Recap – Juego de Tronos 8×02 – La Última Noche

Advertencia, este post contiene spoilers. Por favor, no leas nada del mismo si no has visto el segundo capítulo de la octava temporada de Juego de Tronos porque me sentiría fatal si te reviento la experiencia de ver esta maravillosa serie.

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Hay una ecuación que se cumple sistemáticamente en esta increible serie. Brienne de Tarth más Missandei más Gusano Gris más una canción es igual a capítulo de transición. Se nos dijo que en esta temporada todos los capítulos iban a dejarnos sin respiro pero, con este segundo capítulo, hemos comprobado que también hay cabida para los capítulos de transición porque, por muy currado que esté el engarce de todos las tramas y personajes principales, juntándose para velar armas, este capítulo no supone un avance importante en ninguna de ellas. Por mucho que reconforte ver cómo Jaime, Tyrion, Podrick y Davos toman cañas mientras Tormund trata de ligarse a Brienne, no ahay ningún aporte importante. Eso es así. Y conste que eso no quita que mole verlo.

Jaime llega a Invernalia – Danaerys y Sansa chocan otra vez… y van…

Jaime llega a Invernalia como único soldado del ejército prometido por Cersei y debe someterse a un juicio sumarísimo ante los tres líderes: la Guardiana del Norte, Sansa Stark, la Reina Daenerys de la Tormenta y … ahora no sabemos muy bien ni el cargo ni el nombre por el que llamarlo pero le seguiremos llamando Jon Nieve. A secas.

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Se vuelve a evidenciar que Sansa y Daenerys no se aguantan. Y se vuelve a evidenciar que Daenerys no está a gusto en el Norte. Esa situación aversiva juega en ventaja del Lannister que se vuelve a librar. El «un hombre más nunca viene mal» de Jon dicta la sentencia final absolutoria para el hermano de Tyrion. La víctima colateral de la nueva humillación que sufre la Reina es la Mano. Se ensaña tanto con el enano que Jorah debe salir en su defensa. «Es inteligente y le necesitamos para lo que viene luego». Otra vez todos piensan en lo que viene luego. Primero habrá que llegar, que diría Jon.

Missandei y Gusano Gris – Pereza infinita

Dos líneas para los amantes de Essos. Que quieren irse a las islas cuando todo acabe. ¿Qué dice Jon? Que primero hay que llegar.

Reencuentros varios y la Cripta de Invernalia

A partir de este momento se suceden un montón de reencuentros. Jaime se reencuentra con Brienne y se pone a sus órdenes. Jaime se reencuentra con Bran y este le perdona. Jaime se reencuentra con Tyrion y a tomarse unos vinos.

Ed, Tormund, Sam y Jon, con la nueva incorporación de Dondarrion, vuelven a formar ese equipo disfuncional que tan bien funcionó en la recordada incursión más allá de Muro. Siempre que aparecen Edd el Penas y Sam juntos en pantalla, esta se ilumina y las sonrisas están aseguradas.

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Jorah se encuentra con su prima, la inefable Lady Mormont, líder de la isla del Oso. Su petición para que abandone la primera línea es respondida con un «vete tú si quieres, primo». Realmente lady Mormont ha forjado un personaje fuera de serie.

Theon, llega a la capital del Norte y se pone a las órdenes de Sansa, y de paso vuelve a humillar a Daenerys que no levanta cabeza. Aunque la puntilla llegará al final del capítulo.

Davos se encuentra con una niña con una cicatriz en la cara y todos recordamos inmediatamente a la pobre princesa Shereen Baratheon, vísctima de su enajenado padre y de la mujer roja.

Reaparece Eli que se encarga de distribuir a mujeres y niños en la Cripta de Invernalia, que parece una suerte de refugio anti aéreo. Es, cuanto menos, curioso que todos consideren que un recinto cerrado con multitud de Starks enterrados, varios de ellos los mejores guerreros de su tiempo, sea considerado seguro. A ver, ¿no recordamos Casa Austera o qué? ¿no recordamos al Rey de la Noche poniendo la mano en el suelo y haciendo que los muertos se levanten de sus tumbas y empuñen las armas contra los vivos? No sé si meterse ahí dentro es lo mejor teniendo en cuenta lo que está a punto de ocurrir.

Sansa vs. Daenerys ¿la guerra futura?

Aconsejada por Jorah, Daenerys hace de tripas corazón y se va a hablar con Sansa sobre sus «pequeñas» diferencias. La exposición que hace sobre cómo Jon la ha transformado y la ha obligado a posponer su deseo del Trono de Hierro es casi convincente. Pero cuando parece que se van a hacer, sino amigas, al menos aliadas aparece lo de siempre. Lo de «y cuando acabemos con los muertos qué hay de lo mío» dice Sansa y ahí se lia todo.

Pero ¿no os parece que están dando por descontado que van a sobrevivir y eso no está para nada claro? De todas formas aparece Theon y Sansa se lleva una alegría y, de manera evidente, pasa bastante de Daenerys y sus movidas.

La última noche

Cada uno elige cómo pasar las últimas horas de vida. La banda más numerosa de personajes se reune en el Gran Salón a beber y contar historias, como esa que cuenta Tormund de cómo mató a un gigante y cómo tomó leche de giganta. Memorable. También está el  momento de la investidura como caballero de Brienne por Jaime, en un acto de amor del Lannister hacia la de Tarth. Luego Podrick canta y eso, …

Arya, en una escena un poco con calzador, pasa a la acción con Gendry. Me queda sención de situación forzada. Pero bueno.

Sam y Eli, con el pequeño Sam duermen a pierna suelta. Estos sí que saben. Al final forman la típica familia de Westeros.

Jon y Dany … esta pareja no funciona

Jon Nieve en la Cripta, pasando las últimas horas fustigándose por existir. Y allí le busca su tía, Daenerys, que no sabe qué le pasa pero que intuye que aquí hay gato encerrado. El momento de contarle la verdad a la Khalessi es un poco anticlimax. Más de 50 capítulos esperando y realmente no ocurre nada del otro mundo. Eso sí, Dany une puntos rápido: «no puede ser verdad porque entonces serías el verdadero heredero del Trono de Hierro» Menuda lógica aplastante.

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Y cuando parece que Jon va a contestar  aparecen los caminantes, dando golpes a las puertas de Invernalia.

