inicios de este. Es también el autor de En costas extrañas (Tim Powers, 1987) una muy apreciable y divertida novela de piratas con toques fantásticos y que, al parecer, fue tomada como inspiración para la cuarta entrega de la franquicia de Disney, Piratas del Caribe, En Mareas Misteriosas. No he visto la película, me descolgué en la horrenda segunda parte y por tanto no sé si la adaptación funcionó o no, pero queda ahí el apunte.

Nos encontramos ante una novela electrizante, que no sólo nos hará viajar por el espacio y el tiempo sino que también nos hará enriquecernos con su ambientación perfectamente documentada en cada una de las épocas que visitaremos.

Doyle, un profesor de Literatura experto en el poeta romántico del siglo XIX Samuel Taylor Coleridge, es contratado por un millonario para lo que parece un auténtico disparate. Deberá actuar como  guía turístico para un grupo de millonarios en un viaje a una taberna típica inglesa en la que Coleridge declamó los versos de uno de sus poemas más famoso, un hecho histórico ampliamente documentado. La paga ofrecida a Doyle es desproporcionada y este se decide a aceptar el trabajo, abandonar sus clases como profesor universitario en Estados Unidos y viajar a Inglaterra.

¿Puede el viaje de un grupo de millonarios a una taberna inglesa donde un poeta declamó unos versos un siglo atrás ser el punto de inicio a una aventura sin respiro? No lo dudéis, Tim Powers nos sumerge en una de las tramas mejor trazadas de la Fantasía moderna, que tendrá como entorno el Londres Victoriano y como actores secundarios algunos de los más representativos poetas románticos.

Un detalle sin importancia no es transmitido al profesor hasta un poco antes del inicio de la partida del grupo: el viaje no será sólo a la taberna inglesa sino al día en el que el hecho sucedió. El millonario y su empresa han descubierto unos puentes espacio-temporales que permiten, dependiendo de dónde se acceda a ellos, aparecer en un día determinado, en un sitio determinado. Sí amigos, yo también creo que los creadores del Ministerio del Tiempo leyeron Las Puertas de Anubis cuando eran jóvenes.

Doyle, pese a que duda, termina aceptando el trabajo y viajando al acto del poeta con el grupo. Evidentemente, algo ocurrirá que impedirá que Doyle regrese al presente con el resto y haga que se quede aislado en el siglo XIX. Sorprendentemente, descubriremos a lo largo de la novela que ser profesor del Literatura especializado en el movimiento romántico puede ser la mejor arma para sobrevivir en ese inhóspito entorno.

Egipcios luchando por la liberación de su país del yugo del Imperio Británico desde todos los frentes posibles, el mágico incluido. Ladrones y sus gremios en el Londres Victoriano recien salidos de una novela de Dickens. Personajes históricos como Lord Byron y sus múltiples andanzas. Incluso William Ashbless, el poeta romántico inventado por Powers y otro de sus amigos escritores, James Blaylock, en sus años de estudiantes. Todos estos personajes, tramas y subtramas, históricas y ficticias pero engarzadas en realidad, progresan por la novela que salta del presente al siglo XIX mientras Doyle intenta escapar de sus perseguidores que tratan de eliminar las pruebas del viaje en el tiempo que ha protagonizado

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Todo escrito de una manera vibrante, que aprovecha cualquier pequeño resquicio para transmitir las pasiones del autor: Londres en el XIX y por extensión la historia del Reino Unido, el movimiento romántico y sus principales personajes, la fantasía y los pequeños protagonistas de la historia, Egipto y su mitología. Y todo, absolutamente todo, bañado en una fina y muy británica ironía.

Magia Egipcia, la hermandad de Anteo, el hombre-lobo, los viajes en el tiempo… un fascinante ejercicio de hibridación entre la novela histórica y la de fantasía que funciona magistralmente.

En definitiva, si deseas descubrir qué hacen parejas de viandantes en el Londres del XIX silbando las notas del Yesterday de los Beatles, descubrir la explicación a varios asesinatos ocurridos en la capital británica en esa época y que los testigos aseguraron fueron cometidos por un auténtico hombre-lobo, la explicación a la famosa bilocación de Lord Byron en 1811, cuando fue visto en Grecia y en Londres al mismo tiempo,  cómo funcionaban las bandas de ladrones en el Londres Victoriano, la hermandad de Anteo y su lucha contra la hermandad de la Luna y sus magos gitanos, y otros muchos misterios… no lo dudes, la aventura del profesor Doyle te enganchará y leeras página tras página sin parar.

Las Puertas de Anubis (1983), Tim Powers. Premio Philip K. Dick 1984. Premio Apollo 1987.

 

 

El Aprendiz de Guerrero (Lois Macmaster Bujold, 1986)

Resulta una tarea al menos curiosa enfrentarte con un mínimo de espíritu crítico a una saga literaria con tres premios Hugo y dos Nebula a sus espaldas treinta años después de la publicación de su primer episodio… Pero por muy curioso que pueda parecer tengo que reconocer que llevaba mucho tiempo queriendo lanzarme sobre estos libros y nunca lo había terminado de hacer. Es cierto que la autora, una de las más grandes damas de la literatura fantástica y de ciencia ficción de la historia, ha sido también una de las más criticadas por su estilo casi peliculero de escribir y es que Mrs. Macmaster no malgasta páginas y páginas para trazar la psique de un personaje, pocos párrafos te ponen en situación y las páginas van quemándose en una sucesión de una situación a resolver, la resolución y el planteamiento de la siguiente.

Es curioso también, desde esta tramposa visión «treinta años más tarde», de las conexiones con el panorama actual que destila tanto la situación de la autora como su personaje principal.