Y aquí se acaba el capítulo… bueno, pero, sí amigos, de transición y que debe dar paso a uno que es más que probable que sea de lo mejor. Al nivel, al menos, de la Batalla de los Bastardos si no más. Y que yo creo que dirige Sapochnick. Y todo esto me deja las siguientes dudas:

¿Morirá Jon en la batalla y Daenerys y Sansa se pelearán por el Norte? ¿aparecerá la Compañía Dorada para ayudar a los ejércitos de los vivos? ¿sobrevivirá alguien al próximo capítulo? ¿cabalgará a la batalla Jon sobre un dragón? ¿Aparecerá el tío Benjen para proteger a Brann? ¿durará algo Theon protegiendo a Brann? ¿Será una única batalla vivos contra muertos y luego volveremos a ver luchas por el Trono de hierro? ¿No podían haber hecho algo un poco más vistoso para la vuelta de Fantasma? ¿realmente sólo quedan 4 capítulos?

 

 

Recap – Juego de Tronos 8×01 – Winterfell

Advertencia, este post contiene spoilers. Por favor, no leas nada del mismo si no has visto el primer capítulo de la octava temporada de Juego de Tronos porque me sentiría fatal si te reviento la experiencia de ver esta maravillosa serie.

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Aquí estamos de nuevo al ataque con Juego de Tronos y la temporada final empieza con este magnífico capítulo que parece una película de los Vengadores, con todos los peronajes juntos en la misma localización y con escenas en las que todos se mezclan con todos. Lo primero a destacar es la introducción. el Muro roto da paso a unas mínimas localizaciones: El Castillo Negro, Invernalia y Desembarco del Rey… y nada más… para durar lo mismo que sus predecesores, se incluyen detalles de la cripta y el gran salón de Invernalia… también algunos otros guiños, como que el hielo, los caminantes, ya han avanzado hasta Último Hogar, o algún detalle curioso en el mecanismo que hace de trasunto de sol, como un lobo asaeteado y con la cabeza cortada y un león cazando un pez… todo pleno de dobles sentidos.

Invernalia. Los norteños no se fian de Daenerys.

Los ejércitos de Daenerys llegan al Norte y Missandei siente en carne propia el racismo de las gentes norteñas. Arya reprime un grito para llamar a su adorado Jon. Daenerys adopta un semblante excesivamente altivo. La verdad, no me gusta mucho el cariz que está tomando la actuación de Daenerys. Como el gran Tywin Lannister le decía a Joffrey «un rey no tiene que repetirle a todo el mundo que es el rey» y Daenerys está pesadísima con hincar la rodilla, que todo el mundo le prometa respeto infinito, que ella es la Reina, … ¿será porque intuye de alguna manera que algo pasa y busca reforzarse?

Sansa recibe con el frío habitual a Jon y más gélida aún a la Targaryan. No sé muy bien lo que le pasa a Sansa y se me pasa por la cabeza que cabe una posibilidad, quizá pequeña  y loca, lo sé, de que la razón de todos sus mohínes y rechazos a la khalessi ¿pudieran ser celos? ¿pudiera ser que Sansa esté enamorada de Jon desde siempre? Tengo que reconocer que me parece distinguir más tensión cuando Sansa y Jon se abrazan que cuando Daenerys y Jon se besan ¿falta de química entre los Jonerys? Definitivamente.

Arya se encuentra, siete temporadas después con Jon y el momento es bonito pero, también, pleno de melancolia. Arya es leal a Sansa, Jon la ha perdido como aliada. «Yo también soy su familia» dice él refiriéndose a cómo le trata Sansa, «no lo olvides nunca» le responde Arya. Tremendo. Hay sentimientos en el Norte muy encontrados a cómo Jon se ha rendido a la Reina. Como siempre, gente que se entretiene con el tema «mundano» en vez de centrarse en lo que realmente importa, la Gran Guerra. La Única Guerra «No tenemos tiempo para esto» como diría Brann.

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Tyrion continúa en picado y ya hasta Sansa le da un par de tortas dialécticas. A ver, Tyrion, eras el personaje más molón de la serie y se te está quedando una cara de acelga total. Su defensa de Jon ante el consejo norteño es tirando a mediocre. Se alude a que se está haciendo mayor y, la verdad, necesita como agua de mayo a Bronn, Jaime y  a Podrick para remontar, aunque dudo que llegue a las alturas de las temporadas pasadas. Aún así, bien vale suspirar por un Tyrion que nos pueda devolver brillos pasados. De Varys mejor no hablar. Que salga lo mismo que Gusano Gris, por favor.

Desembarco del Rey. Cersei a lo suyo.

En Desembarco dos tramas emparejadas pero distintas se suceden de manera ágil. Por un lado Qyburn avisa a Cersei de que el Muro ha caido y los Caminantes lo han atravesado. Se la pela. Ella centrada en su objetivo de dar matarile a todo el mundo y en traer a Westeros a la Compañía Dorada. 20.000 hombres, 2.000 caballos y 0 elefantes. Parece que Cersei se imaginaba un par de elefantes aplastando la cabeza a Daenerys y le fastidia bastante que se hayan quedado en Essos. Por otro lado, Euron por fin se lleva al huerto a la reina. Un par de apuntes a la escena post-cama de la reina Lannister y el arrogante Greyjoy. Cersei se sirve vino pero no atino a recordar si lo bebe. Y, por último, parece obvio que se acuesta con Euron para poder decir que es el padre de su futuro hijo.

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Mientras el Greyjoy se divierte con la reina, Theon cumple su promesa y libera a su hermana, Otra reina libre por los siete reinos que escapa rápido a las, deprimentes pero ahora parece que seguras, Islas del Hierro.

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Mención especial al encargo que Cersei le transmite a Bronn mediante su mano derecha Qyburn, que últimamente sale mucho, auqnue es lógico porque a Cersei sólo le quedan Qyburn y la Montaña y esta no habla mucho. Volvamos al tema de la propuesta ¿será capaz de acabar con los hermanos Lannister? ¿tendrá algo de lealtad el mercenario Bronn señor del Aguas Negras? Lo descubriremos pronto. Tela lo de la ballesta.

Invernalia. Por fin, Dragones.

De vuelta a Invernalia, el capítulo nos deja tres momentos memorables para la historia de la serie, y por extensión, de la televisión.

El primero, el vuelo de Jon y Daenerys en dragón. Por fin Jon cabalga a lomos de un dragón, Rhaegal, y lo más reseñable, a parte de que los efectos están conseguidos, es ¿por qué Daenerys no se sorprende de que el dragón le deje cabalgarlo? Supongo que es porque dentro del ego hiperdesarrollado que Dani está desarrollando, cree que todo ocurre porque Nieve está con ella y que los dragones la están obedeciendo, … pero la  mirada que Rhaegal echa a Jon es, a parte de inteligente, bastante intensa. El dragón «sabe» que Jon es Targaryan.

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El segundo es cómo Sam desvela a Jon su verdadero origen. «Eres el rey de los putos siete reinos». Esa memorable frase resonará por siempre en las memorias de los telespectadores. ¿reaccionará Jon? Y es que la gente le sigue porque es Jon Nieve. No tiene que pedir a nadie que «hinque» la rodilla porque todos saben que es el lider. Tremendo contraste con Daenerys y, por qué no decirlo, con Cersei, que basan su liderazgo en el terror al que someten a sus seguidores. Dentro del mega hype que rodea a la serie, se está inflando la posibilidad de que cualquiera puede aspirar al trono de hierro pero, seamos sinceros, el único que realmente puede hacerlo es el único que no quiere hacerlo. Todos se esfuerzan en colocar sus piezas y Jon, simplemente, actúa centrado en el verdadero objetivo, la lucha de los vivos contra los muertos. Y por ello, a parte de por ser Targaryan, legítimo etc… merece no ser el rey, sino el comandante de todos los ejércitos. Y eso es lo único importante ahora, un líder que lidere de la mejor manera los ejercitos en la Única Guerra que realmente hay. Y luego, cuando sobrevivan a la amenza real, pues que se peguen por la silla de las espadas. Pero por partes, que diría el otro.

Y por último, ese momento en Último Hogar en el que Ed el Penas le dice a Tormund «atrás, que tienes los ojos azules» y el otro le contesta «siempre los he tenido azules» … es mítico también. Pobre lord Amber.

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Las preguntas que me deja este capítulo son:

¿Dirá Jon a Daenerys que es Targaryan? ¿cómo se lo tomará ella? ¿Bran le dirá algo a Jaime? ¿Sansa, qué siente por Jon? ¿Tyrion empezará a demostrar que es inteligente? ¿Harán caso los dragones a Jon antes que a Daenerys? ¿Tyrion y Varys, se darán cuenta de que es Jon al que deben seguir? ¿Cómo demonios van a cerrar la serie sólo en cinco capítulos?

 

Podcast – Series que hemos visto en 2018

Hola a todos. De nuevo nos juntamos justo antes de que den las campanadas y despidamos el año para hacer balance (muy personal y SIN SPOILERs) de las series que hemos visto esta temporada.

Como todos sabéis este año no hemos tenido los trasantlánticos habituales, Juego de Tronos ha tenido su año sabático para preparar el asalto final al trono de hierro, y eso nos ha permitido engancharnos a otras series que han tenido su oportunidad.

Altered Carbon Dark, Knightfall, El Alienista o Fariña han poblado este año, pero ¿qué nos han parecido? eso lo descubrirás en nuestro podcast, pero ya os adelanto que algunas nos han dejado flipados y otras han hecho que no pasáramos del episodio piloto.

Además, os comentaremos nuestro top 3 del año así como qué esperamos del año 2019… Sí, Juego de Tronos, pero algo más …

En definitiva, dadle al play y pasad un rato agradable con nosotros hablando de series,

¡cualquier comentario es bien recibido!

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Jack Ryan (Amazon Prime, 2018) – ¿Un Jack Bauer con principios?

Hace años, muchos, vi en el cine una película de submarinos que se quedó para siempre grabada en mi memoria. El protegonista era un atildado analista de la CIA, un agente secreto que distaba mucho de todo aquello que nos recordaba a un agente secreto típico, a James Bond. Sedentario, reflexivo y capaz de aplicar la psicología antes que la acción, Alec Baldwin brillaba en uno de sus mejores papeles como Jack Ryan en A la Caza del Octubre Rojo. Sean Connery le daba la réplica como el capitán del submarino atómico que podía desencadenar la Tercera Guerra Mundial. Era una de esas películas sin respiro que se sacaba de la manga el hermano de Ridley, el desaparecido Tony Scott. Para siempre, la maniobra «el loco Iván» resumiría muchas frases en conversaciones de madrugada y cinefilía. Así empezó todo para mí sobre el personaje más famoso de Tom Clancy.

Luego vendrían las dos películas de Harrison Ford y James Earl Jones en los papeles principales y, también, el gran Ford le daría esa especie de tranquilidad al héroe de Clancy. Nadie diría que Harrison Ford no es un tipo de acción pero estaba claro que la acción era algo que ocurría a su pesar. Esas míticas escenas de un Ryan-Ford de mediana edad, colocandose las gafas de cerca para interpretar imágenes de satélite del desierto argelino, resumían mejor las películas que el mismo Ryan-Ford persiguiendo a los malos y pegando tiros, aunque ciertamente también era algo que ocurría con profusión en las mismas.

A partir de aquí, Ben Affleck y Chris Pine, sus últimos alter ego, fueron sucesivamente reduciendo la edad del héroe y aumentando su testosterona. En taquilla, sus ingresos también se vieron menguados en cada entrega, a pesar de los secundarios de campanillas contratados para dar lustre a las aventuras.

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Jack Ryan y James Greer, interpretados por John Krasinski y Wendell Pierce,respectivamente, reportando a sus superiores de la CIA

Agotada la vida en la pantalla grande y necesitados de resetear a un personaje que es obvio que tiene tirón, los productores se han decantado por un reboot en la época actual y le han asignado la tarea a un actor con carisma, John Krasinski. También han cuidado el casting del resto de personajes, con un gran Wendell Pierce como jefe inmediato de Ryan, así como un sorprendente Timoty Hutton como director de la CIA.

Krasinski es grande. Muy grande. Y físico. Muy físico. A pesar de que tiene una cara de típico americano de Boston que no ha roto un plato y que paga sus impuestos, posee un físico que no encaja con la visión del Ryan que permanecía en mi memoria. Le veo mejor persiguiendo malos pistola en mano, que haciendo análisis de estrategia en una sala de reuniones, a pesar de que los sucesivos directores de los capítulos se empeñan en plantártelo con traje en reuniones y más reuniones. Pero cuando le ves, enorme respecto a los otros, sabes que les puede dar dos tortazos a cada uno si el momento lo requiere. Y lo requerirá, como es obvio.

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Wendell Pierce, su jefe James Greer, sí que encaja como un guante en su personaje. Además, que sea un musulmán que aspira a dirigir la CIA le da un trasfondo y unas capas y dimensiones a su personaje mucho más ricas que el de sus predecesores en las películas de Harrison Ford.

Y con todo, el gran actor de la serie es el palestino Ali Suliman que da vida al adversario de Ryan de una manera creible y contenida. Y brilla, también, en los flashbacks que tratan de explicarnos su descenso a los infiernos del terrorismo internacional.

Ryan aparece en esta serie como un héroe atormentado y con síndrome post-traumático debido a su servicio como marine en Afganistán. Sin embargo, nunca sobrepasa la línea del buen gusto, nunca tiene un mal pensamiento, mantiene su alma inmaculada a pesar de estar tratando contínuamente con el lúmpen y la hez de la sociedad, de toda la sociedad: americana, europea, siria, … lo que resta credibilidad al personaje. Se nos aparece como alguien irreal rodeado de gente real, con luces y sombras, pecados y virtudes, que a él no le «manchan». Termina su trabajo en mitad de Siria, tras eliminar a un par de terroristas y sufrir un ataque brutal del ISIS, y es capaz de tener una cena en unos de los mejores restaurantes de Bostón con el ligue de buena familia que está conociendo.