Lois Macmaster Bujold, hija de un profesor universitario de Ingeniería, se enfrentó a una situación económica ajustada, con dos hijos y sin un trabajo donde desempeñar sus estudios de Filología Inglesa, aplicándose a escribir relatos de ciencia ficción, con tal vigor que los tres primeros de la serie fueron publicados al mismo tiempo. Sí, los paralelismos con la posterior J. K. Rowling y su motivación para iniciarse en el mundo de la escritura son palpables.

La segunda similitud se centra en el personaje central de la arquitrama que conforma la serie sobre Miles Vorkosigan. Miles es el hijo de Aral Vorkosigan, primer ministro del Imperio Barrayarano, almirante de sus ejércitos, una leyenda en toda la galaxia por sus dotes como militar. Sin embargo Miles, debido a un atentado contra sus padres y un problema consecuente, tiene una dolencia en los huesos resultando extremadamente frágiles hasta el punto de impedir que se desarrollen como debieran, sumiéndole en una enanez que hace que siempre deba enfrentarse a los demás en posición de desventaja y tenga que sobreesforzarse para cambiar y torcer a su favor cualquier situación por nimia que sea, algo que logra debido a su increible inteligencia y a su poder de convicción. Sí, el paralelismo con el Tyrion Lannister que años después surgiera de la mente de G. R. R. Martin es evidente.

Centrándonos en lo que nos ocupa podemos decir que en el segundo libro de la serie tras Fragmentos de Honor (Lois Macmaster Bujold, 1986) y primero protagonizado por Miles Vorkosigan, la característica fundamental es el dinamismo. No deja respiro.

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El planteamiento global de estos dos primeros capítulos de la serie permite que puedas enfrentarte a este libro sin necesidad de haber leido el anterior e incluso, podríamos decir, que esta es la situación idónea ya que en el anterior se explica cómo se conocen los padres de Miles, algo que él no conoce y por tanto, si no lo has leido, te igualas a la situación del protagonista y puedes disfrutar de este viaje en plena sintonía con él.

El universo por el que transita Miles está ambientado en un futuro hipotético a partir de la actual tierra en el que esta no es más que otro planeta de las varias galaxias habitadas por los humanos. No hay razas excesivamente extrañas al menos en este capítulo, más allá de los hermafroditas Betanos, la trasgresión a este respecto mayor que se permite la autora. La Tecnología está desarrollada y bien presentada, con los viajes espaciales resueltos gracias a la transformación en energía de las naves y la aparición de ingeniería biotécnica en forma de injertos de circuitos integrados en los cerebros de los pilotos interestelares, encargados de realizar esta transformación. Hay trajes espaciales de combate equipados con toda suerte de sensores y cámaras, utilización de hologramas en vez de pantallas pero todo con una sensación de conocimiento que hace que no cante absolutamente nada treinta años después, lo que es bastante meritorio teniendo en cuenta que de inicios de los ochenta hasta aquí todo lo relacionado con sensórica, internet, etc… ha sufrido una transformación exponencial.

En cuanto a la história es un in media res del personaje de Miles al que acompañamos desde su intento de entrada en la academia de oficiales barrayaranos y a través de todas las situaciones que va viviendo, casi de casualidad en casualidad, hasta convertirse en un gran almirante de una flota interestelar pocos meses depués. Todo ello contado desde la perspectiva de un personaje de diecisiete años casi sobrenaturalmente perceptivo e inteligente y, sobre todo, activo. Es quizá esta cualidad, lo activo en cualquier situación que es este personaje, el rasgo fundamental de mismo. No ejerce de sujeto pasivo nunca e incluso cuando pueda parecer que no hay nada que describir busca la forma de activar una nueva línea de trama. Le separa, por tanto, este rasgo de carácter de otros principales imprescindibles de la ciencia ficción como por ejemplo el Ender de Scott Card y lo aproxima más al típico héroe clásico, sobrevolando el ingenio humano arquetípico representado por el Ulises clásico.

Acompañan a Miles la bella Elena, de la que está secretamente enamorado, y su padre, el estricto sargento Bothari, que ejerce de guardaespaldas personal de Miles y  del que nos queda claro que tiene un secreto pasado. Otra miríada de personajes van apareciendo y van enfrentando a Miles a una prueba tras otra pues a cada uno de ellos el protagonista se aproxima de una manera diferente, adaptándose a su respectiva personalidad, fortaleza o carencia y logrando así unirlo a su causa. Aquí vuelve a plantearse el típico camino del héroe clásico que lo hace enfrentarse a pruebas y crecer con cada una de ellas.

Todo esto saltando de planeta en planeta y con tramas de conspiraciones políticas, económicas, etc… en paralelo a la trama principal, que podemos decir que tiene un planteamiento básico de tratar de impresionar al objeto de su amor, Elena.

Sí que es cierto que cuando paras por un momento la lectura y te preguntas «pero ¿cómo hemos llegado hasta aquí?» puedes atisbar el mecanismo forzado de la historia y las carencias de causa efecto que destila, impidiendo una coherencia regular a la trama. La historia se lee de manera apresurada y en ciertas partes parece escrita de forma apresurada. Pero, si decides disfrutar del viaje y dejarte ir, puedes realizar uno de esos viajes increibles que sólo las Space Operas buenas pueden lograr: aventuras en exóticos escenarios con problemas irresolubles que sólo el ingenio y carisma del héroe pueden resolver.

El Aprendiz de Guerrero, serie Miles Vorkosigan II (Lois Macmaster Bujold, 1986)

Nota Interludio: 7,5.

PD: es increible que no se haya trasladado a la pantalla esta serie.