Esa falta de profundidad del personaje dibujado por Krasinski, hace que incluso Jack Bauer, el personaje de 24, parezca más real que este Ryan, lo que no es bueno de cara a juzgar la labor de los guionistas pues aquel pesonje de Kiefer Sutherland estaba en un show destinado a su lucimiento como hombre de acción absoluto, sin interés alguno por conectar con la realidad, algo a lo que parece que los guionistan sí que aspiran en esta serie.

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La mujer de Suleyman tendrá su particular aventura con conexiones a las migraciones de refugiados tan de actualidad.

Hay, además de la historia del surgimiento de Suleiman y su hermano, otras dos historias muy interesantes y que se van entrecruzando de una manera que resulta cuando menos inteligente. Se trata de las minitramas protagonizadas por la mujer del terrorista y por el piloto de drones del ejercito americano. Ambas historias parecen del todo alejadas de la trama principal en su presentación y, sin embargo, jugarán un papel determinante para que toda la historia funcione como un mecanismo y guarde consistencia.

Por lo demás, la producción exhibe un nivel ejemplar, con localizaciones perfectas, viajes a Europa, Siria, el Congo y cualquier otra localización en la que cualquier película de espías actual debe tener acción. Es entretenida y, aunque algo lastrada por el protagonista, está bien resuelta. Tiene potencial de mejora y habrá que ver cómo evoluciona en la segunda temporada que ya ha sido confirmada con el fichaje de Jordi Mollá incluido.

Nota Interludio: 7

Series TV – El Alienista (Netflix, 2018) – La serie que lo tiene todo… excepto alma

Basada en la novela homonima de Caleb Carr (The Alienist, 1994, Ediciones B), esta serie nos enfrenta a una premisa muy atractiva: nos encontramos a final del siglo XIX, la ciencia vive una revolución en todas sus disciplinas y entre todas, la mente humana se ha convertido en el apartado de estudio más revolucionario. Mientras Freud lleva un tiempo enfrentándose a casos de histeria en París y a las primeras interpretaciones de los sueños, el Dr. Laszlo Kreizler (Daniel Brühl), un alemán acomodado emigrado a los Estados Unidos, intenta aplicar todos estos nuevos conceptos revolucionarios a la investigación criminal, bajo el amparo del que en un futuro será uno de los presidentes de los Estados Unidos más revolucionarios, Theodore Roosevelt (Brian Geragthy).

Para dar una idea del Estado del Arte en el que nos encontramos, cada episodio nos recuerda que los Psicólogos o Psiquiatras, ni siquiera se denominan aún así en los Estados Unidos, sino que continúan denominándose Alienistas, es decir, estudiosos de los espíritus que poseen y alienan el cuerpo del enfermo.

Jack el Destripador está actuando en Londres. Un asesino similar actúa en Nueva York, pero allí un Psicólogo Criminal ayudará a la policia a detenerlo. Ese es el punto de partida de esta serie de suspense.

Al otro lado del charco y en esas fechas, Jack el Destripador está operando en el Londres victoriano y la trama nos presenta un remedo del asesino de Whitechapel pero trasplantado a un Nueva York poblado por personajes históricos como los representantes de los 500 (las familias que controlan Nueva York y que, como siempre, tratan por todos los medios que el Statu Quo se perpetúe), de entre ellos un magníficamente interpretado J. P. Morgan (Michael Ironside, mil años después de V o de Desafio Total pero con esa presencia que te atrapa como espectador), el mencionado Roosevelt, y otros.

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Acompañando al Alienista (interpretado por Daniel Brühl), tenemos al dibujante de sucesos John Moore (Luke Evans) que nos presenta a un acomodado neoyorkino que gusta de visitar casas de lenocinio y que, a falta de una cámara de fotos, se gana la vida haciendo dibujos in situ de los asesinados que luego los periódicos publican. La relación entre ambos, antiguos compañeros de universidad, basculará a lo largo de la serie entre la amistad y el odio, para volver a la amistad, y luego al odio, componiendo una sinfonía de desconcierto en el espectador que, muchas veces, no sabrá a qué atenerse.

Un psicólogo con un oscuro pasado familiar, un dibujante de sucesos que frecuenta prostíbulos y lugares de mal vivir para purgar un fracaso amoroso y una secretaria de la policia que lucha porque la tomen en serio, forman el triángulo de personajes principales de esta producción.

Cierra el último vértice del triángulo de los personajes principales Sara Howard (Dakota Faning), otra representante de la alta burguesía neoyorkina que trata de escapar como puede a las convenciones sociales y al machismo imperantes que la atrapan dentro de los roles femeninos de la época, a pesar de que ella aspira a ser una oficial de policia, a poder ser, de homicidios.

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La señorita Howard se sentirá fascinada por el Dr. Kreizler, mientras que el dibujante Moore tratará de descubrir si lo que siente hacia ella es amor o simplemente camaradería.

Completan, aunque en un segundo plano, el equipo de investigación los hermanos Isaacson, dos jovencísimos oficiales de policía que utilizan toda clase de técnicas científicas a sus investigaciones y tienen, además, que enfrentarse a su condición de judíos dentro de un cuerpo de policía preponderantemente irlandés. Recuerdan al personaje de From Hell en su uso de las nuevas técnicas.

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Vemos, como primera sensación de la serie y desde el primer minuto, que el ambiente del Nueva York clásico, así como la ropa, los instrumentos, … todo ha sido representado al detalle, de una manera eficaz y muy elegante.

El trío protagonista es de excepción. Actores portentosos y con una capacidad para aguantar el primer plano increíble. Sin embargo, la imposibilidad por empatizar con un personaje como el del doctor, interpretado por un frío no, gélido Daniel Brühl, lastra la serie de tal manera que la sume en la abulia.

Además, yendo al detalle de cada personaje, esa gelidez no se circunscribe sólo al doctor, sino que les sume a todos en una sensación de separación tal que impide que ni uno sólo te resulte atractivo. Se entiende que es algo buscado quiza para representar el encorsetamiento de la sociedad de esos días pero, hasta en las situaciones en las que parece que cualquier convencionalismo ha sido superado por un giro dramático, la separación y gelidez que despenden los actores hace que te preguntes si estamos ante una representación de la realidad o ante una simulación. No te llega. No traspasa.

La dirección de actores de esta serie no ha sabido utilizar todo el potencial del que disponía. La empatía con los personajes es altamente improbable.

Quizá sólo haya una escena en la que realmente te encuentras viendo lo que parece realidad y está protagonizada por la sirvienta Mary Palmer (interpretada por la hawaiana Q’orianka Kilcher).

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Por lo demás, la trama resulta correcta. Una investigación de una serie de asesinatos que nos hará ver la sociedad de la época en la ciudad que se intuía iba a convertirse en la capital del mundo y en la que la pelea entre el futuro y el pasado se hacía cada vez más evidente. Antiguos rituales indios provenientes del lejano oeste, que aún continuaba activo por la época, se mezclará con las previsiones de que la electricidad iluminará las calles más pronto que tarde. En definitiva, un paisaje de transición tecnológica parecido al actual, por otro lado.

Como conclusión se puede decir que el mimo demostrado en los apartados técnicos, fotografía y de vestuario, queda empañado por la deficiente dirección de actores, y la gelidez de la que hacen gala a lo largo de todos los capítulos impide que el conjunto resulte lo suficentemente atractivo para que un espectador medio se interese por la serie. Una serie que lo tiene todo, excepto alma.

Nota Interludio: 6.5

Título original: The Alienist; Año2018.

DirecciónJames Hawes, Jakob Verbruggen, Paco Cabezas

Guion: Hossein Amini, Kristina Lauren Anderson, Cary Joji Fukunaga (Novela: Caleb Carr).

Fotografía: P.J. Dillon, Gavin Struthers.

RepartoDaniel Brühl, Luke Evans, Dakota Fanning, Martin McCreadie, Anson Boon, Eugenia Caruso, Ezra Fieremans, Matt Lintz, Antonio Magro, Emanuela Postacchini, Peter Rugman, Giovanni Scotti, Douglas Smith, Dan Bradford, Clare Calbraith, Brian Geraghty

 

 

 

Podcast – La Casa de Papel (2017 – )

Hola a todos. Por fín una serie española lo ha petado en Netflix demostrando una calidad superior. La Casa de Papel, una serie producida por A3 Media y Vancouver Media y creada por Álex Pina es un éxito global. Es la serie de habla no inglesa con más visionados de la cadena de streaming de las letras rojas, un éxito sin parangón y merecido.

Nos ha gustado tanto que hemos decidido dedicarle un podcast recordando cada personaje, los puntos oscuros de sus arcos, lo que nos ha gustado lo que no, muy poquito en este caso, y sobre todo, recordando su trama y sus giros de guión.

Si quieres darte un paseo por sus dos temporadas con nosotros y esperar la tercera de una manera divertida, ya sabes, dale al botón y escucha nuestro podcast sobre La Casa de Papel. Y no te olvides de compartir con nosotros tus opiniones, críticas o cualquier tema relacionado o sin relacionar. Atentos, ¡comenzamos el plan Chernóbil!

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Series TV – Knightfall (2017, History Channel) – Decepción y Sonrojo a partes iguales.

Es altamente improbable que a mí, fan confeso de todo aquello que tenga que ver con el Santo Grial, los caballeros templarios, las conspiraciones históricas, etc… pueda no gustarme una producción televisiva que tome estas premisas como leit motiv. Altamente improbable pero no imposible. Sólo alguien con mucho dinero y pocos escrúpulos hubiese sido capaz de perpetrar un mostrenco tan deleznable y fútil. Tras mucho buscar, el Canal Historia lo ha encontrado. El actor Jeremy Renner, Ojo de Halcón para aquellos que no localicen su cara, ha sido el llamado por el Destino para emponzoñar el recuerdo de los monjes-guerreros, el Santo Grial, la historia de Francia, Navarra y, por qué no decirlo, Cataluña y Aragón. Es dificil que tan pocos hubiesen sido capaces de tanto… y de tanto malo, pero el amigo Renner ha conseguido superar todas las expectativas en su primera aventura como productor.

Terminada la magnífica séptima temporada de Juego de Tronos todos los seguidores de las aventuras de Nieve y la Khalessi nos encontramos de duelo. Duelo por la pérdida de esa sensación magnífica que te invade cuando sabes que si conectas la app de HBO vas a poder disfrutar de un capitulazo de antología de la mejor producción de la historia televisiva. En estas andábamos cuando HBO, sabedora de todo esto que te decía y temiendo desbandada general de suscriptores una vez que la serie de moda había finalizado, empapeló las ciudades con un atractivo cartel publicitario. Un tosco caballero templario, circunspecto, en blanco y negro a excepción del rojo de la cruz de su uniforme, con las manos sobre la empuñadura y un nombre con ecos de aventura: Knightfall.

Nos las prometíamos muy felices con esta serie: los Templarios, pasta en producción, una trama basada en la búsqueda del Santo Grial…

Si bien es cierto que en la actualidad miles de series pueblan todas las plataformas y muy pocas, poquísimas, merecen realmente la pena y pasan de ser, simplemente, un pasatiempo, esta serie reunía, a priori, muchos boletos para molar infinito: caballeros templarios, batallas, presupuesto, el marchamo del Canal Historia que tan bien lo ha hecho en otros casos como con la magnífica Vikingos, un tío atractivo, que algunos ya descubrían que era el Lord Gillingham de Downton Abbey, y, en resumen, una campaña buena de HBO, nos hicieron relamernos esperando su estreno en la casa de las series.

temple_2Qué malo es hacerse esperanzas. El primer capítulo te sumerge en una buena batalla en la que se pierde Acre, la última posesión templaria en Tierra Santa y empiezas a ver que algo no cuadra. Pero no es hasta que la acción se centra en Francia cuando ya te das cuenta de que todo es pura farfolla.

A veces decimos «esa serie es mala». Nunca antes había visto algo tan malo y con una campaña de publicidad tan grande.

Un rey que lleva corona en palacio, como si fuera una película de Disney pero de las malas, las de la época ochentera que casi acaban con el Estudio del Ratón. Lamentable en todos los capítulos el actor Ed Stoppard. Un protagonista, Tom Cullen, que hace de su personaje Landry un paleto medieval sin un solo atisbo psicológico que justifique primero que sea un caballero templario y luego que pueda llegar algún día a ser un líder digno de ser seguido, aplicando el pormiscojones a casi todos sus actos y decisiones.

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Unos roles femeninos, de las actrices Olivia Ross y Sabrina Bartlett,  lamentables, sin profundidad ni dimensiones, más allá de ser comparsas en la trama, pero comparsas malas.  Del elenco sólo se salvan el malo y el que hace de Papa. El malo, Nogaret, no sé si porque el actor, Julian Ovenden, lo hace realmente bien o porque en el país de los ciegos el tuerto es el rey.

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Y el que hace de Papa Bonifacio, Jim Carter, porque es un actor de gran presencia en pantalla y con el que tiendo de manera natural a empatizar, haga lo que haga.

Actores deambulando de aquí para allí. Tramas ininteligibles. Capítulos en los que te encuentras a un personaje haciendo cosas a las que no sabes cómo ha llegado o concluido. El guión no puede ser tan malo. Aquí ha habido tijeras de productor seguro.

Y el guión, qué decir del guión. La trama ocurre atropellada y movida por un el capítulo está avanzando y aquí tienen que pasar cosas más que por un ejercicio de causa-efecto claro e inteligible por parte del espectador. Y esto, la deus ex machina contínua, lastra la serie de manera global. No está claro lo que mueve a Landry, no está claro lo que mueve a los demás, no sabemos por qué el rey Felipe es tan tonto, por qué perdona sin ninguna prueba a Nogaret y por qué el Papa hace una cosa y la contraria a la vez, más allá que porque los capítulos deben avanzar y ahora hay que pasar a la escena de amor y luego a la de batalla y luego a la de exteriores. El guión es malo de solemnidad, o cortado de una manera brutal por el productor, y hace que los actores deambulen por la pantalla entre maquetones de París, que por otra parte están bastante logrados.

No esperes aprender historia con Knightfall. Tampoco las series están para eso. Están para entretener. Pero Knightfall tampoco lo consigue… para nada.

En muchas páginas webs y críticas especializadas se han centrado en el fondo histórico de todo el asunto y han criticado enormemente que el Canal Historia distribuya esta serie en la que los hechos históricos y su correlación con lo que realmente pasó es remota. Sin embargo, y aunque es verdad que todo el tema del reino de Cataluña chirría, podrían haber presentado cuatro reinos inexistentes, dos tramas inventadas, que los personajes históricos conviviesen con personajes inventados y que al ver la serie nadie distinguiese lo que realmente había pasado y lo que no, y todo ello haciendo una serie buena, con conspiraciones históricas, batallas memorables, personajes carismáticos y adictivos.

temple_5En definitiva, traicionar la historia o no, no es razon suficiente para un mal producto y a los hechos me remito. Vikingos es una serie excepcional y todos sabemos que aunque más o menos pudo llegar a pasar la mitad de la mitad de lo que narra, nadie irá al profesor de Historia de la Facultad y le dirá «el hijo de Ragnar Lothbrook llegó a Almería desde Kattegat en 1100». No. A más a más. Ya sabemos que el Rey Corazón de León no casó a Marian y a Robin en el bosque de Sherwood cuando volvió a su reino tras la prisión que sufrió después de la Primera Cruzada. Todos lo sabemos. Pero cuando Sean Connery aparece en la escena de Robin Hood: El Príncipe de los Ladrones y casa a Kevin Costner y Mary Elizabeth Mastrantonio, una sonrisa de plena satisfacción aflora en tus labios. Eso es el buen entretenimiento y no hay más.

Knightfall; 2017; HBO.

Nota Interludio: 3

Series TV – Altered Carbon (2017, Netflix)

Año 2.384. La muerte física ha sido erradicada de la sociedad. la conciencia se almacena en unos dispositivos, llamados «pilas», que se pueden implantar en cuantos cuerpos se quiera. A este proceso de resurrección se le denomina «refundar», ya que los cuerpos no son más que fundas que sirven de soporte físico para las conciencias residentes en las «pilas». La muerte real ahora se circunscribe a aquellos casos en los que la «pila» es dañada por accidente o por acto violento.

Este es el rompedor punto de partida de la nueva serie de la cadena Netflix, Altered Carbon. Al calor del Cyber-Punk más clásico, se cocina una estética totalmente deudora de Blade Runner, quizá a veces en demasía, que nos transporta a una época en la que el espacio ha sido colonizado, la tecnificación es extrema y, sin embargo, las diferencias entre clases sociales se mantienen e incluso se han exacerbado hasta definir a una nueva clase social, los mats, que están más cerca de ser dioses que de ser humanos. El más poderoso de estos mats aparece muerto y aunque eso no significa mucho en un mundo en el que la conciencia viaja de disco duro en disco duro, sí que hace que tiemblen un poco los cimientos de toda esa clase social. Para encontrar al asesino se contrata a Takeshi Kovacs, un soldado revolucionario que lleva más de doscientos años en la oscuridad, es decir, con su conciencia cargada en una pila pero sin implante en un cuerpo físico, cumpliendo condena por el levantamiento en el que había participado.

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Altered Carbon es una serie que utiliza un entorno de ciencia ficción para presentarnos una trama puramente detectivesca, deudora de las novelas de Chandler o Hammet. Básicamente sigue los cánones del género: un caso imposible de resolver, un protagonista de vuelta de todo con gran carisma, un patrón millonario que ofrece una fortuna desmesurada por resover el caso, una, o varias, mujeres fatales, uno, o varios, compañeros de armas y, al final, giros sorprendentes de la trama.

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Si bien, es cierto, las premisas sobre las que se aposenta la trama permiten darle un fondo metafísico a todo el asunto: la muerte, la vida eterna, las debilidades humanas, qué hacer cuando dispones de todo, incluso de la vida de los demás… seguiremos a Kovacs por Bay City de la misma manera que seguimos a Marlowe por el Nueva York de los años 30 o a Harry Palmer por el Los Ángeles de los sesenta-setenta, conociendo a toda la fauna que lo habita, recogiendo pedazos del puzle que trata de resolver y asistiendo a su transformación en busca de la redención. Es, en definitiva, el zoo humano, la investigación de hasta dónde podemos llegar, ahora o dentro de doscientos años, para satisfacer nuestros más bajos instintos, caiga quien caiga. Algo que ya Shakespeare contaba y que aquí se presenta entre entes con inteligencia artificial y cachivaches tecnológicos.

¿Qué ocurre si cuando no existe la muerte, alguien trata de matar al hombre más poderoso del universo? Takeshi Kovacks (Joel Kinnaman) deberá descubrir al asesino mientras trata de acostumbrarse a un cuerpo que no es el suyo y a un tiempo que dista más de doscientos años de aquel en el que él vivió.

Dicho todo esto no debemos pensar que la serie es manida aunque sí, quizá, un poco maniquea. Es una gran superproducción, con un gasto bien invertido en la estética y en los gadgets fundamentales, con un gran ritmo. La mano de Miguel Sapochnik, director de los seminales Casa Austera y La Batalla de los Bastardos de Juego de Tronos, se hace notar a lo largo de los seis capítulos, de un total de nueve, que dirige. Aunque, también, la aparición de esta serie poquito después de Blade Runner 2049 hace que queden al aire alguna que otra copiada interesante.

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Joel Kinnaman brilla como Kovacs, luciendo gran capacidad actoral y físico increible y le acompañan una atractiva y enérgica Martha Higareda y un creible James Purefoy como exponente fundamental de la elite de los mats, casi un dios viviente. El casting es bastante bueno si bien descolla el actor Chris Conner dando vida a un Edgar Allan Poe sorprendente que crece enteros a lo largo de los capítulos y que, por increible que parezca, es el personaje con mayor y mejor arco del elenco. En la parte negativa, Atto Esandoh rechina en su papel de Vernon y hace que cada vez que aparezca por pantalla pienses en darle al x1,5 a ver si pasa rápido.

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Una mochila rosa que esconde un letal cargamento, llamadas de móvil instalados en los ojos, tarjetas de crédito enlazadas con el ADN, copias de seguridad de la conciencia que comienzan con los ojos pestañeando rápidamente y, en definitiva, todo un maremagnum de situaciones de pura ciencia ficción trufadas de unas escenas de acción sobresaliente y, a veces, excesivamente sanguinolentas, nos sumergen en el encargo de Takeshi Kovacs, antiguo militante de las Brigadas, ejercito libre que luchó contra el autoritarismo del Protectorado: ¿quién acabó con la vida de Laurens Bancroft y por qué? ¿quién está lo suficientemente loco como para penetrar en la cámara privada del mayor de los mats de la Tierra y atentar contra su vida, su vida real?

Alterd Carbon, serie Netflix. Temporada 1.

Nota Interludio: 7,5

Podcast – Series que hemos visto en 2017 (sin spoilers)

Recién acabado el año 2017, los Reyes Magos traen un nuevo podcast de Interludio Creativo, en esta ocasión el tradicional «Series que hemos visto en 2017».

Este año pasado hemos visto un buen puñado de series, otras las hemos empezado pero no acabado, algunas las terminaremos más adelante y otras quedarán en el olvido, … en definitiva si queréis compartir con nosotros nuestras reflexiones sobre un montón de series sin un sólo spoiler no lo dudéis, descargaros este podcast y ¡¡escuchadlo inmediatamente!! Puede que os demos alguna idea o puede que nos la deis también vosotros a nosotros. Comentadnos aquellas que vosotros habéis visto y que os han gustado mucho o las que no os han gustado nada, prometemos comentarlo en nuestro próximo podcast.

Además, como novedad, hemos incluido algunas colaboraciones especiales y aunque nos ha costado mucho, mucho, mucho, hemos hecho el famosísimo top 3 de series 2017 de Interludio Creativo, …

En definitiva, un buen rato de lo que más nos gusta y de lo que los Reyes Magos traen cargaditas sus alforjas: series, series y más series. No os olvideis de dejar un «me gusta» o comentario sobre todo aquello que queráis en este post o en cualquiera de los otros medios habituales…

¡¡¡Feliz 2018 de Series!!!

PD: para todos aquellos que se lo preguntan sí, tranquilos, en este también participa María 😉

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Crítica – Mindhunter (Serie TV, 2017)

 

Desde que nos quedamos subyugados por el asombroso personaje de Hannibal Lecter en la película El Silencio de los Corderos (1.991, Jonathan Demme) los asesinos en serie han poblado el imaginario popular. Personajes tan inteligentes como malignos que habitaban las pesadillas de comunidades pacíficas, perpetrando asesinatos cada vez de formas más enrevesadas, sometiendo a los investigadores policiales a mil y un puzzle hasta poder atraparlos. El impacto en la cultura popular fue tal que miríadas de términos técnicos han pasado a ser uso común. Así es: El Silencio de los Corderos, Copycat, El Coleccionista de Huesos, Hannibal, Seven, Zodiac, Saw, … algunas de ellas basadas en casos reales y otras simplemente en novelas o guiones, han hecho que el común de los mortales sepa mantener una conversación sobre «serial killers». Y cuando esto ocurre tendemos a creer que las bases científicas que permiten a los especialistas establecer, organizar y discriminar estos perfiles psicológicos están ahí establecidas desde siempre. Y no es así. Es más, hace muy poco que, como ocurre en todo lo relacionado con la ciencia de la Psicología, estas bases se han identificado y se han establecido. Estamos hablando de finales de los años setenta. Hace menos de cuarenta años. Un chasquido de dedos en la Historia.

En esos años setenta, los investigadores criminales se dieron cuenta de que algo pasaba en la Sociedad. Cada vez más, se enfrentaban a crímenes sin motivación aparente. Víctimas no relacionadas de ninguna manera con el criminal.  ¿Por qué matar a un completo desconocido? Tampoco el sadismo explicaba estos crímenes porque los autores atacaban y no dejaban rastro, permanecían «dormidos» mucho tiempo y luego volvían a atacar o, lo que era aún más insólito, no atacaban nunca más, volviéndose indetectables para el investigador.

Este es el punto de partida de esta serie de Netflix. Exponer el origen de la estructuración de los perfiles psicológicos de esos seres humanos que menos humanos parecen. Podría parecer que mostrar cómo unos científicos de la Psicología realizan el primer tratado psicológico sobre personas que no empatizan y que comenten asesinatos horribles va a ser el tostón más grande de la Historia. Pero como siempre ocurre en lo relacionado con los estudios científicos psicológicos nada más lejos de la realidad.

Esta serie lleva a la pantalla un libro: Mindhunter: Inside the FBI’s Elite Serial Crime Unit (John E. Douglas, Mark Olshaker) que narra la historia real que se centra en los tres investigadores principales, dos agentes del FBI de la unidad de Ciencias del Comportamiento y una profesora de Universidad que se les unió para dotar de consistencia al método del ensayo. Porque el método necesitaba de estructuración y, sobre todo, de justificación. Y es que se trataba de simple y llanamente a acudir a las fuentes, es decir, entrevistarse con los asesinos más deleznables que estaban detenidos y sonsacarles toda la información posible para establecer una organización dentro del caos que permitiera a un investigador detectar dentro de los sospechosos aquel que tuviese más posibilidades de ser el autor de este tipo de asesinatos.

David Fincher, ayudado esta vez por Charlize Theron en la producción, dota a Netflix de otra serie de calidad incontestable tras House of Cards. La presentación de vestuario y de exteriores es precisa y desde el minuto uno te transporta a los años setenta. Si en House of Cards las localizaciones se veían en tres dimensiones aquí letras enormes llenan la pantalla, dejando esos sellos de marca tan característicos del realizador. Los colores están pasados por un tamiz azulado en exteriores y ocre en interiores sumiendo la imagen en una sensación de descarnada realidad. Más real que la realidad misma podríamos decir.

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Los actores protagonistas están muy bien, sobre todo, elegidos. Y es que se te presupone calidad de interpretación si Fincher te llama y por eso, en estos casos, el casting es determinante. Y aquí lo es. Jonathan Groff brilla a lo largo del metraje como el agente Holden Ford, el iluminado que desencadena todo el proyecto. Sus cambios de humor, altos y bajos, carencias afectivas que lo emparejan, al menos metafóricamente, con los sujetos a los que estudia y sobre todo sus duelos interpretativos con Holt McCallany, que interpreta a su compañero Bill Tench, Hanna Gross , su joven novia Debbie, y Cameron Britton, que da vida al asesino en serie hablador Edmund Kemper, hacen que la serie sea por momentos memorable.

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Holt McCallany, el agente Bill Tench, raya con altura y hace que su personaje en principio gris sea tan importante como el de su comañero. Y lo hace a través de presencia en pantalla. Su rostro macizo, pelo a cepillo estilo militar, sonrisa a medias, te enfrenta a una persona de mediana edad que sabe que la vida no es lo que el joven Ford cree que es. Sabe templar gaitas con el Jefe de Departamento y con la doctora Wendy Carr (Anna Torv) y, lo que es más importante, sabe cuándo a su compañero se le está yendo la olla y no debe seguirle al precipicio. Y eso es importante.

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La tercera en discordia del grupo de investigadores es la dra. Wendy Carr, interpretada por una fría Anna Torv, famosa por otra serie de culto: Fringe. Aunque está bien y es más que probable que este personaje sea revisitado a menudo en temporadas posteriores, no es menos cierto que de todo el elenco es quizá el más flojo y de esto se resiente la segunda parte de la temporada cuando este rol toma un mayor, y a mi juicio perjudicial para el resultado final de esta temporada, protagonismo.

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La novia de Holden, Debbie, interpretada por una extrañísima Hanna Gross, recrea un personaje que gusta a pesar de que es como Rusia según Churchill, es decir, un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma, o quizá por eso mismo.

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Y por último hay que destacar a Cameron Britton y su recreación del asesino en serie estructurado Edmund Kemper III. Simplemente decir que es magistral no expresa el desasosiego que transmite la sola presencia de este actor en el improvisado cuarto donde Edmund y Holden llevan a cabo sus charlas. Aterrador dentro de, casi, la inacción. Transmitir ese peligro inmenso debajo de unas actitudes medidas y pacíficas es un ejercicio sobresaliente por parte de este actor hasta ahora, al menos para mí, desconocido.

Como hemos podido ver se reflejan en los personajes arquetipos básicos de una historia: el iluminado buscador de la verdad (Holden), el mentor (Bill), la razón (Wendy), el mundo mágico (Debbie) y el adversario-hermano (Edmund). Y esto hace que la historia funcione, al menos hasta casi el final de la temporada.

Episodio tras episodio veremos a los dos agentes luchar contra lo establecido en el FBI para poder hacer las entrevistas a esos asesinos en serie, resolver algunos casos en ciudades de provincias aumentando su confianza en que caminan en la dirección adecuada e incluso preguntarse si lo que hacen simplemente es válido para la actividad policial o es un estudio psicológico de envergadura que pueda incluso influenciar a la ciencia y al corpus de científicos en su conjunto.

Es apasionante para alguien interesado en Psicología ver cómo los tres protagonistas debaten entre sí para ver cómo clasifican o categorizan a los asesinos, la influencia de la madre y de sus experiencias tempranas en su desarrollo de asesinos futuros, la bivalencia organizado-desorganizado y cómo, a pesar de ser tan diferentes, pueden estudiarse mediante la misma metodología y ese pequeño punto álgido que es cuando deciden que «asesino en serie» es la mejor definición para esta categoría de perfiles psicológicos. Asímismo resulta entretenidísimo para cualquier espectador la descripción de los casos y sus soluciones y los tour de force entre personajes.

En definitiva, todo está presentado de una forma magistral y a veces parece que se trata de una película a la que simplemente se le ha dado una duración de muchas más horas y que los capítulos acaban para que el proyeccionista sea capaz de cambiar al siguiente rollo.

Hay, efectivamente, un punto hacia el quinto, sexto capítulo en el que la pareja formada por Holden y Bill carburan. Sus diálogos son como un reloj suizo, sus roles en los cursos que dan a los policias de ciudades de otros estados se superponen a la perfección y disfrutas viéndoles en pantalla, viendo cómo van desbrozando problema tras problema para llegar al objetivo.

Y, sin embargo, es también ese punto el que determina el declive de la temporada. La aparición de más minutos en escena de una dra. Wendy Carr que ha sido introducida en la serie demasiado tarde, a mi entender, y que no consigue enganchar, y la necesidad de dar un final a la temporada con un cliffhanger en vez de dejarla progresar hasta que naturalmente lo alcance, quizá en la segunda temporada, hace que se precipiten los acontecimientos y que la pareja protagonista pierda esa química en cuestión de un capítulo sumiendo el final de la serie en una zona de aversión y de nostalgia para el espectador.

Es curioso, ya que una de las cosas que más me sorprendieron de la primera temporada de House of Cards es su final sin cliffhanger alguno. Esa temporada cerraba y la segunda simplemente continuaba y eso valía para esa serie y a mi entender también hubiera valido para esta. Prolongar la acción unos capítulos más para presentar la trama final en otra temporada hubiera servido para afianzar los personajes, tanto los dos principales como la casi recién llegada doctora. Supongo que no hacerlo así se debe a la necesidad de ir prorrogando temporada a temporada la serie y la incertidumbre de contar con otra en el momento de producción.

Por tanto, y como cierre de esta crítica, podemos decir que es una gran serie de producción y de interpretación pero que se ve lastrada por los dos capítulos finles de una manera que empaña el resultado final y hace que baje la nota conjunta a un merecido 7,5. Podría haber sido mucho más y tiene mimbres para serlo. Esperamos la segunda temporada para que mejore en todos esos pequeños puntos débiles que tiene.

Nota Interludio: 7,5.

Título original: Mindhunter (TV Series); Año: 2017; Dirección: Joe Penhall (Creator), David Fincher, Andrew Douglas, Asif Kapadia, Tobias LindholmGuionJoe Penhall, John Douglas, Jennifer Haley (Libro: Mark Olshaker, John Douglas); MúsicaJason Hill; FotografíaErik Messerschmidt, Christopher Probst: RepartoJonathan Groff, Holt McCallany, Anna Torv, Cotter Smith, Hannah Gross, Cameron Britton, Alex Morf, Stacey Roca, Joe Tuttle, Happy Anderson, Jesse C. Boyd, Peter Murnik, Jordyn DiNatale, Sonny Valicenti, Susan Cashdollar, Robert DiDonato, Stephen Hosac, Duke Lafoon, Lena Olin ; ProductoraNetflix / Denver and Delilah Productions / Panic Pictures; 

Web oficialhttps://www.netflix.com/title/80114855